
¿Por qué El avaro? Esta pregunta nos convoca a meternos de lleno en esta obra que tiene una vigencia enorme -como los grandes clásicos, y Moliere es uno de ellos- en esta época.
La ironía sobre la sociedad francesa a la que hace referencia, pleno siglo XVII cobra vida y nos permite a los espectadores asistir al escenario del SXXI, con una crueldad renovada.
Harpagon es un señor avaro, lleno de dinero y cuyo fin en la vida es acumular riqueza, no importa para qué. De algún modo nos está planteando los modos iniciales de un capitalismo salvaje, que aún no pasa por los bancos ni las multinacionales sino por los usureros -como ya lo hiciera Shakespeare en El mercader de Venecia. Este noble, siempre vestido como pordiosero, se enfrenta a situaciones que para él son trágicas-todos le quieren robar- y ciertas cuestiones familiares: se quiere casar con la amada de su hijo -aunque no lo sabe-, quiere casar a su hija con un señor de dinero, maltrata a sus sirvientes y llevando todo a un punto tan extremo que linda con lo bizarro y ridículo. Los acontecimientos no le salen a Harpagon como esperaba, lo que no significa que cambie su posición: miente y le mienten, detesta y es detestado. Pero el odiador, avaro y mezquino termina, a la larga, quedándose solo.

Harpagon, -magnificamente interpretado por Daniel Di Rubba- encarna la codicia, la avaricia, el egoismo más atroz puesto en un sujeto miserable. En el SXVII eran visibles, en los tiempos actuales, las corporaciones son las que se ocupan de seducir y capturar capitales cuyos usuarios nunca terminarán de pagar. Siempre se debe, de manera que lo que está en juego es el sometimiento, pero también la posibilidad de decir “basta”.
La actuación de Di Rubba es excelente por el modo en que se impregna en la piel y los modos de Harpagon: la forma de desplazamiento en el austero escenario, el arrastre de los pies, su transitar encorvado, sus gestos; no sólo se luce, sino que hace lucir al resto del elenco, que acompaña muy bien. Por supuesto, esto no sería posible si la excelente dirección de Alberto Madin, quien a su vez realizó la adaptación del texto, el vestuario, la ambientación y la dirección general.
El avaro es un acto de generosidad, plantea una posición política y ética más que moralizante, en tiempos tan difíciles.

¡Viva el teatro!
Ficha técnica:
Grupo Génesis
Elise: Micaela Ventoso
Valere: Ernesto Ocampo
Cleonte: Rubén Noceda
Harpagon: Daniel Di Rubba
Frosine: Alejandra Figueras
Maestro Jaques: Ruben Otero
Manianne: Rocio Estevez
Simón/Merluche/Comisario: Leandro Caccia
Anselme; Pablo Baranosky
Musicalización: Andy Buonfrate
Diseño gráfico: Rocío Estevez
Asistencia de dirección: Lina Rodríguez
Vestuario,ambientación y dirección general: Alberto Madin
Funciones: Domingos 17.==horas
Teatro Paraje Arteson, Estado de Palestina 919 , Caba
Simón/Merluche/Comisario: Leandro Caccia
Anselme; Pablo Baranosky
Musicalización: Andy Buonfrate
Diseño gráfico: Rocío Estevez
Asistencia de dirección: Lina Rodríguez
Vestuario,ambientación y dirección general: Alberto Madin
Funciones: Domingos 17.==horas
Teatro Paraje Arteson, Estado de Palestina 919 , Caba