
Futurística, crítica, estética: “KALMA – nadie puede ser feliz” es un “programa experimental de estabilización emocional para la vida en sociedad”, como dicen las instrucciones que nos dan a los espectadores antes de entrar a la función. Y uno entra en un mundo paralelo en un instante, gracias a la espacialidad, sonoridad, iluminación, escenografía, vestuarios, fiscalidades, actuaciones: todo está perfectamente pensado y genera que uno entre en la ficción con sólo atravesar la puerta. Un mundo blanco de control estatal, que busca dar soluciones efectivas al “problema” de sentir, nos atraviesa en tanto es una hipérbole de la “educación emocional” contemporánea, que fija recetas y fórmulas para controlar y moldear a las personas y los cuerpos para hacerlos funcionales a la sociedad.
El trabajo corporal y expresivo es impactante: los cuerpos se mueven, todos, de forma rigurosa, precisa, perfecta, con un código propio, hasta que llega un integrante nuevo y las cosas, de a poco, empiezan a cambiar. Tienen cuatro espacios en los que practican para las pruebas que deben atravesar si desean volver a integrarse a la sociedad de Argentina de 2034: untar un pan, mirarse al espejo y nombrar lo que se ve, controlar sus sueños y desapegarse de cualquier circunstancia dada. En la obra, la particularidad y el humor son tonos claves que lo tiñen todo.

Existen, también, las llamadas “prácticas sociales”: breves interacciones sociales reguladas, anunciadas por una voz en un parlante, que funcionan como un sub-espacio de actuación, donde deben realizar interacciones según pautas, con conversaciones casuales y livianas que deben, a toda costa, evitar temas complejos. Esta regla, como tantas otras, a lo largo de la obra, se romperá.
Impresiona y se agradece ver una obra así en teatro, ya que estos mundos de ciencia ficción son abordados por lo general por series masivas y globales como “Black mirror”, y es fundamental abrir nuevas miradas de la ciencia ficción, en teatro, con una perspectiva local.
Con una estética pulcra y minimalista, humor y delirio y movimientos hipnotizantes, “KALMA – nadie puede ser feliz” nos invita a una distopía limpia: ordenada, pulcra, pero inquietante. Así, nos vemos reflejados en ese extremo de la robotización y la alienación, bajo la supuesta búsqueda de una “estabilización emocional”, y vivenciamos un mundo rígido con personajes robotizados que resultan, a su vez, absolutamente tiernos y conmovedores.

Sábados 21hs en Área 623 (Pasco 623).
Ig obra: @kalma.obra
Entradas: https://publico.alternativateatral.com/entradas97066-kalma-nadie-puede-ser-feliz?o=14
