INICIO

LATINA BAUSCH de Miguel Valdivieso – Por Dra. Raquel Tesone

Latina Bausch recibió premios de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires y del Premio Plurinacional Eduardo Abaroa (Bolivia). En 2025 continúa su desarrollo en residencias internacionales como Fundación Cazadores (Argentina), Centro Nave (Chile) y Frankfurt LAB (Alemania).

En esta obra el creador escénico, performer y coreógrafo Miguel Valdivieso encarna a una  “santa-drag de la danza”, un alter ego que se le revela como aparición resplandeciente durante sus travesías por Europa. Su figura hereje, ferviente, herida por el hechizo del eurocentrismo, danza con el anhelo de pertenenencia al circuito artístico internacional, mientras arrastra consigo los signos de lo excluido: lo indígena, lo marginado, lo no binario y lo sudamericano. 

En Latina, Valdivieso invoca a Pina Bausch para subvertir y desbordar con las emociones del sur global. En su estilo transgresor de una danza que hace de su cuerpo un territorio de disputa entre lo latino, disidente y lo subversivo sexual, le rinde tributo. 

La obra descose las lógicas del reconocimiento artístico para entretejer una trama filosa que no se burla, sino que denuncia. El cuerpo de Valdivieso obsesionado por la estética expresionista europea de principios del siglo XX, ensambla el folklore boliviano, y resistiendo a la inteligibilidad normativa, encarna el margen y lo convierte en su centro de gravedad. En ese sentido, el espectáculo opera como un dispositivo de poder que subvierte todo disciplinamiento de los cuerpos. Su cuerpo sudado, travestido, desobedece todo mandato, rompe con la danza como técnica pura para devenir espacio de lucha y soberanía. Es un cuerpo que se escapa del control y se vuelve indócil.

A diferencia de tantos performers que se apropian de estéticas sin contexto, su obra es acontecimiento estético-político. Irrumpe el orden visible del arte para abrir una fisura. Su experiencia migrante, racializada y disidente es convertida en texto escénico. Politiza la danza. Le imprime una impronta de lo abyecto, lo bastardo, lo impuro. Hay una afirmación radical del derecho a existir más allá del canon, con lo cual reconfigura y crea un nuevo campo de lo posible, inadmisible para los códigos del gusto dominante.

Pina Bausch es homenajeada siendo travestida y metamorfoseada con los ancestros de Valdivieso, su linaje de mujeres que danzan y que se expresan a  través de su cuerpo mestizo, basculan entre la colonización simbólica y la lucha por su voz propia. Bausch es convocada y transformada en materia prima reconfigurada.

La escena se construye en el mix del jazz, los bailes criollos, las cantoras bolivianas, los gestos grotescos, los silencios cargados de historia. Cada elemento se tensiona como si la obra se debatiera entre el derrumbe y la gloria.  Mostrarse sin filtro ni artificio, es un acto de insubordinación estética. Latina Bausch es un grito de autenticidad conmovedor que abre interrogantes: ¿quién define qué es danza? ¿qué estéticas son legitimadas?

Nos enfrenta a los fantasmas del deseo colonial, al mandato de lo bello, al silenciamiento de lo otro. Nos recuerda que cuando el arte es verdadero, se convierte en un campo de batalla.

El cuerpo de Miguel, desnudo o vestido con telas que parecieran encontradas en un carnaval andino o en un desecho urbano, y que lo remiten a su abuela, hace ruptura con lo tradicional de la danza eurocéntrica. Sin pretensión de agradar, tampoco baila para ser comprendido: baila como acto de resistencia. En este sentido, Latina Bausch es una denuncia de las formas de dominación que no dejan lugar a otras formas de belleza y a otras modalidades de estar en el mundo.

La escena se construye en capas que se entrelazan en la tensión de la música, el silencio, la palabra, la danza y el sudor, como si se debatiera entre el derrumbe y la gloria. La vulnerabilidad que implica mostrarse sin filtros y con sus heridas sangrantes, es un acto de soberanía. En una época de poses y simulacros, Valdivieso rompe con todos los estereotipos exponiendo sus heridas abiertas y las heridas de sus ancestros en un acto de desobediencia simbólica. Latina Bausch pone en crisis las categorías tradicionales de género, raza, clase y arte.

Hace una puesta en cuestionamiento en complicidad con el público y con humor, nos deja estas preguntas: ¿Quién tiene derecho a bailar? ¿Desde qué lenguajes se puede hablar del deseo? ¿Es que acaso hay cuerpos que merecen ser vistos y otros no? Miguel Valdivieso no propone respuesta a estos interrogantes, los relanza a los espectadores con violencia poética, obligándonos a interpelarnos sin antestesía.

Es una obra vibrante y profundamente honesta. Una pieza que deja una marca en la retina y en la conciencia, y que nos recuerda que el arte, cuando es verdadero, no busca adornar el mundo sino sacudirlo. 

Este proyecto de obra se gestó en el medio de mi anterior pieza “Cómo puedo desear tanto esto”. En 2023 fue premiado por la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires, apoyando su proceso de creación, también formó parte de la residencia «Jacha Tantachawi» en La Paz, Bolivia. En 2024 recibió subsidio de Prodanza (Buenos Aires) y participó del encuentro latinoamericano «Dança à Deriva» en Sao Paulo, Brasil.

En 2025 recibió el Premio Eduardo Abaroa (Bolivia) y el proceso creativo continuará en Fundación Cazadores (Buenos Aires), Centro Nave (Santiago de Chile) y Frankfurt LAB (Fráncfort del Meno).

– Ficha técnica

Dirección e interpretación: Miguel Valdivieso

Asistencia de dirección: Marta Salinas

Colaboración artística: Martín Flores Cárdenas

Diseño escénico: Giselle Hauscarriaga

Asistencia coreográfica: Efraín Rada, Carolina Bergero

Edición musical: Luciano Di Gennaro

Recomendamos Al diván Miguel Valdivieso

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.