
Una linterna alumbra un rostro que observa, un hombre dice un texto dramático que pareciera clásico y cae muerto, la mujer corre hacia él y llora. Uno ya entró en ese mundo dramático cuando la directora pide que frenen y prende las luces. Con liviandad, los actores “dejan de actuar” y reciben los comentarios de la profesora de teatro. Así empieza “Las despedidas”, una obra que sorprende sin parar y en la que la metatextualidad está presente tanto que uno se encuentra perdido, vagando entre universos ficcionales, e inevitablemente reflexiona sobre su propia condición de ficción: la de la vida que creemos tener.
Llena de reflexiones -en discurso y en escena- sobre el teatro, la obra se permite reírse de sí misma y de las pretensiones artísticas. A través de la aceptación de su propio dispositivo ficcional -actores que actúan de actores-, juega y se pregunta sobre los difusos límites entre realidad y ficción: qué es verdad y qué no. La alumna finge un desmayo y la profesora lo cree verdadero, pero es falso: es actuación, tal como ella misma le enseñó. ¿Qué es la verdad entonces? ¿Lo que uno cree que es verdad? ¿Lo que a uno le hacen creer que es verdad? La obra también se interroga sobre qué es una “buena actuación” y cuál es el sentido del arte. ¿Estar en un festival internacional o en una “varieté” actuando de oso?

Con una fuerte base en el humor y lo cómico, los conflictos entre los personajes habitan la escena, pero también se muestran vulnerables, se despiden, pasan los años, pasan las clases de teatro. En un momento “tienen que llorar” y observamos durante varios minutos las formas que tiene cada uno de hacerlo: el primero mira una fotografía y se emociona, la segunda pone cara de llanto y lo logra y la tercera mantiene, durante mucho tiempo y sin parpadear, los ojos muy abiertos (los ojos más abiertos que vi en mi vida) y llora.
Las luces crean atmósferas inmersivas que marcan los mundos que atravesamos: la “actuación” (dentro de la actuación), la clase de teatro, la “varieté”. La sinceridad y ternura en las actuaciones emociona, la cercanía de la forma de hablar resuena y por momentos uno siente que eso es real, gran paradoja para una obra que juega tan a fondo con lo real y la ficción. Los formatos dan dinamismo a la obra: la repetición de escenas que vimos pero actuadas por otros personajes, el ritmo, los ambientes que vuelven, las dinámicas que se rompen.

Con una historia que va revelando sus capas y profundidades, “Las despedidas” habla de los vínculos humanos, los miedos y los deseos; reflexiona y cuestiona al tiempo que se ríe de sí misma, hace florecer un humor impensado, trabaja el tiempo y los acontecimientos de una forma disruptiva y transforma todo lo que uno cree entender. Las actuaciones magistrales y la dramaturgia laberíntica invitan con los brazos abiertos a una clase de teatro en una obra, a una obra sobre el teatro, a una reflexión sobre las despedidas.
Sábados 18hs en Casa Teatro Estudio (Guardia Vieja 4257).

Entradas: https://publico.alternativateatral.com/entradas95589-las-despedidas
