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9 – Protagonistas: Rafael Spregelburd, Enzo Vogrincic, Rogelio Gracia – Dir: Tincho Barrenechea y Nicolás Branca Rossi– Por Dra. Raquel Tesone

Comenzaré por el título de esta película que habla por sí mismo: el  número 9, no llega a ser 10. Y esto es más que significativo, porque todo puede ser leído en esta película como un número. Incluidas las personas, todas son tratados como un número. Y aquí es donde una vez más Rafael Spregelburd nos regocija encarnando un rol complejo: el padre de un futbolista adolescente millonario porque su hijo es famoso (Enzo Vogrincic) que en miras de ambicionar el dinero y lo material, olvida lo que realmente es importante para él, en este caso, a su propio hijo. A su vez, este personaje que se expresa con insultos y desata su violencia cuando no todo sale como él quiere, sufre al no poder tolerar la frustración y su angustia se convierte en furia automáticamente. El poder que detenta el lugar que ocupa como padre de un crack del fútbol, lo lleva a estar convencido que los otros son objetos de su deseo, y por lo tanto, tienen la obligación de responder aceptando todas sus decisiones. Lejos de pensar que este poder que logra tener sobre el otro, lo colma, muy por el contrario, lo sume en una gran soledad porque el otro como tal, ya deja de representar la alteridad, se diluye como otro, en tanto pasa a estar connotado como una posesión más. La prepotencia, la desfachatez y la demagogia de este personaje, disfraza su profunda soledad desolada y su constante insatisfacción que lo sumerge en una tristeza infinita que resta oculta detrás de su irritabilidad y sus ataques de cólera. Tarea nada fácil atravesar la pantalla con la ambigüedad en que conviven y se esconden estas diferentes emociones que logra captar en todo su espectro el genial actor Rafael Spregelburd.

Más allá de hacer caer la idealización que se suele tener sobre los futbolistas, y más allá de mostrar el universo futbolístico y su costado siniestro como la presión y exigencia a la que son sometidos los jóvenes futbolistas, el acoso del público y de los medios de prensa, el uso de la mujer como escape y desahogo sexual, es una película que profundiza sobre el vacío existencial de aquellos que consiguen llegar a la cúspide a un precio muy  alto: responder a una imagen sin poder llegar a ser nunca uno mismo.  

La dirección de Tincho Barrenechea y Nicolás Branca Rossi, es precisa en los planos donde contrasta la belleza de la naturaleza, el confort y el lujo, con la desidia de estos seres que no les da el cuero para disfrutarlo. Ese mundo exterior desbordante de paisajes majestuosos tomados con impresionantes planos, hace contrapunto con el mundo interno de estos personajes donde todo es hueco y sin sustento emocional. Todo es imagen despojada de deseos y de verdadera pasión. La piscina parece estar de adorno, la mansión lujosa con el mobiliario desprovisto de calidez y con una estética tomada de prestado por los estereotipos de la moda, y hasta los paisajes sublimes de Uruguay, forman parte de un cuadro donde las personas pasan a ser un objeto más. 

Hay un plano muy interesante del padre que se acerca a buscar al hijo hacia el gran ventanal de vidrio y la cara del hijo queda reflejada en la del padre, y podríamos decir que sintetiza el conflicto de este particular vínculo.

La problemática que atraviesa a una gran parte de adolescentes está interpretada en el personaje de Belén (Lara Sofía) a quien recurre el joven deportista a la espera de poder liberarse del yugo paterno y de la férrea disciplina de su entrenamiento. Y si bien ella sí se rebela a sus padres, tampoco  sabe nada sobre su deseo y su apatía es radical, tanto es así que su indiferencia frente a la vida, la torna distante al punto de rozar la crueldad. Hasta la psicóloga que interviene (Roxana Blanco), no sólo no lo ayuda sino que lo induce manipulándolo e induciendo sus respuestas, en una evidente crítica a los profesionales que deben dar un diagnóstico para responder la necesidad de las instituciones y no la de sus consultantes. El personaje de Damián (Rogelio Gracia) encarna el rol diplómatico de aquellos que están al servicio de resguardar los intereses económicos, al tiempo que deben padecer los embates de intentar sostener el éxito y la fama del jugador. El único que parece tener un registro de la necesidad de libertad del deportista es quien está a su cargo (Horacio Camandule)  pero a su vez, está impotente por encontrarse en inferioridad de condiciones frente al poder de la figura paterna.  

Destacable las interpretaciones de todo el elenco, esta película se realizó en co-producción Uruguay y Argentina y fue estrenada mundialmente en la competencia oficial del Festival de Huelva de Cine Iberoamericano con una gran repercusión por parte del público y promete ser multipremiada, no sólo por desnudar el lado fatídico de la exigencia que pesa sobre los futbolistas, sino por la crítica social que subyace sobre las consecuencias psicológicas nefastas que el neoliberalismo imperante opera en el campo social fomentando la disolución del entramado vincular.  

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