La comedia es un género desafiante por lo que tiene de ambiguo. No es tarea simple hacer disfrutar al público con palabras y gestos y ropas de colores, pero la máquina de la alegría hace honor a su nombre y lo logra con gran esplendor. La obra se desenvuelve con total naturalidad haciendo partícipe al público como parte de la trama, induciéndolo a un viaje lleno de intriga en donde se hace presente toda la idiosincrasia argentina, con tintes políticos, frases que nos decían las abuelas, una pizca de humor negro, una pizca de ingenuidad.
La máquina de la alegría es una obra disparatada en donde hay una invitación implícita a la comodidad, la entrega al disfrute. Absolutamente dinámica, esta obra logra hacer de un mismo espacio -un escenario y pocos cambios de objetos- un mundo infinito de situaciones y posibilidades, todo dentro de la plenitud que es la risa. Absolutamente recomendada.