ARTE/TEATRO

Buenos Aires invisible por la Dra. Raquel Tesone

resize_galeria

Dirección: Verónica Bustos

Asistir a esta obra de teatro es una experiencia interesante: antes de que empiece la obra nos avisan que debemos seguir a los actores a los distintos lugares del recinto, lo cual nos hace participar desde el lugar de espectadores-espías. Desde el ingreso al galpón del Konex con su piso de cemento sin terminar, sus paredes sin revocar y los caños que las recorren, nos encontramos formando parte de una puesta en escena que habla del lado oscuro de nuestra ciudad. Tenemos la impresión de estar en un antro nocturno de la Buenos Aires que no se muestra a los turistas, la que nos ofrece diversas propuestas culturales y de diversión con ese típico encanto, tan valorado por los extranjeros, de nuestra noche porteña. Como contrapartida, presenciamos tres escenas que se van entrelazando en una estructura dramática que da sentido a lo invisible de una ciudad que respira locura, violencia, desamparo, precariedad y soledad, en cada uno de sus recovecos.

En la primera escena, entramos en la intimidad de Ana y Mateo en su último diálogo antes de separarse durante el cual, en pocas palabras, los motivos de la ruptura se pueden entrever. En el final de esta escena, una línea de cocaína y un llamado al celular serán las claves para captar lo que vendrá. La segunda escena es en un bar de Buenos Aires durante la noche y antes del cierre. Aquí nuevamente el celular pasa a tener protagonismo. A través del llamado telefónico de la dueña del bar a su pareja, comprendemos lo que está sucediendo en esa relación; con otro llamado del celular de alguien que ocupa una de las mesas, nos enteramos de cómo un vínculo puede romperse sin necesidad de mirarse a los ojos. Una chica entra al bar, la típica con voz de boba que parece que la vida le pasó por al lado, aquella que estira las últimas sílabas por esnobismo y que todo lo que dice suena naif, lo que no condice con su porte de mujer fatal. El novio de la dueña del bar es amigo de Mateo, ellos tienen un alto grado de complicidad para taparle el uno al otro lo que no quieren dejar ver a sus mujeres. Una mujer policía que está para mostrar las secuelas que dejaron la dictadura militar y la mentalidad fascista que la ha sustentado. En la tercera escena, hay un dealer y su entorno: el amigo que consume drogas y que le trae clientes consumidores, un travesti al que drogaron para lograr que pierda su dignidad por un plato de comida y una mujer que ya la ha perdido hace tiempo, también por exceso de droga. Ana y Mateo están envueltos en ese ambiente con el que aparentemente no tienen nada que ver y que, sin embargo, los deja atrapados en las redes invisibles de esta ciudad donde hasta los que se creen tiburones, si se descuidan, pueden terminar siendo mojarritas. Una ciudad peligrosa y atrayente para aquellos que la curten sin ciertas precauciones.

En cada escena se van tejiendo los hilos que vinculan a sus protagonistas y que arman una historia donde todos están de alguna manera presos en la ciudad. Resta la ilusoria ilusión –valga la redundancia– de rehacer una nueva vida fuera de ella. Cada escena también nos habla de los efectos que ejercen en nuestras subjetividades las nuevas tecnologías en la modalidad de la comunicación (¿o incomunicación?) a través del celular, el WhatsApp, el Facebook y demás redes sociales (¿o asociales?).

Esta pintura de la Buenos Aires invisible cuenta con impecables actuaciones, lo que da más realismo a las escenas en las que participamos. Una pieza teatral que nos cuestiona como sujetos, alertándonos sobre la manera en que cada uno puede pasar a ser un objeto de consumo para otro. El recurso de la violencia aquí no solo es una manera de exhibir la Buenos Aires violenta, sino de no dejarnos pasivos. Es un golpe para hacernos tomar consciencia de la manera en que cada uno de nosotros, desde sus vínculos más íntimos, contribuye para que esta Buenos Aires siga quitándole visibilidad a aquello que no queremos ver. En este sentido, es una obra sumamente recomendable no solo por su alta calidad interpretativa y por la sensibilidad de la dirección que sabe poner en relieve aquello que no se ve y no se dice, sino también para todos los que deseamos cuestionarnos la alienación social en la que estamos inmersos. Por ejemplo, para pensar en cómo hacer que el «progreso» sea aprovechado a favor y no en contra de los vínculos y de la vida misma, o en cómo el sistema capitalista apunta a dejarnos «drogados» para evitar una posible rebelión, si advertimos sus efectos adversos. Por todo esto, este tipo de teatro, además de hacernos vivir una original experiencia, es un gran aporte a nuestra sociedad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s