
Me gustaría conversar con vos, que esto sea una conversación, porque tiene que ver con el impacto que me dejó la obra, de cómo me atravesó, desde lo que a mí me pasa.
Boy Olmi: De eso se trata, de cómo algo nos atraviesa, por eso me gusta la idea de “conversación”.
Yo te conocía como actor, no en tu faceta como ambientalista y en contacto con la música, y tiene que ver con todo esto, con los aspectos que se ensamblan.
B.O: yo soy muchas cosas, como todos, soy el hijo de esta mamá, actor, todo eso, pero además me interesa una perspectiva de integrar las cosas, que no sea todo tan dicotómico, que este separado, porque somos en un orden planetario. Todo se enlaza con todo, entonces los binarismos ya no van más. Bueno /malo, mujer/varón, lindo feo, y asi todo…naturaleza/cultura, eso conecta con nuestra singularidad, con nuestros hemisferios. Mi posición ambientalista es la que me conecta con todo y con todos, está ligado poder mirar lo que nos pasa sin indiferencia. Estamos disociados por cuestiones binarias, identidades sexuales, todo, cuesta tener una mirada holística.
Hay otra cosa que tiene esta obra, que no termina cuando vienen los aplausos sino que a la salida hay una pantalla en la que se van viendo fotos, tuyas, de tu mamá, de tus orígenes, es como si la obra siguiera allí.
B.O: es que son fragmentos, muchos se pueden juntar, y eso es esta mirada holística, esta curiosidad.

Decís curiosidad, y a mi también me impactó la curiosidad que construiste con relación a tu árbol genealógico.
B.O: la curiosidad, la mía, es muy fuerte, quiero saber todo, y armar el árbol es muy difícil, es un descubrimiento, te vas encontrando con cosas inesperadas. No es solamente el nombre y donde nacieron tus ancestros, yo quiero saber por qué nacieron allí, por qué tienen esos nombres y se van armando cosas en tu cabeza, pero que también estuvieron en la cabeza de quienes te precedieron. Por ejemplo, en todas estas relaciones familiares, mi mejor amigo de toda la vida fue mi tio, que era de mi edad. Falleció hace un par de años y su hijo pasó a ser mi amigo, al que le llevo muchos años. Yo me vinculo con niños y ancianos de este modo, de la misma manera. Ahí hay otro binarismo, niño/ adulto
Vos estas hablando desde una perspectiva de la complejidad, en la que no se trata de blanco o negro y sus matices sino como el rojo o el violeta irrumpen, esto nos pasa en la vida. De todos modos, esto pasa porque tenemos un recorrido y somos adultos, y ciertas asimetrías se bancan bien.
B.O: Es que tiene que ver con cómo se van construyendo los lenguajes, lo que se puede compartir, y este movimiento a mi me lleva a pensar, por ejemplo, en el lenguaje de los sueños, en el surrealismo, por eso me fascina Buñuel, en esta gramática que liga nuestro hemisferio izquierdo
(risas)
Cuando vos hablas del árbol genealógico, se me vino a la cabeza la primera vez que lei 100 años de soledad, y ese árbol no estaba, lo tenía que armar uno. La segunda vez que lo leí, lo fui haciendo. Actualmente vienen las ediciones con el árbol ya hecho.
B.O: Está bien, pero te quita eso de la curiosidad, porque ya lo tenés hecho, y la gracia está en tener que volver para atrás para reconstruir, para armar, y para ir pensando los contextos, las historias, las naturalezas que rodean y que hacemos. Necesitamos construir maneras de asociar, necesitamos un cierto orden para vivir, pero el Inconsciente siempre nos golpea la puerta.
Nos golpea
(nos reímos)
B.O: Por suerte que tenemos inconsciente y nos golpea, así podemos hacer síntomas, equivocarnos, escribir, soñar.
Y entender que estamos en un mundo que va cambiando. Sobre todo, en estos tiempos tan difíciles.
B.O: Muy difícil, de mucho individualismo, además. Es muy difícil cómo nos conectamos con el otro, con la naturaleza, el tema de los glaciares es una locura…pero somos los humanos también los que hacemos esto. E insistimos sobre lo mismo, cometemos los mismos errores. Somos una generación que ha atravesado cuestiones muy duras, entonces querer saber es un gran tema.
Hablando del inconsciente y lo cambiante, vi un reel de tu obra, en la que vos decís “mamá yo soy judío, porque vos sos judía”. Y lo que pensé es que había una especie de estructura básica de la obra pero con modificaciones posibles, sobre todo por tu ductilidad, porque invitas gente al escenario a cumplir roles.
B.O: El texto es absolutamente riguroso. Me comí una parte, yo venía de liberar las cenizas de mi mamá al mar y me preguntaba si influiría en la obra. Llamémoslo lapsus, no error (nos reímos). Mi mamá, antes de morir me decía “no te vayas” y eso era lo que yo le decía a ella. Eso está en la obra, de eso no me olvidé. Pero creo que fue como buscar los huecos que no podía completar, ser hijo de una madre judía que renegaba de sus orígenes, por los miedos y las persecuciones. Sigo siendo un niño judío que tomó la comunión.
Siempre nos quedan preguntas por hacer.
B.O (Recita el texto completo que omitió en esa función). De todos modos salió y puede pasar.

Tenés oficio.
B.O: Y, algo. Yo en la obra puse una pantalla blanca, sobre todo pensada para esos momentos, para que la gente pudiera proyectar ahí sus cosas, sus propias cosas, sus miedos, porque el vínculo con la madre dispara mucho de todo esto. Por eso digo que fue lapsus y no error.
También hay mucho trabajo sobre uno mismo, no sólo por la historia de cada uno, lo singular, sino también por lo que se juega en el oficio de ser actor, entre otras cosas.
B.O: El trabajo con uno mismo es imprescindible, para preguntarse no sólo qué me pasa, asombrarme, saber quien soy, que siempre quedan preguntas, pero seguro que no soy sin todo esto, sin mis lapsus, sin mi historia.
Tal cual, pero con pregunta, como vos decís y que se ve en la obra, que no sólo atraviesa profundamente sino que es en contexto, a veces no hay respuesta, porque si la hay y rápido, dejó de ser pregunta.
B.O: Eso es lo que intento trasmitir, y aquí la transmisión.
La genealogía que vamos significando.
B.O: Si.
Vos hablás de la orfandad, es una imagen muy potente, porque somos adultos y sin embargo sentimos orfandad. Tal vez el problema, agrego, es cuando hay orfandad de preguntas.
B.O: Totalmente. Aquí vuelvo a al planteo de antes. Mi pregunta por quién soy no es sólo por mí, es por todos, ojalá todos salgan y puedan preguntarse quiénes son, pero es en un mundo cambiante.
Boy logra esto, de amalgamar me pasa a mi pero no sólo a mí. Nos angustiamos, amamos, nos enojamos, nos reímos. El humor, el poder reírse de uno mismo es crucial para sufrir un poco menos en un mundo con metáfora en caída, lo que lo hace muy despiadado.
B.O: Sí, por eso todo esto: el lapsus, la pantalla en blanco y las preguntas que siempre quedan abiertas.
Hermosa conversación con Boy Olmi, que en abril se va a Madrid y Barcelona para presentar Boy-Unipersonal, junto a Carola Reyna, que va a presentar Okasan (hermosa obra también).
Conversamos sobre los sentidos, el inconsciente, la potencia creadora, el pensar sobre nosotros como un modo de estar en el mundo, enlazados a otros.
Boy Olmi, además de ser actor, ambientalista, director, fotógrafo, y muchos etcéteras, es un hombre creativo, inteligente y profundamente sensible. Gracias Boy Olmi por esta conversación.