AL DIVAN

AL DIVAN: JORGE SUAREZ

Luego de emocionarme, reír y llorar por tercera vez con la obra teatral: “Manzi: una vida en orsai”, esperé a Jorge Suárez a la salida del Teatro Tabaris. Me presenté y le pedí una entrevista. Con mucha calidez me dio su teléfono y acordamos la cita en mi consultorio. No requirió más nada que ese breve encuentro y un intercambio telefónico, y claro, saber que Julia Calvo, amiga del alma – con quien comparte el co-protagónico de la obra – ya se había animado a ir Al Diván. Y fue así como Jorge depositó su confianza en EL INCONSCIENTE, pero sobre todo, en el suyo propio, dejándose guiar por sus sentimientos y por su sensibilidad.

DSC_0393 - copia

Por Dra. Raquel Tesone

Fotos: Alejandra Molinas

Peinados y Maquillaje: Johana Herrera

Indumentaria y Calzados: Tango Imagen

Instalaciones: Bar Chalmers

 

Soy todo tuyo, podés preguntarme lo que te parezca que estoy abierto.

 

Cuando te llamé por teléfono me comentaste que tenés muchos años de análisis. ¿Querés empezar por ahí?

 

Si, cierto, empecé a analizarme a los 19 años. Era muy joven y fui porque ya en ese entonces estaba estudiando teatro, estaba viviendo muchos cambios y necesitaba concretamente alguien que me ayudara con todo lo que estaba viviendo. Vengo de una familia que tenía una fonda en el barrio de Villa Crespo, y yo, que no iba a seguir sus pasos, ya había tomado la decisión de seguir actuación, y era otro camino diferente. Conté con todo el apoyo de mis padres, ellos fueron muy afectuosos y me apoyaron en todo momento. Pensá que yo vivía en un universo muy diferente al de otros chicos, mi madre cocinaba muchísimo, ella era sagrada para mí, mi padre era un ser muy querible, muy simpático que tenía muchísimos amigos, y yo hijo único, en todo ese triángulo. Era muy tímido. Ahí en ese restaurant donde había todo un mundo, yo conocía toda la interna, además, había un público que me quería mucho.

 

Igual que ahora, el público te quiere mucho. Y ese mundo en el restaurant, ¿sería como una especie de teatro para vos?

 

Podría ser (sonríe). A mi me pedían que canté, yo de chico tocaba la guitarra, pero como te dije era muy tímido. Sin embargo, cantaba en las reuniones familiares, mi tío me pedía por favor que lleve la guitarra, y yo lo hacía y ahí perdía la timidez. Pero a los 16 años no quise cantar más.

 

¿Hasta que hiciste la obra de Manzi?

 

Si, aunque en algunas reuniones íntimas con Julia Calvo, que somos amigos desde hace muchos años, cantamos, pero yo la dejo más a ella, y después, quizás, entro yo. Y por toda esa timidez, yo tengo mucho miedo antes de salir al escenario, para mí es una gran responsabilidad. Pienso que me tengo que entregar por entero, y siento que tengo que dar lo mejor de mi al público. Entonces, ese momento previo a la salida al escenario, me siento con mucho miedo. Además de lo que tengo que brindar al público, está el placer de actuar, claro, no es algo masturbatorio. Es algo parecido a lo que me sucedió ayer caminando por la calle, me paré a ver una reja que tenía un trabajo de herrería impresionante y yo admirando ese trabajo, me preguntaba: ¿dónde están los herreros que hacen esto hoy? En este mundo capitalista donde el artesano no está valorado, para mí, tiene un valor agregado quién hace algo artesanal. Así como también valoro los encuentros… Hoy me contaba un amigo que para conocer una mujer, chatea durante varios días para poder llegar a encontrarse, y vaya a saber si se encuentra; y si lo hace, anda a saber si puede conectar… A veces pienso que nací en otra época, no me adapto a estas formas. Soy alguien que percibe mucho todo, tengo mucha información y capto mucho. Estoy acá y pienso cosas innecesarias, pero se me pasan por la cabeza, como por ejemplo, será que vos pintaste estos cuadros que tenés acá, y cada detalle de tu consultorio, lo percibo, lo analizo, y decime: ¡¿para qué?! (risas).

 

Tal vez por esa forma de ser, es tan necesario contar con un espacio para pensar y analizar esa percepción del mundo, así poder procesarla y hacerla producir.

 

Si, tener esa observación, a mí constituye como actor, esa percepción afilada, esa desesperación por saber, y por eso, hice análisis durante diez años con un muy buen terapeuta. Luego hice otros diez años con una terapeuta mujer, ya que volví a analizarme luego de la muerte de mi padre, fue muy duro para mí, porque me quedé huérfano. No tenía tan claro que la orfandad era tan parecida a la soledad infinita. Es la muerte de la incondicionalidad. Tuve la suerte que me criaran con amor, con ternura, con guerra también…, como la vida. Al tiempo de la muerte de mi padre, me operaron y me pusieron 3 bypass. Fui por un dolor en la pantorrilla, y me dijeron que me tenía que quedar internado porque en cinco días me tenía que operar. Lo recibí con mucha tranquilidad, y me dije: “que hagan lo que tengan que hacer”. Recuerdo que vino Agustín, mi hijo, y me dijo que no era casual lo que me está pasando: “tenés que pensar que quizás esto implique que tengas que modificar algo esencial de tu persona”.

DSC_0412 - copia

¿Y qué sería eso tan esencial para modificar?

 

Mis niveles de entrega, sobre todo emocional, corporal, ser más cuidadoso, más precavido porque nosotros en el escenario, no todos, nos entregamos de una manera íntegra a la construcción de otro diferente. Solo enderezar la columna un centímetro durante dos horas, significa algo muy sustancioso para el cuerpo. Por ejemplo, cuando construí a Freud, le presté, de una manera desmedida, pero apasionante, mi cuerpo y mi voz, que es uno de los lugares más íntimos el cuerpo. Eso durante cada función. Y además, le tenemos que hacer un pequeño monolito a mi señora que hacía el amor con Freud (risas), y no le disgustaba nada (risas). Hablábamos mucho con Agustín de esta entrega y que venía fumando a gusto desde los 13 años, y esto tiene que ver con la operación, obviamente. Y fijate que digo: “a gusto”, porque no podría  fumar de otra manera, como las personas que fuman 5 o 10 cigarrillos por día. Es que así vivo la vida, tuve la suerte de viajar muchísimo, es algo que me gusta mucho viajar, y ahora ver que todo cuesta tanto y que no se puede…, eso me pone mal. Imaginate que cuando mi hijo Agustín se fue de casa, lloré un mes seguido, y eso que tengo a Violeta de 14 años. Agustín tenía 21 años y sabía que necesitaba irse, pero igual lloré mucho.

 

Parece que amas, escuchas y aprendes mucho de tu hijo.

 

Como de mis alumnos, yo aprendí muchísimo. Lo que me hace aprender de mi hijo es el espejo, es verme reflejado y decirme: “esto no tendría que ser así, tengo que modificarlo”; porque a veces me enojo mucho, y después reflexiono, y pienso “pero si yo soy igual”. Y con mis alumnos, aprendo de la inseguridad, de la inquietud, de la duda, renuevo el deseo a través de ellos. Mi especialidad es la técnica vocal para el actor, descubrí que es como la planta de los pies, un lugar intimo y es conmovedor intercambiar con un alumno y hacer que se dé cuenta de todo lo que transmite y todo lo que se puede hacer con la voz actuando.

 

¿Sería como quedarse sin “voz” pero con “s”, la partida de tu hijo, y la pérdida de tus padres?

 

Eso sería como quedarme sin la China, es quedarme sin mí, porque para mi la China es un amor construido, es hermoso encontrarse con alguien así en la vida. Lo más parecido al amor incondicional. Ni quiero pensar de no tener a La China… Yo amo a mi mujer, a mi familia. Quizás tendría que poner algún tipo de corazita en mi corazón. Soy una persona que tengo mucho amor para dar, soy muy tierno. Así como tengo mucho carácter y me hace muy mal vivir en este mundo capitalista. Salgo a la calle y noto esta violencia, no puedo no percibirla. El otro día veo que me pasa una moto al ras del auto y casi me lleva por delante, y para colmo, me entero que si eso ocurriese, soy yo el que tendría la culpa.

DSC_0427 - copia

Y todo lo que te rodea te implica y te toca el corazón, y eso se percibe cuando interpretas tus personajes. En el parlamento donde interpretas a Manzi en el momento que se entera que su enfermedad es terminal, él dice que es joven aún y tiene tanto para seguir dando al mundo, ¿hay algo que se jugó de vos en esa escena tan conmovedora?

 

Esa parte que Manzi dice, perdón, yo haciendo de Manzi (risas), que soy joven y no me quiero morir, que tengo aún tanto para dar, la incluí yo. Le pedí a Betty poder decir esto. Ahora te digo que tengo una mirada particular al respecto, porque pienso que un ser como Manzi, si hubiera enfermado veinte o treinta años después, hubiese sentido lo mismo. Es ese tipo de personas que tienen un gran talento y un gran corazón para escribir así y que nunca están listos para morir, son los imprescindibles.

 

Y al igual que Manzi, nunca estarás listo ya que parece que siempre hay más para brindar al mundo. ¿Esto tuvo algo que ver con la elección de ser actor?

 

En realidad, iba a ser médico hasta que le dije a mi padre que quería ser actor. Me acuerdo bien que él me contestó: “hacelo, pero hacelo bien”. El quiso decir que lo haga con la misma responsabilidad como si hiciera medicina. Pero, claro, eso me quedó acá (señala con la mano su garganta)… ¡Con la voz…!

 

¡Te interpretás solito! (Risas). Entonces el temor antes de salir al escenario, ¿puede tener relación con la manera en que resignificaste estas palabras de tu padre, con ese grado de responsabilidad que emprendes tu profesión como si fuera la medicina?

 

Y eso lo estoy trabajando en mi análisis, porque además salir a escena es salir desde acá dentro (se toca el vientre).

 

Es como un parto.

 

Si, y es dar algo al mundo. Fijate que cuando mi madre esta por la mitad del embarazo, le anunciaron que debería cortarlo, que era muy riesgoso para los ambos, para el bebé y para ella. Y ella dijo: “yo sigo adelante”. Esto lo agrego yo, ella quería ser madre, y además pienso que quería darle un hijo de ese hombre que amaba. Entonces, salir a escena es salir al mundo, es salir a la luz.

 

¿Y enfrentar ese “parto” es algo que te remite al riesgo de muerte de tu madre antes de tu nacimiento?

 

Como yo sobreviví a todo eso y ella no murió, entonces, salir a escena, es el desafío a la muerte.

 

¿Y el arte, será desafiar a la muerte?

 

Entre otras cosas, si.

 

Dejamos acá.
DSC_0441 - copia

Del otro lado del diván:

 

Jorge es un ser amoroso, desparrama ternura al hablar, y la vehiculiza sobre todo, en el tono de su voz, y además, en su mirada, y en su forma ampulosa de gesticular. El afronta su timidez con una natural empatía, a través de una rápida conexión emocional que establece con su interlocutor (con la fotógrafa en pocos minutos observó detalles interesantes). Es así como logra vencer su timidez, con ese  poder de observación que le permite tomar un contacto muy profundo con su entorno y con el otro. Jorge me trataba y me hacía sentir en un ambiente íntimo, (como si fuéramos amigos de toda la vida), entregado a la experiencia a “corazón abierto”, dejándose llevar y movilizando sus emociones durante el diálogo sin tapujos. Es él quien generaba los climas en función de lo que iba relatando y muy pendiente de sostener el interés de vincularse de manera espontánea con mis intervenciones. Sabe pensar con el otro, y encuentra placer en ese trabajo de pensamiento “entre dos”. Quizás, ¿sea por estas características que hacen a las cualidades de un psicoanalista, que el personaje de Freud, lo interpretó de forma tan creíble y maravillosa? Indudablemente, su conexión emocional, su aguda observación y su capacidad de auto-análisis, lo hacen ser ese actor que es, los que son, como él dice, “imprescindibles”.

La intensidad con que valora sus relaciones, el amor que despliega, hace que toda separación se viva de manera dolorosa, como un “golpe al corazón” (orfandad, ante la muerte de sus padres, desgarro, ante la partida de su hijo al dejar la casa parental). El tiene la capacidad de amar de manera fusional, y por eso, es impensable la pérdida, en tanto, él es el otro, y teme perderse él al perder al otro. Sin embargo, todo el amor de sus padres ha sido internalizado por él, él porta a esos otros que ama, sin perderse él mismo en el deseo del otro. Por eso, en su adolescencia pudo tomar la decisión de no ocupar el lugar deseado por sus padres (“no seguir sus pasos”) y no dar continuidad al legado familiar del restaurant, así como no responder al deseo familiar de cantar en las reuniones. Esta decisión le abrió la posibilidad de seguir su propio destino, y por suerte, no seguir con la fonda de sus padres, pero si volver a cantar en público, gracias a su personaje Manzi, y uno tiene ganas, como sus padres, de pedirle “canta más”.

Jorge toma la responsabilidad de ser actor como si fuera un médico, como si se jugara la vida o la muerte (como fumaba: a todo o nada) Fue un médico que dictaminó que él y su madre estaban en riesgo, y él terminó no identificándose con un médico que omnipotentemente sentenciaba la muerte (aunque si, con un médico como Freud, padre del psicoanálisis). Jorge sabe que cada vez que sale al escenario, da a luz a sus personajes, lo cual, engendra el miedo a parir desafiando a la muerte. Vivir la vida con desmesura, ¿no es el signo del héroe que trasciende a la muerte en cada escena de su vida?  ¿Y acaso el arte, no es una forma de eternizar aquello que se ama?

Jorge está elaborando estas cuestiones para seguir dando al mundo su arte actoral y el amor a sus seres queridos, para ejercitarse en saber brindar, y al mismo tiempo, resguardar, su cuerpo y su alma para sí mismo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s