
“El invierno de nuestro descontento se vuelve verano con este sol de York”- arranca el parlamento de nuestro personaje, sanguinario, vil, cruel, acorde a los tiempos que nos toca vivir.
Una segunda vuelta a cargo del grupo Matrioshka para esta pieza, tan potente como la primera vez que la vi, aggiornada, difícil.
El actor Pablo Goldberg, extraordinario como Ricardo, sostiene todo el tiempo, a lo largo de los casi 80 minutos que dura la obra, un gesto de su boca que estampa su deformidad, y el resto del elenco se multiplica magníficamente en los distintos personajes que nos muestran que para que haya un dictador, se necesitan varios ingredientes: miedos, complicidades, traiciones, deseo de poder, venganza, temas shakespearianos si los hay.
Las actuaciones de los cinco actores – Pablo Goldberg, Luciana Cervera Novo, Ema Mires, Ezequiel Olazar y Natalia Pascale, los últimos cuatro haciendo varios personajes cada uno, es excelente y da cuenta de un trabajo intenso y profundo, comprometido con el texto y con la realidad circundante, que llega con sentido del humor: desde el actor que tiene que quedarse más horas limpiando el escenario ya que no hay personal de limpieza hasta alusiones a la coyuntura actual.
Precisamente en el sentido del humor y el grotesco, en el juego entre lo clownesco y las ideas más temerarias, se produce este teatro, que por cierto alivia un poco el advenimiento del horror. La directora, Analia Mayta, y el grupo Matrioshka, lo saben muy bien.
Este Ricardo III, despiadado, malvado, ya sin metáforas, afirma: “Lo único de lo que me arrepiento es de no haber hecho otras cosas para arrepentirme”, declaración abierta de una desquiciada inmoralidad que necesita de cómplices.
La conciencia de su villanía apenas asoma en este hombre impiadoso hasta consigo mismo y que se regodea de causar daño. Oscura y pesimista, la esperanza tiene poco lugar. Ricardo III es víctima de sus propias maldiciones y odio, pues quedará solo.
Sin embargo, y en consonancia con esta puesta, hay una escena que me causó tanto estupor la primera vez como la segunda: la arenga hacia el público para apoyar al rey sanguinario y la respuesta afirmativa del público, aplaudiendo y acompañando con golpes de los pies en el suelo clamando por Ricardo. Este punto no es ingenuo en absoluto, muestra las diferentes versiones del humano. Por supuesto, estamos en el teatro, estamos “jugando”.
Es Shakespeare, es teatro en sus múltiples versiones, lo que implica no sólo la vigencia de una narración de 1592 sino cómo nos constituimos como humanos siendo sujetos de la ficción.
Por este teatro, seguiremos diciendo ¡Viva el Teatro!
Ficha artística:
Elenco: Luciana Cervera Novo – Pablo Goldberg – Ema Mires – Ezequiel Olazar –
Natalia Pascale
Diseño sonoro: Sebastián De Marco
Diseño de iluminación: David Seiras
Diseño y realización de vestuario: Ana Julia Figueroa
Realización accesorios de vestuario: Baltazar Roser
Sastre: T Suarez – S. Saez
Diseño de escenografía: Ayelén Betti
Realización de escenografía y objetos: Ayelén Betti y Daniel Betti
Títeres: Damián García
Coreografía de movimientos: Yamil Ostrovsky
Entrenamiento físico: Ruth Pezet
Diseño gráfico: Juan Cruz Álvarez
Fotografía: Evan Violeta
Asistencia de dirección: Soledad Ayardi
Traducción, versión y dirección: Analía Mayta
Producción: Grupo Matrioshka
Duración: 80 min.
Ítaca Complejo Teatral
Humahuaca 4027, Caba