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ENCUENTRO CON TOM PAIN Y ROGELIO GRACIA – Por Dra. Raquel Tesone

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Rogelio Gracia es un actor uruguayo. En estos momentos, está haciendo Tom Pain (basado en nada) presentada en el Camarín de las Musas, obra del dramaturgo estadounidense Will Eno que fue finalista del Premio Pulitzer, y con la que lleva realizadas más de 70 funciones en 4 países. En los últimos veinte años, ha trabajado ininterrumpidamente en cine, teatro y televisión, y también como locutor.

Por Dra. Raquel Tesone

¿Cómo sale Tom Pain después de una función en la que se conecta con la gente que lo va a ver?

Tom Pain es una obra que se completa con la gente. En la dramaturgia están planteados Tom  y el público como personajes de la obra. Entonces así como la gente se va para su casa con algo de Tom Pain, él se va a su casa con algo de lo que le pasó en ese encuentro. El público lo hace reflexionar y lo ayuda a aliviar el dolor que él carga, incluso desde su apellido. Se va más liviano. Poder compartir esas vivencias que tiene, sus dolores y desamparos de la infancia que  arrastra en su vida adulta, que por momentos, le parece tan trágica y tan absurda… tener una audiencia a la que le haya pasado algo parecido, le da una sensación liberadora. Lo que le pasa a Tom, también nos pasa a nosotros: hablar y compartir dolores, además de exorcizarlos, hace crecer. Darle nombre a las cosas, nombrarlas y ponerlas en un lugar, y ver los problemas a una distancia más o menos prudente, siempre ayuda. Si los problemas uno los ve dentro de uno, se transforma en el problema. En cambio, si uno puede visualizarlos, capaz que al verlos, se puede pensar que en definitiva no son tan importantes, y trabajar sobre ellos con buenos resultados.

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Entonces, Tom Pain necesita que lo escuchen para relativizar sus problemas, pero ¿tiene esperanzas de ser escuchado?

Parecería por momentos no tener ninguna expectativa, es una persona bastante cambiante en ese aspecto, y por momentos, sí, mantiene una ilusión… Ese encuentro que sostiene con la gente, bien podría ser un encuentro provocado y deseado por él o, simplemente, pasaba por ahí, vi un grupo de gente y aprovecho para contar mi historia, eso dependerá de cómo se lo mire. Me gusta que la obra se explique sola y que cada espectador se lleve su propio Tom. Por eso me resulta difícil hablar desde él, más allá de la obra, porque no quisiera acotar la vivencia y experiencia de cada persona. De la misma manera que te digo que Tom Pain se puede encontrar con otro Tom Pain en la platea, se puede encontrar con otro totalmente diferente. Cada uno de los que estén ahí tendrá una vivencia distinta de ese encuentro. Esta obra genera una apertura y un espejo tan enorme, y tan multicolor en el espectador que no quisiera acotar ese reflejo con mi lectura. Eso es para lo que nosotros trabajamos; es parte de lo que a mí me conmovió y de lo que me gusta de este tipo de obra. Muy abierta hacia el público.  El punto de vista que vos tuviste el día que la viste puede ser radicalmente opuesto al que estaba sentado al lado tuyo. Vos tenés tu recorrido en esta vida, tus dolores de tu infancia, tus desamores de tu vida adulta, pudiste haber tenido un desamparo o no en tu infancia, todo eso hace que el teatro y más una obra como Tom Pain, genere en vos una experiencia única.

Yo perdí un perro que amaba cuando era chica, y esa parte de la historia me movilizó profundamente. El resto también…

¿Viste lo que es? Mi hijo perdió un perrito hace pocos meses y la obra la vio muchas veces, y con lo del perrito yo lo abrazaba y le decía: “Tommy, esto del perrito…” Y él ve siempre la obra, pero la próxima vez que la vea, la va a resignificar de otra manera muy distinta. La otra vez a la salida me dice una señora: “en la parte que dice tal cosa, ¿es por tal y tal cosa no?” y le digo: “¿vos pensás eso?, y me responde: “sí”, entonces le dije: “es”.  Porque lo que vos sentís no se equivoca. Si vos sentís frío, para vos, está frío. Si el otro no tiene frío, no quiere decir que para vos no haya frío, vos tenés frío igual.

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Es muy fuerte los sentimientos que despierta en el público y por eso, me interesa indagar qué siente Tom Pain porque parecería que algo de lo que ocurre en nuestra época, es la dificultad de que exista otro que tenga empatía. Tom se acerca a una mujer proponiendo un encuentro y luego, se desdice, y le pide que se olvide, donde algo de lo humano se deshumaniza…

La experiencia humana. Eso vive Tom Pain, esa experiencia muy contemporánea, obvio, en una forma poética, teatral, una forma que tiene belleza. Es la experiencia humana contemporánea, por momentos absurda, sin un sentido aparente, en otros momentos, de un dolor inmenso y de preguntarnos por qué, pero también con esto de estar vivos y de sentir. Es alguien golpeado, quiere ser más gracioso, más relajado pero todavía no le sale. Puede estar transitando un camino hacia otro lugar pero todavía le duele bastante.

¿Es por sus dolores y por sus miedos que teme volver a enamorarse?

No es tan sencillo, es una muy buena pregunta, creo que en general cuesta relacionarse, por la propia condición humana. Si uno lee los grandes dramas históricos también hay desconexión humana, no es producto de internet. Hay gente que dice que los celulares nos volvieron más aislados, pienso que no. La herramienta no tiene la culpa.

Es como la usas, si se usa para conectar, servirá para conectar y si esas herramientas se usan para desconectar, ese será el resultado. Para mi es mágico el celular, puedo estar cerca de amigos del mundo y atender pacientes en cualquier lugar por videoconferencia.

Claro, lo mismo puede pasar con un libro. “Che, ¿estás desconectado de todo?” No. El gurí no está conectado con vos, sino con otra cosa del mundo. Esa dificultad de relacionarnos es más compleja, pienso que la condición humana es muy perfectible. Si uno lee Shakespeare o la tragedia griega, ahí están los conflictos de la humanidad, si uno lee “Epicteto”, ahí están los problemas contemporáneos, los mismos que en los libros de autoayuda de hoy. Lo budista que está tan de moda ahora es milenario. La culpa no es de internet, ni whatsapp ni Facebook. Es como echarle la culpa al martillo porque alguien la usó para pegarle a otro. Un día mi hijo cuando era más chico me preguntó: ¿la computadora es mala, papá? No, la computadora no es ni mala ni buena, malo o bueno es el uso que vos le vas a dar, igual que el martillo, puede servir para reparar, para construir o para matar a alguien o destruir. La herramienta no es ni mala ni buena, es una herramienta, le podes dar un buen uso o un mal uso. Lo mismo puede pasar con la alimentación, o mismo con la lectura, si te la pasas leyendo revista de chimentos, no es lo mismo que si te la pasas leyendo algo para elevar tu cultura. Y la lectura es lectura. Como decía Paracelso: “no existen los venenos, sino las dosis”

¡Buenísima frase!

Dicen que una nuez moscada entera, te mata. Volviendo a lo que hablábamos de lo contemporáneo, se dice que muchos de nuestros males son porque vivimos en esta época de desconexión por lo tecnológico, se demoniza mucho internet, las redes, los celulares, pero en la Segunda Guerra Mundial se mataron millones de personas, y no había internet, y hubo un Holocausto y ponían personas en hornos, y no había ni internet ni Facebook. El problema es la condición humana, no las herramientas que el hombre va desarrollando. El otro día un amigo me mostró una carta que le escribió su jefe por unas declaraciones que él había hecho y a este hombre no le habían gustado, ¡y era tremendo! Yo le dije que eso era una paja enorme, y la paja anda hacértela a tu casa y no en el trabajo. No se le está pagando el sueldo a ese hombre para redactar de forma barroca su descontento por pavadas, sino para trabajar. Pero ahí estaba eso, condición humana. Un hombre tratando de ejercer poder sobre otro porque no piensa como él. Psicopateando. El origen de muchas guerras y conflictos, ¿no? La intolerancia. Esta desconexión humana no sé si tiene que ver con el miedo, las angustias, pero si con la condición humana. Parece que no aprendemos más. Y hablando sobre Tom Pain, la infancia es su problema clave, como el de muchas personas, ¿no? Hay un lugar casi paródico del psicoanálisis sobre cómo fue tu niñez, y uno se divierte con eso de que está todo en la niñez, pero sí, está todo en la niñez.

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Es que la niñez se hace presente durante toda la vida.

Son los cimientos de tu vida. Anda a hacerle mal los cimientos de un edificio y va a tener problemas hasta que lo derrumbes. Te vas a pasar la vida arreglando los problemas estructurales hasta que se derrumba el edificio.

¡Y a veces hay que reconstruir todo de nuevo! Y vos, ¿te analizaste?

Me psicoanalice sí, si bien es un psicoanálisis que también utiliza otras herramientas. Tuve un par de  experiencias breves, una duró una sesión, la segunda 6 a 8 sesiones, hasta que di con mi terapeuta a la que no voy hace un par de años, pero con quien hemos trabajado bastante. Una gran profesional y una gran mujer, investigadora de pareja y de familia. Trabajé un tiempo largo, después paramos y volvimos varias veces. Es que los ritmos de mi trabajo son complicados, viajes, períodos de ensayos intensos. Y a la pobre le hago todo lo que no se puede hacer, le suspendo sesiones, cambio horarios, pero tenemos un acuerdo que nos funciona a los dos, y ella tiene esa libertad conmigo de suspenderme, o cambiarme horarios porque lo mismo que pido, doy. Al principio fui dos veces por semana, luego bajamos a una y llegamos a hacer una vez por quincena. Luego de terminar el primer ciclo que duró unos años, he ido a trabajar temas puntuales, el tiempo que sea necesario. Me  permite trascender ciertas madejas, es una herramienta que proporciona atajos muy interesantes y me ha sido muy útil en la resolución de situaciones conflictivas, en este viaje de conocerse a uno mismo. También hice terapia de pareja, con muy buenos resultados.

¿Te ayudó a crear el personaje de Tom Pain?

No. No conscientemente. Cuando empecé con Tom Pain no abordé este tema desde lo psicológico, sino más bien desde lo físico y emocional. Trabajamos mucho el contarnos historias con Lucio (el director), y también mucho en vivenciar las experiencias del personaje desde lo físico. Entrenábamos boxeo antes de ensayar. Entonces para una obra que es hablar solo durante una hora, siempre trabajamos con el cuerpo muy despierto y disponible. Eso nos resultó muy enriquecedor.

El trabajo emocional y físico habrá sido intenso porque hay una composición psicológica muy profunda que se percibe en la elaboración de tu personaje. Y me pregunto cómo se queda Rogelio cuando se desprende de Tom Pain y lo deja en el escenario después de cada función. ¿Por qué elegiste ese libro?

Primero vamos con lo primero, si bien yo no encaré este rol desde la psicología, la terapia es una herramienta más que interesante para el ser humano que yo soy. Yo me dedico al teatro y la persona es una sola. No hay un Rogelio Gracia en la escena y otro abajo del escenario, si bien hay muchos Rogelios, porque uno cumple muchos roles, uno es uno. Lo que te beneficia en un área te hace bien en otra, si yo voy al club, le hace bien al actor, si yo ejercito mi mente, le hace bien a mi cuerpo. El tema de la psicología puede haber influido pero no hago terapia para ser mejor actor, la hago para ser mejor persona, pero creo que si uno es mejor persona es mejor artista. Y respecto a como yo quedo después de una función, yo quedo muy agradecido y de muy buen humor. Además de la propia adrenalina de una función, que te deja despierto; uno no se puede ir a dormir después de la función. Es como cuando jugas un partido de fútbol. Durante la función, mente y cuerpo hicieron un viaje brutal, y el después se disfruta como se disfruta la función, ir a comer, tomar algo, amigos que se arriman…. El encuentro con la gente, ese poder juntarnos durante un rato a contarnos historias, me atrapa cada día más, y quedo muy agradecido de poder hacer una función más. Lo agradezco cuando entro al teatro y cuando me voy. Cuando me olvido de ese ritual, me enojo conmigo mismo, porque anhelé mucho el poder ser actor, y poder trascender fronteras con mi trabajo. Lo quise mucho. De chico tuve vocación artística pero en mi familia no había conexión con este mundo, salvo como amantes del arte. Empecé a los 24 años y hace 20 años, esa era la edad que mis amigos se estaban recibiendo, era como “vamos, estamos tarde”. Ellos ya habían encarado lo profesional, y yo barajé y di de nuevo. Yo empecé a trabajar con 15 años en un estudio contable con mi papá, luego hice un intermedio entre la economía y el arte que fue la Comunicación social, como para decir voy a estudiar algo en una Universidad, y después me dije: “¿qué estoy haciendo, si no es por acá…” Me dije: “si vamos a cambiar, vamos a cambiar para donde es, ¿no?”  Ahí empecé a estudiar arte como una bestia, y el hecho de haber empezado más tarde, hizo que lo haga más convencido y con más potencia, con más determinación, con objetivos más claros. Apunté a ser un muy buen profesional, más allá de la parte artística y creativa del teatro. Yo ya sabía lo que era trabajar bien y trabajar mal, entre el que llega tarde todos los días, y el que hace bien su trabajo y se va. Eso lo aprendí con mi padre.

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En eso le agradeces a tu padre que laburas desde los 15 años, ¿te hizo laburar?

No sólo en eso. Yo empecé a laburar por voluntad propia. Hay una brillantez adolescente que te hace dar cuenta de cosas importantes. Me di cuenta que en casa la plata no sobraba y yo quería tener mi manguito. Mi viejo fue de una familia muy humilde y me dijo que podía evitar que yo trabaje para que yo estudié. Pero le dije que no, quiero tener mi plata no quiero pedir a nadie, entonces, me dijo, venite a laburar conmigo. ¡Si habrá para agradecerle a mi padre! Más adelante, también me di cuenta que no quería trabajar toda mi vida de eso. Que lo artístico me gustaba del lado de arriba del escenario. Lo importante de darse cuenta… Cuando quise dar vuelta la tortilla, mi padre me dio un apoyo brutal, lo digo y me emociono mucho, se me mojan los ojos porque yo soy padre ahora y su bondad y generosidad cada día las valoro más. El me dijo: “yo no te puedo dar mucho, pero te voy a apoyar en todo lo que pueda, eso si,  deja el alma ahí, loco”.

¡Te dio lo más importante!

Sí, me dio lo más importante, lo demás es al pedo. Me podía haber enviado a la mejor universidad de arte, a la más importante del mundo, pero no hubiera sido tan importante como esto. Entonces, ésta para mí,  es una profesión muy querida, muy buscada y muy trabajada. Cuando Rogelio termina de hacer Tom Pain, dice: “Gracias“, gracias a la gente que fue, a uno mismo por haber elegido esto, por vivir esta experiencia  del teatro del lado que me gusta. Igual siempre pasa como en el fútbol, un día metiste tres goles y otro perdiste por goleada y te vas pateado. ¡Hay funciones de mierda! (risas) Depende de muchas cosas, pero hay veces que está complicado. Un mal día, problemas de la vida, etc.  Para esos días siempre la técnica y la disciplina ayudan. Es importante que si estás mal, puedas acudir a tu cajita de herramientas y poder hacer igual una buena función utilizando los recursos técnicos del oficio y tu disciplina.

¿Y el público?

Puede confluir. Ese día hace más calor en la sala, dieron sala tarde, vos no estás bien, venís mal, y puede no suceder. Para eso sirve la disciplina, pasar la letra, ese día no hay inspiración, no bajó la musa, pero si estás dos horas antes en el teatro preparándote… el fracaso va a ser menor.

¿Hubo alguna función que saliste más movido?

Una vez hicimos una función que invitamos chicos de un Hogar y en un momento nos dimos cuenta que los chicos respondían de una manera particular. Y esta obra que trata del desamparo en la infancia y sus consecuencias en la vida adulta, ahí, había varios… y no les era tan gracioso, se sentía una energía extraña.

Es que hay metáforas de los traumas infantiles en el libro que son muy potentes, todos nos podemos identificar en alguna medida.

Si, por ejemplo el hecho de que muchas veces quien vive en ese desamparo, no se da cuenta que le duele, y que es tremendo eso. Como el sapo que lo ponen en agua caliente y no se da cuenta que se está cocinando, porque como es de a poco, no lo siente hasta que se muere. O la metáfora del elefante a quien lo atan con una cadena desde chico en los circos, y cuando crece no se mueve de ahí porque estuvo atado con una cadena y no sabe que la puede romper. Y estos traumas de las infancia a todos nos identifican, el teatro es un juego de espejos de por sí, y esta obra se vuelve muy personal porque hay un tipo que se para y te habla mirándote a los ojos de su desamparo. En ese juego teatral es imposible que no encuentres identificación, podes ser igual a Tom Pain o podes ser muy diferente, igual te vas a identificar. Porque todos tuvimos algún gran dolor en nuestra infancia, y todos sufrimos por amor en nuestra vida adulta. Todos alguna vez sentimos la angustia de solamente existir. De esos dolores, entre otras cosas, nos habla Tom, con un gran sentido del humor.

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De eso no se salva ningún ser humano.

Y si, hay personas que le hicieron mal algún amiguito del colegio, otros que no pueden salir de su zona de dolor, o estás en la etapa de indagar sobre cómo influye en uno la actividad de la mente humana. Esa parte que se habla lo que es el cerebro y la mente, es fantástica. A esa parte la llamamos la conferencia Ted (risas). De una manera sencilla te dice que el cerebro es una cosa, pero la mente… es un monstruo… y que los especialistas no saben…  Y si vos te ponés a pensar en tu vida cotidiana cuántas veces caes en las trampas de tu mente y cuántas veces la pasas mal por algo de tu mente… el poder que ejerce sobre vos, cuando no tenés control sobre ella. Se te puede venir el mundo abajo cuando no está pasando nada.

Y viceversa, se puede venir el mundo abajo que si te sentís feliz, no te afecta en la misma medida.

Es una enseñanza muy fuerte el “darse cuenta”, en la enseñanza formal estamos muy atrás en esa materia.  Nos enseñan mucho sobre la historia y la geografía del mundo que vivimos, pero no tanto a aprender sobre el recipiente en que vivimos, nuestro cuerpo, nuestra mente. Es importante saber cómo funciona esta maquinita, pero claro,  si nosotros no lo sabemos a quién se lo vamos a enseñar… Creo que la enseñanza más grande es de acá para adentro (se toca el pecho), no de acá para afuera.

En ese sentido, este tipo de teatro te hace salir impactado y transformado. No salís de la misma manera que entrás… Por algo la elegiste, Rogelio.

Si, a mi me tocaba en lugares muy existencialistas, me gusta mucho eso. Es una invitación a la reflexión sobre la experiencia humana en este mundo, cuando lo lees en Beckett, qué bicho somos, cuánto tenemos que aprender de nosotros mismos, eso del “conócete a tí mismo” que tiene tantos años, no es moderno, y cuánto nos falta. Y también sobre cosas que históricamente el hombre trata de explicar con las religiones, porque tratamos de explicarnos este quilombo en el que vivimos, para ordenarnos… La razón no nos sirvió del todo, por eso está tan de moda el budismo, trata de ordenarnos y serenarnos un poco.

Y ésta obra, ¿te tocó a vos en lo personal?

Lo existencial, el humor con el que está escrito me encanta, yo tengo un sentido del humor muy amplio, abarca desde lo más idiota hasta de lo más refinado y negro, es muy abarcativo. El buen humor es bueno, soy un enamorado del humor como forma de vida. ¡Para algo lo puso ahí Dios al humor! (risas) Aunque no creo en ningún Dios. (Risas) Por otra parte, tuve que atravesar un problema de salud por el que tuve que parar de trabajar para hacer un tratamiento. Tom Pain me la habían dado hace años para leer, y en ese parate empecé a pensar en qué obra hacer. En ese momento, yo formaba parte del elenco de Gatomaquia que funcionaba muy bien,  recorría festivales de diversos países, y yo hablaba con mis compañeros a ver cuándo poníamos fechas nuevas. El director, que también había atravesado un tratamiento muy complicado, y sabía bien de lo que se trataba todo eso, dijo, mejorate y curate. Después retomamos. Y yo, con mi inquietud, quería tener una obra de la que ocuparme, y ahí se me apareció nuevamente Tom Pain. Y se resignificó su dimensión. La mandé a traducir, a estudiar, y así empezó todo este viaje.

¿Tom Pain te curó?

Tom no me curó, el que se cura es uno, con la ayuda de los médicos, la química, la tecnología. Pero el teatro es sanador en el sentido de que te da un significado en la vida. Yo tuve que hacer un tratamiento para curarme de un linfoma de Hodking y mientras eso duró, mi prioridad fue estar tranquilo, siguiendo las indicaciones y los procedimientos médicos. Estar en familia y con mis afectos. Todo ese proceso lleno de vivencias, emociones, sensaciones físicas, potenciaron la dimensión que la obra ya traía en mí.

¿Ese deseo de hacer la obra te pudo haber ayudado?

Te voy a confesar algo, estando en mi primera instancia de estar frente a una enfermedad que una de sus posibilidades es que te saque del juego para siempre, te haces muchas preguntas, una de ellas, es para qué y por qué quiero seguir viviendo, y no aparece el teatro en primer plano. Y si te pongo entre la espada y la pared a vos, lo primero que aparecerá no es la revista El Inconsciente, aparece el quiero sentir el abrazo de mi hijo, el aire en la cara, las cuestiones que tiene que ver con los afectos y con el estar vivo.

La enfermedad te hizo encontrar más sentido a tu vida.

Si, ahí descubrí el libro de Victor Frankl “El sentido de la vida”, porque todo el mundo te da libros, y yo tenía una pila y no leí ninguno en ese momento (risas). Dame un libro para cagarme de risa, no me jodas. Pero un amigo muy lector, es un crack, me dijo léelo, y empecé a leerlo y quedé totalmente conmovido con ese libro, con la historia de este hombre que termina creando la logoterapia, y es como una historia de vida genial. La libertad está de acá para adentro. Hasta que no te sacan del juego…

Es tomar consciencia que todos en algún momento vamos a salir del juego, pero parece que hasta que no lo sabemos, no nos la jugamos.

Eso. ¿De qué te estás quejando tanto? El tipo estaba en un campo de concentración y terminó inventando la logoterapia. Y vos ¿dónde estás? ¡Dale! Y tuve varios sueños que tienen que ver con ser consciente. Recuerdo uno que le conté a mis amigos actores: “anoche soñé con ustedes”. Fue una pesadilla horrible. Íbamos a ensayar una obra en Argentina. Yo no sabía ni de qué obra se trataba, había actores conocidos, y en el primer encuentro se sabían toda la letra. Uno de ellos era muy famoso. Andaba volando, y yo no entendía ni siquiera de qué se trataba todo eso. Se acercaba mi parte y yo ni siquiera la encontraba en el guión. Ni siquiera sabía cómo se llamaba mi personaje. Habíamos ido en camioneta. Yo había leído una obra, pero muy por arriba. Pero la que ensayabamos no era esa, era otra que yo ni siquiera había leído, yo ni idea de qué iba todo eso. Y los actores eran muy profesionales.

De repente yo miraba al actor éste famoso, y decía, pero este tipo la descose, no se le nota que está diciendo una letra de nada, está completamente viviendo la cosa. El que andaba peor, tenía el guión en la mano pero casi no lo miraba. Y de repente alguien me indica que es mi parte, y se produce un bache enorme en que todos quedan callados esperando que yo haga lo mío, y yo lo único que hacía era pasar páginas de un guión que ni siquiera sabía si era ese. Era desesperante. Todos mirando callados, serios y super concentrados. Y de repente alguien me indica que esa era la parte que me tocaba, y miro, y era una cosa rarísima. Porque como que no tenía letras. Tenía unos símbolos rarísimos, que cada vez se ponían peor (risas). Eran una mezcla entre letras chinas y árabes… rarísimo. Y era un tipo que explicaba que tenía unos repuestos para el auto, pero de repente no se entendían nada los símbolos y yo empecé a hacer unos ruidos extraños cómo interpretando esos símbolos (risas) para no quedar callado. Actuaba una serie de ruidos muy muy graciosos… De repente había terminado el ensayo y estaba ahí la directora, y yo la conocía, pero no me di cuenta que era ella recién hasta el final. Y  yo me preguntaba: pero ¿ella dirige esto? No entendía nada, lo mío era todo de una vergüenza descomunal. Me desperté con una angustia tremenda, no sabes lo que fue…

¿Cómo lo interpretas a tu sueño?

Lo que yo interpreto de ese sueño, eso de soñar con  cosas horribles que me pasan en un escenario, un teatro o un ensayo, lo tengo recurrentemente cuando tengo un desafío actoral por delante. Y siempre lo interpreto como una especie de alarma, de llamado de atención de que hay que estar bien preparado para que no pase eso, que es a lo que todo actor le teme. Yo sé que algún día eso puede pasar y seguramente pasará, ya que los performers siempre tienen algún problema en el escenario. Es algo muy probable, sobre todo en carreras largas. Pero de todas formas, creo que esa es la manera que el Inconsciente nos manda una alarma. Tipo “atento, ¿estás haciendo todo bien? ¿Estás preparado?”

Lo curioso es que yo no estaba por estrenar nada, ni por estrenar nada nuevo, estoy con las funciones de Tom Pain nada más, y a mí eso me pasa cuando estoy o por estrenar, o por reestrenar, o por comenzar un período de ensayos. En esta oportunidad no sé bien. Quizá sea el sueño recurrente que se presentó nomás, como para no perder la costumbre. Por otra parte, también me di cuenta que la gente que aparecía en el sueño eran amigos y un par de profesionales a los que yo admiro, y con los cuales disfruto trabajando, o me gustaría trabajar. Quizá también había allí una señal de quienes deben ser mis próximos compañeros de trabajo. O en el caso de uno que no conocía pero admiro, poder de repente un día escribirle para decirle que me gustaría trabajar con él. Hay veces que yo veo gente cuyo trabajo me gusta y me da pudor o vergüenza decirles que me gustaría trabajar con ellos. Quizá ese sueño vino a decirme que no tenga miedo en conectar con gente que admiro para expresar esa admiración y decirles que me gustaría trabajar con ellos. Por un lado eso, y por otro lado, mantener la alerta y el rigor para que no pase lo del sueño. Pero eso es una interpretación que hago yo. Me gustaría escuchar la tuya.

La voy a procesar pese a que un sueño requiere de las asociaciones del soñante pero como vino como broche de oro de esta entrevista, lo tomo como un regalo y te daré una devolución. Gracias Rogelio por este encuentro y gracias Tom Pain por compartir tus emociones y despertar las nuestras para poder pensarnos.

DEL OTRO LADO DEL DIVÁN

Tom Pain tiene la suerte de ser encarnado por un actor de alta performance que nos permite que sus mensajes puedan llegar directo al ser de cada espectador. Y este inmenso actor, Rogelio Gracia también multicolor como Tom, ha atravesado sus dolores a diferencia de Tom, rescatando los afectos y su deseo de vivir. Y tiene como punto en común con Tom Pain,  además de las angustias existenciales que padecemos todos, la lucidez, la agudeza, la inteligencia y el sentido del humor ácido que le procura una visión descarnada de la condición humana que, sin juzgarla, logra trascenderla y transmitirla desde su propia vivencia autobiográfica. Esta implicación emocional los hace muy auténticos tanto al personaje de Tom Pain como a Rogelio. El apellido los diferencia, Tom tiene su sello en el dolor y Rogelio en la gracia. “Gracia” viene de agradecimiento, “gracias” es una palabra que resuena en él en cada función, además, tiene su origen desde la mitología en ser “agradable” personificando la belleza seductora. Y así como Tom Pain entra rápidamente en contacto con su público, Rogelio también empatiza con su interlocutor respetando sus sentimientos a ultranza (“si vos ves tal cosa en Tom Pain, es”)

En la pesadilla que me cuenta, si bien siente una desesperación terrible, él manifiesta que “actuaba una serie de ruidos muy muy graciosos”, otra vez aparece el significante que remite a “gracia”. Este aspecto de su sueño es casi cómico en medio de la escena temida de casi todos los actores: quedarse sin letra. Rogelio lo interpreta muy bien, hay que estar preparado, el quiere tener excelencia profesional y además, quisiera no estar tan solo en el escenario con Tom Pain, quisiera compartir el escenario con los artistas que admira y el sueño lo pone sobre la pista para que se anime a expresarlo sin pudor. Rogelio supo siempre lo que quiso, desde cuando quería ganar su “manguito” hasta cuando decidió dejarse de dar vueltas y jugarse el todo por el todo a su deseo de ser actor. También hay un “gracias” enorme para quien le dio el apellido y lo mejor que se le puede dar a un hijo: alas para volar. Sólo agregaría que el sueño también habla de la vida, y de cómo Rogelio ante la adversidad puede ser gracioso y decodificar otros “idiomas”, lograr con sus propios recursos aprender otros lenguajes para superarse a sí mismo.   “No me jodan” pedía a sus amigos cuando le daban libros de autoayuda, él deseaba poder conectarse con la vida y no identificarse con su síntoma. Signo de esto fue que ante su enfermedad eligió leer “El sentido de la vida” y no libros de autoayuda porque Rogelio prefería cuestionarse sobre el sentido de seguir vivo desde dentro, y no buscar consejos en el afuera. ¿Podría ser además este sueño un mensaje a sus amigos (a quien se iba dirigido el sueño)? ¿Una demanda de afecto y una muestra del reconocimiento que siente por ellos? Un regalo, como lo fue para mí; y una alerta para su vida y la de todos: esto de “pasar páginas de un guión que ni siquiera sabía si era ese”, nos habla de lo Inconsciente que nos gobierna sin que nos demos cuenta. Rogelio toma consciencia de esto, y sabe que es importante siempre estar alerta a que quien dirija la vida de uno, sea uno mismo, aprendiendo a escribir su propio guión.

¿Será eso estar preparado para vivir?

Tom Pain y Rogelio Gracia nos dejan las grandes preguntas que signan nuestra condición humana.

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