LITERATURA/PSICOLOGIA

RAFAEL SPREGELBURD: “CLASE MAGISTRAL DE PSICOLOGÍA (¿No era de dramaturgia?)” TERCERA PARTE

Spregelburd 5

Por Dra. Raquel Tesone

Fotos: Hernán Corera

El Centro Cultural San Martín convocó a una clase magistral de dramaturgia a Rafael Spregelburd, dramaturgo traducido en más de 14 idiomas, director de teatro, actor y docente, reconocido a nivel internacional (entre otros saberes), podemos afirmar, la persona más indicada para cerrar el Ciclo de Letras 2015.  Su obra de teatro en cartel: “Spam”, está escrita, dirigida y actuada por él mismo, y es vanguardia teatral con muchísimo éxito en el teatro El Extranjero y desde el 19 de septiembre volverá al escenario Apátrida que se re-estrena  en el Centro Cultural Konex.

     Rafael continúa con un ejemplo de reflectáfora (ver explicación en la Segunda Parte) a través de una canción de la banda alemana Einstürzende Neubauten que repite una frase: “me encontrarás si me necesitas en el jardín, a menos que esté lloviendo a cántaros”. El cantante, Blixa Bargeld, cuenta que estaba en el Museo del Prado y escuchó a una señora que pronunció esa frase a otra, y salió a esperarla afuera. Para el cantante, algo extraordinario contenía esta frase. Probablemente, dice Rafael, la señora cansada de ver a Goya, a Velázquez, al Bosco, salió al jardín a tomar aire y esperar afuera. Pero la exacerbación de la sensibilidad frente a una frase banal, una sutil tilinguería, frente a la desbordante naturaleza del Museo, ha promovido en el artista un campo asociativo que se amplifica por su asociación y se llena de matices sin explicar ninguno. Algo propicio para la aparición de lo extraordinario.

     La técnica de la asociación libre descubierta por Freud, donde se le pide al paciente que suspenda toda crítica y hable libremente de todo lo que se le pase por su mente, está al servicio precisamente de la exacerbación de los sentidos,, Este método que hace que las asociaciones del analizante se liberen aunque puedan parecer caóticas y se “ordenen” bajo la égida del reino de lo Inconsciente, lo utilizamos para desentrañar el sentido oculto de los síntomas, los sueños, los actos fallidos y demás manifestaciones de lo Inconsciente.  

     Rafael remarca que los violines que se escuchan en la canción son de una sola línea, y no resuelven nada: la melodía recomienza antes de cerrase en un acorde redondo. Hay algo que se repite pero siempre una variación, no es como un estribillo, ya que no hay comienzo ni fin, sino una materia constante que produce fascinación para los sentidos porque suspende los conceptos de linealidad (inicio y fin). Podemos traspolar este concepto a las sesiones de análsis que si bien, en el orden temporal tienen un comienzo y un fin, como en el Inconsciente la noción de tiempo no existe, el material del paciente es un fractal que se gesta de sesión a sesión. Además, este aspecto de la musicalidad se “escucha” en discurso del analizante, que a través de su relato y sus síntomas, no sólo trae metáforas y metonimias, y una serie repetitiva de significantes, sino también  reflectáforas que se relanzan y se entrelazan de manera fractal. La “musicalidad” del discurso es esa creación de una polifonía de voces, ya que el sujeto es sujeto del inconsciente en tanto es hablado por otros (identificaciones inconscientes)  Rafael contó una anécdota muy interesante sobre Einstein, cuyo padre le había regalado de niño una brújula, y él estaba obsesionado con el hecho de que la brújula iba a estar todo el tiempo señalando un Norte absoluto mientras él estuviese trabajando, jugando, o durmiendo y siendo tan diminuto y tan mágico (el trabajo perenne de una brújula) lo que motivó a Einstein a pensar su teoría de la relatividad. “Estos matices que solo uno los puede hablar en terapia (risas del público), son los que guían las elecciones”. ¡Lo que pudo una brújula! Este padre destinó a Einstein a ser un gran investigador, y no podremos conocer las motivaciones profundas ya que Einstein no es nuestro analizante, pero podríamos inferir que su padre funcionó como su brújula y por  desplazamiento, ese objeto-brújula simbolizó a su padre y condensó múltiples sentidos para Einstein.

      En el relato, señala Rafael, debemos romper con la caja causal más aparente para que aparezca el matiz, así como los analistas que ingresamos en el relato del analizante, desarticulando la tendencia de todo pensamiento hacia lo racional. El analizante, poco a poco, ingresa en otro universo, dejando toda explicación fundada en la causa / efecto lineal para inscribirse en la cadena fractal de su Inconsciente (policausalidad y polisemia de los síntomas)

     Otro ejemplo interesante que nos ofrece Rafael, es la paradoja poética de Arquímedes. El Rey pide a Arquímedes que descubra cuánto oro tiene la corona (sin fundirla, porque necesita la corona para ser el rey). Arquímedes tiene un problema: no la puede fundir, pero tampoco puede dar con un molde que repita su forma, tan irregular, tan llena de inscrustaciones. Todo lo que intenta parece fallar, el problema te vuelve a atraer hacia su centro. El cerebro funciona así, como los ciclos límites del péndulo: se desliza de un punto a otro en su búsqueda, pero es atraído invariablemente por su punto cero, por su atractor. Entonces Arquímedes se frustra una y otra vez. ¡¿Qué hace Arquímedes con su frustración?¡: ¡Se va a bañar! Y mientras se baña, probablemente alterado por la experiencia mental previa, se da cuenta de que el agua de la bañera es igual al volumen que está desplazando: “si meto la corona en agua, encuentro la solución al problema”. No puede saber de esta solución sin frustrarse; la frustración es la condición que hace que el baño sirva de marco para amplificar los matices de la solución a su problema. Sin ella, no asociaría un sutil desplazamiento de agua con su problema inicial y además la solución a este problema, no estaba en su marco de referencia (la medición de la corona), sino que estaba en otro marco; el del baño, “Si uno no junta dos marcos de referencia que no estaban destinados a convivir, no hay creatividad. No hay forma de pensar lo que no se sabe porque el cerebro tiende hacer girar todas las asociaciones alrededor del problema que les da origen. Entonces hay que forzarlo a cruzarse con lo inesperado para que la solución a los problemas aparezca”. Con esta frase, Rafael sintetiza maravillosamente otra de las funciones del análisis: confrontar a nuestro analizante con otro marco de referencia para poder pensar y sobre todo, pensarse. La asociación misma del analizante lo conduce a ese otro marco de referencia (“se me ocurre algo que no tiene nada que ver”, es ahí donde surge el “el baño” de Arquímedes), lo que trae como consecuencia el efecto sorpresa (técnicamente llamado “insight”) producto del encuentro con lo inesperado de sí mismo.

     En la estructura fractal los dos marcos de reflejan mutuamente, y en las técnicas de narración se pueden privilegiar los matices, para que los elementos acumulados en el relato tengan una dimensión orgánica y biológicamente fractal y no lineal. Según Rafael, David Lynch usa mucho este recurso, “hay personas que simplemente odian lo que hace, porque no se entiende, pero ¿qué hay que entender?”, se pregunta Rafael. Hay dos relatos que nunca parecen tocarse, pero su convivencia hace que se amplifique la caja de resonancia en los espectadores. Los matices son el alma de la creatividad. Muchas veces la ciencia se nutre del pensamiento artístico y de su capacidad de innovación.

     Rafael finalizó la charla con un poema citado en un libro de ciencia y pidió a los presentes imaginar lo que narra el poema (es decir, desplegar sus imágenes en el cerebro). En este experimento Rafael aclaró que no pretendía “actuar” el poema, sino que iba dejar que las imágenes lo condujeran libremente, y nos leyó el poema La escritora de Richard Wilbur:

     

     En su cuarto del piso de arriba

     donde irrumpe la luz

     y los tilos se mecen en las ventanas,

     mi hija escribe un cuento.

     

     Me paro en la escalera al oir

     el martilleo de las teclas

     en su cuarto cerrado

     como una cadena trepando por la borda.

     

     Aunque ella es joven,

     el material de su vida

     es un pesado cargamento.

     Le deseo buen viaje.

     

     Pero de pronto se interrumpe

     como rechazando mi cómoda reflexión.

     

     Crece una quietud jadeante

     como si la casa entera pensara

     y de pronto ella vuelve a martillar

     las teclas, y de nuevo calla.

     

     Recuerdo al estornino aturdido que hace dos años

     quedó atrapado en ese mismo cuarto.

     Entramos con sigilo, abrimos una ventana

     y nos alejamos para no asustarlo.

     

     Durante una hora impotente, por la hendija

     observamos cómo esa criatura monstruosa,

     salvaje, oscura, iridiscente

     aleteaba contra el fulgor,

     caía como un guante del piso al escritorio

     y luego,  encorvada y ensangrentada

     recobraba el brío para comenzar de nuevo

     y cómo el ánimo se nos levantó,

     cuando con repentina certeza

     se elevó desde un respaldo,

     enfilando rectamente hacia la ventana correcta

     y cruzando el antepecho del mundo.

     

     Siempre, querida, es cuestión de vida o muerte.

     Lo había olvidado.

     Te deseo lo mismo de antes

     pero con más fuerza.

     

     El poema está construido –explica Rafael- como una serie enlazada de reflectáforas. Diversos recursos de la retórica (ironía, metáforas) pueden funcionar como reflectáforas cuando éstas se disponen de tal manera de crear en la mente del lector un efecto de asombro producido por las similitudes y, sobre todo, las diferencias entre sus términos. La comparación de dos términos: el esfuerzo de la hija para escribir el poema, y el pájaro que -para sobrevivir-, tiene que encontrar la ventana correcta. No son lo mismo una hija que un pájaro, dice Rafael, entonces: ¿porque yuxtaponer estos dos elementos produce cierta angustia? Hija – pájaro vienen de diferentes anaqueles de nuestra biblioteca mental, pero ´¿cuál es la manera en que Wilbur las enlaza? El cuarto (donde ambas cosas han sucedido) es una excusa para que no nos demos cuenta de que ambas cosas están siendo comparadas, “cae como un guante”. El cuarto es lo que en literatura llamamos el “verosímil”, lo que garantiza la legitimidad de esa caja de resonancias compleja. Pero las reflectáforas se refractan entre sí y crean un entramado más complejo: la niña -por decisión del poeta- se parece al pájaro, pero es el padre quien trata de escribir un poema sobre las posibles emociones de su hija, por lo tanto, la hija que escribe es el padre que también, y el padre es –y no es- el pájaro. Por lo cual, descubrir qué le pasa a su hija es cuestión de vida y muerte, puntualiza Rafael. Al comienzo, cuando se dice simplonamente que la vida es como un viaje estamos haciendo uso de una metáfora cancelada, de una sustitución automática que carece de electricidad de matices: “ahí no se me mueve un pelo”, y se pregunta, “pero ¿por qué la segunda vez que pienso en que la hija que escribe emprende un viaje, y que ese viaje es de vida o muerte, mi emoción se amplifica hasta el punto de ponerme a llorar? ¿Qué ocurre, qué le hace a mi cerebro ese pájaro ensangrentado en el medio, esa imagen escandalosa, esa catástrofe de la razón?” Esto remite a ser padre y tratar de desentrañar qué piensan los hijos cuando hacen lo que hacen, hijos que son “nuestra responsabilidad y nuestra impotencia, y eso se parece a algo que me pasa, como el baño de Arquímedes; las reflectáforas (cuando están bien dispuestas) me hacen creer que hay una solución en el cruce de ambos marcos de referencia, hacen que esa niña cruzada con el pájaro, me resuene de una manera reveladora”. Los físicos lo explican en el hecho de que no hay linealidad en este poema. El poema se llama The Writer, no  “La escritora”, ya que al no haber género en el sustantivo en lengua inglesa, bien podría llamarse ”El escritor”, esta ambigüedad del idioma original, no permite pensar quién protagoniza la situación dramática. Es un poema reflectafórico: la casa es una metáfora de la hija, en su cuarto, el pájaro ensangrentado, esa habitación es (y no es) el cerebro de la hija que trata de buscar el cuento, como si el cuento fuera a enfilar correctamente, hacia la ventana correcta, y si falla es muerta.

     Rafael nos muestra cómo el poema nos lleva a reflexionar sobre el acto de escritura, sobre qué le ocurre al padre cuando escribe, no a la hija, y todo esto conmueve gracias al pájaro, por su forma de combinar las imágenes. En el poema de Gallardo (Ver Segunda Parte); vapor, tintorería y rector en calzoncillos, se arma otra combinatoria. Rafael es interpelado por este poema y se pregunta: “¿por qué sé que esa imagen –como la que asaltara sin razón a Blixa Bargeld en el Prado (Segunda Parte)- me acompañará hasta mi muerte?”

     La combinatoria de marcos de referencia amplifica la sensibilidad, y notamos que en el poema hay mucho más por desentrañar por la cantidad de matices que contiene. Padre e hija pueden ser elementos que no están tan lejos los unos de los otros, pero un rector y una tintorería, y los calzoncillos y las lenguas orientales están algo más lejos: encontrar objetos distantes y hacer que se combinen por primera vez de esa manera es un acto de creatividad. Pero la creatividad no parece ser la única clave de la escritura. También, por el desgaste que produce la cultura hay que tener en cuenta cierto grado de originalidad. Si esta misma combinación de imágenes a alguien ya se le ocurrió antes, la cultura tendrá sus respuestas racionales y responderá desde la razón, desde una mera interpretación automática de signos, como un diccionario, por lo cual, no se percibirá “la electricidad de matices” que la explicación anula. En el fractal hay auto similitud en distintas escalas: el cuarto se parece a la hija, el pájaro buscando la ventana se parece a la hija buscando el cuento, y el padre –un escritor que parece desconocer de pronto tosió sobre su oficio- se parece a la hija escribiendo el poema. El detalle: hija,  pájaro, viaje, guante ensangrentado, cada objeto nuevo es en detalle la parte de la creación del fractal amplificando su polisemia.

     El trabajo de análisis es contrario a “una mera interpretación automática de signos”, es estar a la escucha de los infinitos matices que se repiten y que se diferencian en el discurso del analizante. Ese discurso, desde mi punto de vista, no involucra solo la palabra, sino implica todas las manifestaciones de lo Inconsciente (lo pre-verbai, el cuerpo) es parte del lenguaje fractal y el análisis es una puesta en figurabilidad de ese fractal. ¿Qué “paisaje”, qué “dibujo” nuevo o qué “melodía” construirá el analizante con su polifonía de voces?

Luego de finalizar esta extraordinaria clase de  dramaturgia de Rafael Spregelburd (desde mi escucha, una genial clase de psicología), reapareció en mi menta una frase alguna vez leída: “Encontré el sentido de la vida. Es para el otro lado”

     

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