

Así nos recibe El mecanismo de Alaska: con un clima festivo y una performance de baile libre que rompe la cuarta pared y desarma cualquier expectativa previa. Desde el primer minuto entendemos que acá no vamos a “mirar” teatro, sino a atravesarlo. El público deja de ser espectador pasivo para convertirse en parte de un ritual compartido junto a Los Pipis—Fede Lehmann y Mati Milanese— una dupla explosiva de grandes actores y bailarines de alto vuelo. La obra está musicalizada en vivo por Stevie Marinaro con sus propias composiciones en piano, que no acompaña: respira con la obra. En el cruce de canto, baile y actuación, la invitada es Cami Marino, una presencia magnética. Todo sucede ahí, en tiempo real, con el cuerpo como territorio y la escena como experiencia viva.
EL MECANISMO DE ALASKA de LOS PIPIS – REPORTE RACHEL REVART / CELE BURGOS – YouTube
Compleja, precisa, extrañamente perfecta en su modo de romper con los paradigmas de la perfección académica. Acá no hay estructuras rígidas que encorsete los cuerpos, pues se ofrecen por entero a la emoción y a la palabra desnuda, y en un parpadeo pasamos de la carcajada al llanto.
Esta obra forma parte de una trilogía que continúa con La conquista de Alaska y luego Pasión, una tragedia argentina. Piezas con sello propio y lenguaje singular, que fueron ganando un lugar en el universo teatral hasta llegar al Teatro San Martín.

Creatividad, libertad, riesgo, juego. Desde el primer momento la obra propone algo más que una narración: invita a entrar, a moverse, a dejarse llevar como quien se sumerge en un poema. No es una historia lineal: pasado y futuro cabalgan otorgando una revisión de la historia argentina. Como remarca Fede, la complejiza: “partimos de la idea de la representación, qué es y cómo es sentirse representados, por eso aparecen los referentes históricos, momentos, contexto de la dictadura y siempre linkeado a nuestras historias personales. Es una obra que habla de la historia como mecanismo, como algo que se pone a girar como una rueda…”
https://youtube.com/shorts/ARVZ2rHywVQ?si=_H2IKBm7xCJSOdM_
La dramaturgia a cargo de Fede Lehmann además, es profundamente poética, sin rimas fáciles, con una profundidad existencial que abre preguntas filosóficas, detonando más interrogantes. Una forma contemporánea del romanticismo: sin idealización, sin edulcorantes y con un humor que roza la ironía y, cuando hace falta, el sarcasmo. Con un lenguaje que no adorna: interpela. Palabras que funcionan como significantes sueltos, como asociaciones libres, armando una trama que va desde los ancestros hasta el contexto social, político y cultural de los protagonistas.
Freud aplaudiría esta obra donde lo íntimo se filtra sin pedir permiso, con verdaderas asociaciones libres de diván que reverberan en el espectador y nos sumerge en nuestros propios cuestionamientos. Todo esto atravesado por referencias históricas, culturales y políticas que nos invitan a reconstruir momentos que conforman la mentalidad argentina y nuestra manera de mirar el mundo.
El mecanismo de Alaska es una obra poderosa, sensible, profundamente humana. Puede leerse como una historia de amor cargada de humor, pasión, deseo y compromiso, que construye escena a escena un vínculo íntimo con quien la habita. Y al mismo tiempo, como una declaración escénica de teatro físico, un despliegue descomunal de movimientos coreografiados, danza, gestualidad intensa y una mímica precisa entre ambos, en una mixtura de palabras plenas. Nada es superficial: todo pasa por el cuerpo y se queda en la memoria. Nos reímos a carcajadas, pensamos con reflexiones filosas y sentimos de manera visceral. Todo sucede al mismo tiempo, como el ronroneo de un gato amado. Y aunque Alaska —la gata de la pareja— no esté en escena, vibra durante toda la obra: la vemos sin verla, la sentimos sin tocarla. Presencia ausente, diría Lacan. Deseo en estado puro, diría Freud. Pura pulsión amorosa.

En el escenario del Teatro El Picadero, la propuesta se vuelve una experiencia profunda y luminosa. De esas que no se explican del todo, porque no están hechas para ser contadas, sino vividas. Una experiencia única que vale la pena atravesar con la entrega del cuerpo, imposible dejarlo afuera, porque Los Pipis, con sus cuerpos y sus palabras, nos hacen experimentar emociones que van de lo corporal a lo intelectual. Al ingresar en territorios íntimos e históricos. Fede y Mati ponen en escena sus propias historias familiares, atravesadas por un pasado machista y doloroso. Aparecen las abuelas: mujeres que criaron solas, en contextos de extrema dureza, algunas incluso en tiempos de guerra, pariendo en cocinas, resistiendo el dolor para traer hijos al mundo. Relatos que no buscan victimizar sino nombrar. Y cuando se nombra, algo se reordena, abriendo una mirada más amplia sobre la historia colectiva.
La obra recorre también el lugar de los cuerpos disidentes en la cultura argentina: desde la burla y el ridículo en la televisión, hasta la visibilidad comercial, con todas sus tensiones. Lo íntimo y lo histórico se funden en una misma escena, recordándonos que lo personal nunca es sólo individual, y que cada cuerpo carga una memoria que sigue resonando en el presente.
EL MECANISMO DE ALASKA – 2DA PARTE REPORTAJE A LOS PIPIS PIR RACHEL REVART – YouTube
Los Pipis, dúo creativo formado en la UNA, sí, pero con espíritu rebelde, saben jugar con lo aprendido para subvertirlo. Se apoyan en la formación académica para romperla desde adentro. Y ahí está su potencia. Su trayectoria está marcada por premios, festivales, reconocimientos y propuestas teatrales absolutamente flasheras, donde el lenguaje, el cuerpo y la música conviven sin jerarquías. No hacen teatro “correcto”: hacen teatro vivo. Teatro que se anima a correrse del molde.
A la salida de la función, le tomamos un reportaje, y Mati nos contó cómo la obra se inspira en un deseo de trabajar en equipo, con Cami trabajaron en una obra anterior, Stevie había musicalizado un Lollapalooza, y se dijeron: “me encanta lo que hacen los demás, vamos a llamarlos, y vamos a hacer un equipo en donde todos puedan hacer lo que tanto les gusta hacer, y para mí no hay nada más lindo y nada se transmite más que gente haciendo lo que le gusta” y Fede agrega: “y como ya trabajabamos juntos, complejizar ese trabajo, si es actuación, es con mucho texto y si está musicalizada, tiene que acompañar”.

EL MECANISMO DE ALASKA – 3era parte REPORTAJE A LOS PIPIS POR RACHEL REVART
El mecanismo de Alaska no se mira: se siente. Se piensa después. Y eso, en tiempos de fórmulas repetidas, es un acto político.
En una época donde todo se vuelve contenido, algoritmo y consumo exprés, Los Pipis insisten con el cuerpo, con el error, con lo vivo.
La obra sigue vibrando cuando ya salimos del teatro, como si hubiera dejado encendido otro engranaje: el mecanismo de lo Inconsciente.
Uno mueve la escena, el otro nos mueve por dentro.
El de Alaska acciona risas, lágrimas, memoria.
El de lo Inconsciente responde con ecos, asociaciones, restos de nosotros mismos.
Dos mecanismos que se rozan, se encienden, se contagian.
Uno sobre el escenario. El otro en la sombra. Y ahí, en ese cruce invisible, el teatro deja de ser función y se vuelve pulsión.
Porque algo se activa, algo gira, algo insiste.
Y nos transforma al terminar la función.
https://youtube.com/shorts/WX0X3gYF1tA?si=6z_wW6DjIm0LLZMa
Ficha técnica:
Actúan: Federico Lehmann, Matias Milanese, Camila Marino Alfonsín.Dramaturgia: Federico Lehmann.
Dirección: Los Pipis Teatro.
Música original y música en vivo: Stevie Marinaro.
Diseño de movimientos: Los Pipis Teatro, Elina Marchini Solaligue.
Diseño de vestuario: Uriel Cistaro.
Diseño de luces: Miguel Coronel.
Realización escenográfica: Pol Ajenjo, Guni Otero (Dicha Cotidiana), Mariano Pugliarello.
Asistentes de dirección: Paula Sanabria, Federico Pezet.
Prensa: Pablito Lancone.
Producción: Los Pipis Teatro, Santiago Tezza, Lautaro Sosa Ruiz.
Teatro: El Picadero (Enrique Santos Discépolo 1857) – CABA.