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LA VOZ HUMANA. Dirección: Marina Cachan. Florencia Converso – Por Lic. Mariana Wassner

Basada en La voz humana, de Jean Cocteau, como unipersonal de acto único y recreado en 2020 en un corto por Pedro Almodóvar, esta pieza nos invita a transitar por algo de lo íntimo desde el momento en que nos vamos ubicando en las butacas. Un escenario provisto por dos sillones adelante y un diván atrás, cada uno de ellos albergará a cada  una de las mujeres que nos compartirán su dolor.  Nos recibe la música de fondo, de Mariel Zub, una de las actrices, que habla de la espera, de la soledad, de la angustia.

El tema es el amor, siempre, y estas tres actrices -Zub, que además canta bellamente, Mariel Adán y Florencia Converso- se lucen en  tres monólogos que se unen en el dolor por la pérdida del amor del hombre amado.

¿Qué es perder el amor?¿Cómo nos des/arma, desde cada historia?

Son tres mujeres, pero también es una, todas y cada una de las mujeres frágiles que se desgarran en la soledad y el abandono.

La obra comienza con las palabras de Zub, que espera una llamada, que genera una llamada telefónica, se maquilla para una espera y no puede consigo misma. Ni la llamada ni ella se sostienen. Cree. ¿Cree?. “Quise ser loca y tener una loca felicidad”– dice, frase que se repetirá en cada una de las tres escenas. Cantar, soñar, esperar, vivir por un amor que tal vez no exista parece ser lo que enloquece, junto a un teléfono, que puede salvar y al mismo tiempo ser caída brutal. “Yo sabía”, canta, pero no es premonición de la tragedia, es dolor en el cuerpo uno, en este cuerpo deseante que es cabeza, corazón, boca, pecho, teléfono. 

El segundo monólogo, a cargo de una potente y conmovedora Mariel Adán, la  muestra junto al cadáver ensangrentado del hombre al que acaba de matar y que permanece cubierto. Su ropa esta con sangre. Morir de amor, matar por amor y otra vez el irrefrenable deseo de vivir una loca felicidad, que parece hacerse imposible. “Lo que no imagino no existe”, nos reza el personaje, mientras habla por teléfono. Esta escena es profunda, con un marcado contrapunto entre la iluminación – acertadísima decisión de las directoras- que va de la mujer a lo que se ve del cuerpo, de su expresión de horror y soledad al sillón, de su gesto a lo que la rodea.

Nuestra tercera mujer, interpretada por  Florencia Converso,  también grita y llora. “Le” miente a su amado, se miente por teléfono, en una conversación que aturde y  parece ligada a otras conversaciones, de números equivocados, de voces lejanas, de imposibilidad de oír. . Las pastillas, un arma, la búsqueda de la loca felicidad, la idea, nuevamente, de que  lo que no se imagina no existe, la angustia. 

Tres mujeres, una. Cada una con un teléfono, con un cable que se puede enredar en donde sea,  y un intenso dolor, del que “ya sabían”. Tres mujeres  que  no salen de la soledad, de esa soledad tan profunda y brutal como poética.

Tres mujeres y el amor que duele y desgarra, que cae y hace caer.

La voz humana es una obra bella, dura, donde todo brilla: las actuaciones, la música, la dirección, la iluminación, la soledad.

Casi como una paradoja, la voz humana en La voz humana podría ser su  salvación siempre que el amor, sin eufemismos ni romanticismos, acompañe, aunque sea, con un velo de compasión.

Interesante apuesta que enaltece el teatro independiente.

Teatro La tertulia

Gallo 826, CABA.

Sábados 22.00 hs

Entradas por Alternatica Teatral.

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