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ANTÍGONA- De José Watanabe – Dirección: Carlos Ianni – Por Claudia Gorenstein

Esta es una versión de la tragedia de Sófocles que es pura poesía gracias al bellísimo texto de José Watanabe, a la profundidad y eco ancestral que crea la dirección de Carlos Ianni, y a la potencia visceral de la actuación de Ana Yovino.

Con esto planteado, podemos ir deshaciendo en nuestro recuerdo la suma de momentos de atmósfera vibrante y expresividad conmovedora, para recrearlos ante nuestros ojos y nuestro corazón como el derrotero de una heroína de todos los tiempos, Antígona.

Hija de Edipo y de Yocasta, Sófocles la retrata en el texto original como una muchacha piadosa, que ha cuidado de su padre ciego y ahora, que sus  hermanos Polinices y Etéocles han luchado por el trono hasta darse muerte el uno al otro, ahora que su tío Creonte, desplegando autoridad y poniendo relieve en el ejercicio de justicia declara que Polinices no sea enterrado, no tenga funerales y que ni siquiera pueda cubrirlo una capa de polvo, teme que su hermano -deshonrado como traidor-, no pueda pasar al mundo de los muertos.

Watanabe en su texto comprime esa laxitud misericordiosa; acá Antígona es objetora de la férrea autoridad que quiere imponer el nuevo rey. Y Carlos Ianni con su dirección, le da torque a esa heroína volviéndola potente, cuestionadora, incansable, que defiende ante todo el cuerpo de su hermano, lo corpóreo de él, lo que se devorarán los buitres, lo que despedazarán las fieras, y entonces sí, qué será de su alma vagando entre los vivos. Pero lo que sobrevuela esta versión es -sobre todo-, la voluntad de que el amor venza a la ley del gobernante de turno.

Ana Yovino es Antígona, pero también Creonte; es el adivino Tiresias, así como el tierno y furioso Hemón, su prometido e hijo de Creonte. Es el soldado que no encuentra el cuerpo de Polinices que ha custodiado para que nadie lo entierre, y a su vez encarna a Ismena, su hermana temerosa de la regla que impone el rey. En un juego de transiciones sutiles, Yovino va desplegando a todos estos personajes, sin alarde, sin estilizaciones innecesarias. Este mecanismo bellamente articulado, terminé de entenderlo con las palabras de la actriz en el documental del CELCIT, en el que explica que el director propuso trabajar con energías diferentes para los personajes, en lugar de con caracterizaciones, con lo que Antígona, por ejemplo, representaría la energía de la Tierra, y Creonte la del fuego.

 Estas transiciones entre los personajes, así como el lenguaje metafórico que nos permite la ilusión de una antigua Tebas, se resuelven con mucha eficacia con una escenografía que envuelve a Antígona de oscuridad, donde ella es como un destello, sólo con tres sogas que penden sobre el escenario, que serán metáfora de tres etapas de su breve vida.

Destacable la sala de este Centro, que ofrece la posibilidad de ver la obra desde todos lados, y desde diferentes ángulos.

Los sábados, en el CELCIT, 19 hs.

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