
Ricardo III es la obra, junto a Hamlet, más extensa de Shakespeare y cierra la tetralogía acerca de la historia de las monarquías inglesas.
Hemos visto innumerables versiones, tanto en cine como en teatro, de Ricardo III; la ambición, la codicia, la traición y la venganza son marcas de autor que dan cuenta de la condición humana.
En esta versión, bella, fuerte, la directora Analía Mayta hace una excelente puesta, apuesta e inteligente recreación, uniendo la tragedia con el grotesco y la participación del público, al modo del teatro en los siglos XV y XVI.
El escenario austero, con una escenografía, vestuario e instrumentos que los mismos actores y actrices van modificando, hace las veces de castillo y sus alrededores.
Ricardo III, es un asesino vil, despreciable, corrupto y deforme, sin sentimientos de compasión, que lo llevarán a trazar un plan maquiavélico: reinar Inglaterra. Para ello, no dudará en asesinar a quien represente un obstáculo a su deseo de poder.

“El invierno de nuestro descontento se vuelve verano con este sol de York”- arranca el parlamento de nuestro personaje, con referencia al contraste entre su deformidad que produce rechazo y los placeres de los que parecen disfrutar los otros.
El actor Pablo Goldberg, extraordinario como Ricardo, sostiene todo el tiempo, a lo largo de los casi 80 minutos que dura la obra, un gesto de su boca que estampa su deformidad. Nos produce pavor a la vez que somos cómplices como espectadores, de sus intrigas y sus efectos, un psicópata en estos tiempos actuales (y complejos).
El título de esta pieza no es ingenuo, no se trata sólo de Ricardo III sino de Shakespeare otra vez. Hay algo que insiste siempre y que la directora y el elenco saben transmitir muy bien: la lucha por el poder desconoce los límites, y una vez sumergidos en esa carrera, sólo la muerte es la que pone freno.
Las actuaciones de los cinco actores: Pablo Goldberg, Luciana Cervera Novo, Ema Mires, Ezequiel Olazar y Natalia Pascale, los últimos cuatro haciendo varios personajes cada uno, es excelente y da cuenta de un trabajo intenso y profundo, porque habilitan a que las preguntas por los modos de existencia del poder retornen de modo implacable.
¿Por qué tanta vigencia de Ricardo III? ¿Por qué esta pieza teatral es actual? Porque esta versión propone apelar a la clave del grotesco para hacer frente a tanta tragedia, que no es otra cosa que un aspecto de la humanidad: el horror y la crueldad.

Este Ricardo III sostiene: “Lo único de lo que me arrepiento es de no haber hecho otras cosas para arrepentirme”, potente declaración de principios, que da cuenta de su inmoralidad y que, a su vez, nos enfrenta de modo especular las formas en que construimos y sostenemos complicidades respecto del desprecio por el semejante. La violencia, entonces, es demostración y ostentación de poder.
El teatro nos ubica inmersos en este escenario: ser parte, ser testigos y tomar distancia para pensar antes que sea demasiado tarde.
Ïtaca Complejo Teatral
Humahuaca 4027, Caba
Funciones: viernes 22.30 horas.