AL DIVAN

AL DIVÁN: OSVALDO PEREDO

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Al diván:  Osvaldo Peredo

Osvaldo Peredo es más que un cantante de tango, es un artista que interpreta el tango y con cada canción nos cuenta una historia logrando conmover al público hasta las lágrimas. Osvaldo Peredo fue distinguido como Personalidad Destacada de la Cultura, ya que  es una figura emblemática del universo tanguero de nuestra ciudad y por lo tanto, un icono de la argentinidad. Sus mayores seguidores son los jóvenes a los que supo llegar cantando desde el alma. Aceptó la entrevista de EL INCONSCIENTE con una humildad inmensamente tierna como su mirada y su sonrisa y con su característico sentido del humor, se ofreció a recostarse en el diván para reflexionar…

Por Dra. Raquel Tesone

Fotografías: Damián Barbero (fotos diván)

Es un placer para mí estar acá y es como cuando canto, ver la expresión de tu cara caras me estimula, y me guía. Como en Chanta4 que mientras cantaba buscaba tu cara para saber cómo salía lo mío porque sé que sos receptora y que hay gente que no sabe recibir….

Entonces ¿vos no podrías analizarte recostado en el diván? ¿Necesitas el espejo del otro, su mirada?

Puede ser, nunca lo hice. Es la primera vez que vengo a analizarme. Necesito tu respuesta, tu mirada… cuando cantabas me hizo muy bien, sabía que estabas en la cosa, lo tuyo está desarrollado por lo que haces, por algo estás en esto ¿no?

¿Será ese tu talento? ¿Despertar emociones en el otro y que el otro te las devuelva?

Decir talento es mucho. No creo que sea talentoso, hago las cosas bien, o quizás algo de mi talento sea llegar a la gente… Yo no escribo mis canciones, trato de contar a la gente los temas que canto, creo que soy simple para expresarlo, no es lo mismo hablar de un tipo que está en la buena o que está en la mala, quiero contar eso, la verdad de lo que está contando quién escribe sin agregarle ningún aderezo… Pero no sé si tengo talento… Hay diez millones de jugadores de futbol pero hay un solo Maradona, un solo Gardel… Eso es talento, comparado con esa gente, no soy especial, soy de los que cantan bien, porque ellos fueron creadores, Gardel no copio a nadie, lo inventó él. Por naturaleza, los cantantes somos loros.

¡Pero hay también un solo Osvaldo Peredo! Cuando te escucho cantar, me haces imaginar esa historia y hasta el personaje que lo protagoniza. Por ejemplo, en teatro, he visto a mis compañeros y otros actores, realizar excelentes interpretaciones de Rosita La Solterona, pero después de ver en el escenario la composición de Cristina Banegas, no me puedo imaginar a  otra Rosita que aquella que ella re-presentó. Esa es Rosita para mí, y por siempre. Eso solo lo sabe transmitir un gran artista.

Ojalá tengas razón (risas), pero ya entré en la vanidad (risas). Lo más lindo no es lo que yo recibo, sino lo que yo le doy al otro, no que me digan: “qué buen cantante”, sino lo que te hago sentir, eso lo vas a llevar para siempre. Hay mucha gente que me halaga, pero con la fuerza que vos me dijiste lo emocionada que estabas al escucharme… ¡hasta me lo creí! Tu expresión me ayudó a creer más en mi.

Y vos ¿no crees en vos?

Alguien que me ayudó a creer en mí, fue mi hijo cuando me dijo: “nunca te oí cantar mejor como cuando cantas solo, los acompañamientos ponen lo de ellos. Vos no tenés que amasar ni retocar nada, no cantas vos es tu interior

Y aquí ¿me vas a “cantar” tu propia historia?

(Risas) Tal vez acá estoy escondiendo algo y cuando canto no, pero quiero ser sincero acá, porque en la vida hay dos cosas: ir al frente o pegarse un tiro. Yo no pensé en la muerte, pero hubo veces que pegué en el poste, puede ser en un acceso de desesperación, como por ejemplo, si tendría que joder a mucha gente y alguien tuviera que atenderme, conseguirme una pastillita, o algo asi. Tengo dos hijos y no me gustaría molestarlos, porque la vida les dio un tiempo y yo se los estaría haciendo perder. Por eso hay que reír, por eso cuanto más vivo me doy cuenta que importante es reír, y lo que te gusta hay que tomarlo bien, es que se te va el colectivo, y se va. Me di algunos gustos, jugué al futbol con los mejores del mundo, y terminé jugando en Medellín, creo que amé, mis hijos están bien, y ellos son más importantes que mi salud. Mis hijos son lo que tengo, porque son jóvenes ahora, el día de mañana, la vida les cobrara los años, pero no es lo mismo que un hijo se vaya de joven que se vaya a los ochenta. Deberíamos vivir muchos años, pero vivir bien, y aprovecharla, “las horas que pasan ya no vuelven más” (canta). Siento que el minuto que pasa ya no vuelve más, me agarra desesperación por vivir. Borges decía que si hubiese vivido más, hubiera sido más malo, ser y largar todo. Eso lo hago al cantar, y cada vez más, pero hay un filtro que es el personaje.

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¿Y quién está detrás del personaje? ¿Quién viene a consultar acá?

Ahí sacaste algo… Estoy convencido que el que canta no es el dueño de la cosa, sino lo que escribió el tipo. No es Osvaldo Peredo, sino el personaje de la historia de cada canción es el que canta. El que vendría acá a consultar es el que busca una vida más en paz. Capaz aquí encuentre en mi hasta algo mejor, pero me da miedo sacarlo. Sin ser miedoso soy miedoso. Tengo miedo a fallar a la gente, a mi no me perdono, a los demás, si. Mis fallas me quedan. A veces, soy parco. Me gustan mucho las cosas comunes, sin decir tanto te quiero, demostrarlo, como un dicho “si me querés, damélo en efectivo”.

(Risas) ¿Y quién es Osvaldo Peredo más allá de los personajes que interpretas en tus canciones?

Un tipo simple, tal vez lo más complicado es que no tengo garras, yo no me tiro al río porque no sé nadar. Veo una mujer que me gusta y no se lo digo, tengo miedo de quedar colgado. Soy flojo en intentar.

¿Te arrepentís de algo que no hayas intentado?

Tal vez si hubiese intentado, hoy no estaría tranquilo. Entre mucho dinero y la paz, prefiero la paz. Mucho dinero es lo suficiente para vivir. Ser un hombre clase media, clase superior o clase baja. El dinero joroba al mundo. El dinero pone precio a todo, al amor, a la nobleza, a la dignidad, a todo. (Silencio) El problema del dinero es que es necesario. Hay un dinero necesario, y en una de esas te sobra, hay gente que tiene 5 colchones y hay otro necesita 5 y tiene un solo colchón. Capaz que podría cantar mejor, siempre se puede ser más, pero para iniciar el camino a la victoria, hay que ser valiente. Te tiene que importar la victoria. Y yo encontré mi valor, en los personajes. Pienso que los aplausos no son para mí, sino para el personaje que vivió todo eso y para el compositor del tema que canto, porque es él que me da la oportunidad de contar eso que yo no escribo. El aplauso tendría que ser compartido. No me aplauden porque soy lindo y tengo mucho pelo (risas). ¡Qué risa que tenés, vos sí que te reís en serio! ¡Viva la risa! Es tan agradable tus colores, tus facciones, sos una usina de energía, no quisiera estar cerca cuando te enojas (risas.) Yo busco dentro mío para después usar eso que siento, y después lo más lindo, cuando canto es la recepción de la gente, sin ustedes ¿qué hacemos? De joven no era como ahora, ya tenía algo cuando empecé, pero mi única vanidad es que canto para que el otro goce, para que vos vibres, y lo que me queda dentro es la vibración del otro. Dicen que el tango lo entendés más cuando sos mayor.

Hay otras músicas que son románticas o tristes como los boleros que me encantan, pero hay otras que me sacan. El canto de un zorzal o la campana de una Iglesia no me molesta, pero una frenada si. En cambio, el tango da para pensar. A los 20 no era el mismo para entender el tanto, aunque ya tenía el repertorio de Pugliese. Nada lo busqué. Me vieron jugar a los 16 años y me llamaron de San Lorenzo. Partí primero a Barranquilla como jugador de futbol, jugué y no estaba preparado, era un cantor y no fue bueno mi debut. Pero después de un mes de playa y vida de jugador de futbol, no mentí, ahí estaba él que era yo, y la rompí (risas). Ahora mismo soy capaz de jugar si me dan las tabas, tengo talento para eso.  Pero no soy popular, no juego al futbol, no nado, no bailo, no juego al truco, no toco instrumento, a mi me gustaba la cancha de todos los días que es la calle, pasaba un tranvía una vez por mes. San Lorenzo no entrenaba como ahora, iba una vez por semana. Mi padre me apoyaba en todo.  Mi padre no fue nada, pero fue mi viejo. Mi mamá era otra cosa, era muy dulce. Mi papá le gustaba tocar un poco la guitarra, el boxeo, algo que me marcó cuando me fui a Colombia, tomamos un taxi y mi viejo casi lloraba, pero no lloró. Hay una canción que dice: “se fue el amigo que necesito”. Con mi hermana también, teníamos fiebre y ahí estaba. De mi madre no conocí a sus padres, era una mujer muy sufrida de ascendencia italiana. A mis abuelos paternos si los conocí. En Baranquilla, conocí una mujer que me marcó, ella era mayor que yo, era casada, y yo la visitaba en la casa. Después el tango vino a mí, y me fui a Medellín, y me fui por siete 7 años. Pienso lo que le habré causado a mi mamá un dolor muy grande. Al volver ya tenía 30 y estaba casi medio peladito, ella sufrió como toda madre al ver que yo no era el mismo. Mi primer amor fue antes de irme cuando trabajaba en el servicio meteorológico, aunque yo creo que nunca me enamoré del todo… Porque creo que un enamorado puede hacer de todo. Con la madre de mis hijos, ya estaba de vuelta, desubicado de la nada, pero tuve mis dos mejores interpretaciones: mis hijos. En Medellín tuve muchas historias, pero con un pie allá y uno acá, sabía que quería volver.

Tenías una buena excusa para no comprometerte con ninguna mujer.

(Risas) Al volver de Colombia me puse a vender libros, y no vendía nada, después fui albañil, igual cantaba cuando salía algo. Pero nunca entré en ninguna orquesta, ninguna me aceptó. Después me casé, manejé un taxi y trabajé una empresa de limpieza para ganar nada. Volví al tango y manejando me chocaron en Independencia y Perú, un coche que pasó en rojo. Ahí tuve que dejar el taxi, después conocí a la familia Medina, y luego me jubilé. ¿Ves los miedos míos? No tuve el valor de largar todo, como otros muchachos que se hicieron cantantes. Yo no, traté de laburar y al jubilarme, vivía muy humildemente y vivo así,  y ahí me salió el boliche de Roberto. Ahí fui con Medina, ahí se inició Ardit, hacían cumbias, rock pero en ese momento no había nadie, era el único que había en ese momento, ahora hay muchos boliches así.

¿Y por qué tanto miedo? ¿No confiabas que podrías tener éxito como cantante?

¿Miedo a pasar hambre será? Un hombre me dijo que yo no sería capaz de pedir favores, me da cosa pedir, cuando pedí no conseguí. Un amigo mío decía: “vos estas acostumbrado a que te den, nunca la peleas”.

¿Y en el amor te pasó lo mismo?

Si. Quisiera perder el miedo a perder. Se que habría que desentrañar algo más que no puedo ver.

Parece que es como el tango: “para ganar primero perdí”.

Nunca me jugué, podría haber armado algo, pero me llaman los que me conocen, nunca me animé a armar mi propia orquesta, eso es jugarse, armar y poner la caripela, eso es lo que no me animo. Es que no concibo perder… A veces pienso que no tengo tanto para dar…. Tal vez, no me ofrezco entero, subirme a los árboles, caminar por las paredes por alguien, tal vez no soy capaz de eso, y tal vez, con el tango es igual.

Quizás por eso, en el fondo no quisiste tener ninguna orquesta, inconscientemente hacías algo para que no te tomen.

Es la vida, no me eches la culpa a mi (risas).

¿Es la vida que necesitaste vivir para llegar a esto que sos ahora? ¿Estarás deseando superar tus miedos?

Si, es verdad, como cantor me juego, pero no como empresa. ¿Será por eso que mi problema es el dinero? Quiero que el mejor cantante siga siendo Gardel, como el mejor viejo del mundo fue mi viejo, por eso, mi viejo no fue  ministro de economía, ni jugador de futbol, él era papá, nada más. En cambio yo no fui completo como padre, a mis hijos los veo más papá que a mí mismo. Quizás para ser papá hay que tener dos personas, sin tener carácter, el otro no te deja ser el papá que hubiera querido ser. Aunque el culpable fui yo, pero no primó el amor luego de la separación… Quizás el mejor tiempo me toca ahora. Yo veo muchos cantantes que se la gastaron toda a la vida, en el amor, y en la guita y como cantor, empezaron de más a menos. Me gusta haber empezado de menos a más.

¿Ahorraste la energía para alargar tu vida ahora?

Puede ser que el más inteligente que hay en mí y que es mi Inconsciente, porque el lógico no, ese, no me da para hacer eso. Me pasó de tener a los dos pibes chiquitos y no tener para un mejoralito, pero reconozco que yo ya venía con los miedos que estaban de antes, pero quizás si me hubiera tirado antes, hoy no estaría tan arriba, sino abajo. Y creo que hay algo superior que es el tiempo que me dio la vida, si me hubiera ido 30 años atrás, no sería el cantor que soy, me dio el tiempo para madurar, y sigo creyendo que todavía me falta.

¿Por eso para ganar primero perdiste? ¿Ahora te darías permiso para ganar y poder superar a tu padre?

Creo que a mi papá no le interesó jugarse, le interesó más ser padre que ser un fenómeno en otra cosa. Estoy para cantor pero no para empresario de mi mismo. Pienso como mi viejo, él con lo que tenía, estaba bien, a él le interesó ser padre más que cantante. Mi mamá era para adentro, no me decía que me quería, y cuando volví de Colombia, ella vio al “langa”, y le provoqué una desilusión de madre, como si me dijera “para qué te fuiste”. Como el tango: (canta) “sola a mi vieja la encontré en la puerta, la llamé, y me miró con esos ojos nublados por el llanto, como diciéndome: “¡porque tardaste tanto”! Fui a buscar algo pero para ella hubiera sido mejor que me quede. Quizás por eso no me acostumbro a la popularidad, no nací para ídolo, convivir, ser uno más.

Entonces hay que superar la culpa de haberte desprendido de tu madre. Esa marca edípica, esa vivencia de haberla “desilusionado” por no haberte quedado a su lado y ser un “langa”. Y parecería que estás en el mejor momento de poder elaborar tu Edipo, permitirte separarte de ella y diferenciarte de tu padre.

¡Y si te digo como continua la letra de esta canción, tenemos el análisis completo de mi Edipo! (risas). Sigue así (canta): “ya nunca más he de partir y a su lado he de vivir el amor de un gran cariño. Solo una madre nos perdona en esta vida, es la única verdad, es mentira lo demás”.

Con esta canción podemos terminar esta sesión. ¡Gracias Osvaldo!
Del otro lado del diván:

Empieza la sesión con la misma temática especular con la que finaliza este encuentro: la búsqueda de la mirada (de una madre), pero una mirada que no refleje una desilusión, por el contrario, una mirada que le quite el temor a ilusionarse y que lo estimule. Una mirada que le de acceso a su crecimiento, para  ser grande y volar  (ya sea a Colombia o hacía su deseo). Así se establece una transferencia que recorre toda la sesión, donde Osvaldo me ubica en el lugar de un espejo que le devuelve esa mirada tan necesaria para apuntalar su psiquismo. Su nombre es otro puntal que lo autorizó a saber sobre el repertorio de Osvaldo Pugliese, así como la mirada del público que lo sigue, que es vital porque lo retroalimenta.

Osvaldo trasunta más verdad en el escenario que en su propia vida. Al decir de Lacan, “la fiction a une structure de vérité”, y es en la ficción donde Osvaldo es absolutamente verdadero, por eso, detona una ovación muy conmovedora de su público. Y como dice la canción que cantó en el final de la sesión: “solo una madre nos perdona en esta vida, es la única verdad, es mentira lo demás”. Búsqueda de mirada y de perdón, demanda de amor frustrada en esa escena de reencuentro que encubre un desprendimiento traumático en su infancia.

Osvaldo al cantar, puede poner en palabras y en su voz, todas las emociones de la historia de esos otros, porque allí sí puede jugar, jugar a ser otro. En cambio, en su vida, él tenía que “jugarse”, y eso significaba perder a su madre, y ganar, implicaba diferenciarse de su padre. Si él es “Gardel”, no lo es más su padre. Es allí donde aparecen los miedos: el miedo a amar a otra mujer que no sea su madre (a transferir ese amor sin culpa), y a la vez, el miedo a superar a su padre (lo más prohibido desde el punto de vista freudiano).

Osvaldo sabe que interpreta como un actor la vida de otro, sabe que encarna aquellos personajes escritos por otro compositor, y sabe también, que ahora “es el mejor momento” de su vida. Es él quien tiene que escribir su propia historia, y como él señala: “puede ser que el más inteligente que hay en mí y que es mi Inconsciente”, le de letra para lograrlo.

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