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REPORTAJE A POMPEYO AUDIVERT Por Dra. Raquel Tesone

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Fotos: Celeste Burgos

Pompeyo Audivert, actor, dramaturgo, director y profesor y director de la creación colectiva Estudio El Cuervo con centenares de obras que actúa y dirige, además, destacado en cine y televisión. Actualmente tiene en cartel dos obras de teatro con un éxito impresionante: “Trastorno” y reestrenó “El Farmer” en ambas, actúa y dirige. 

Pompeyo, estas actualmente actuando en dos obras que están a sala llena y salí muy impactada por tu actuación. En la obra “Trastorno”  que estrenaste en el Centro Cultural de la Cooperación además de interpretar a una mujer, la diriges, y en el Teatro La Comedia reestrenaron “El Farmer” donde actúas con Rodrigo de la Serna y la dirigis con él y Magnone. Dos papeles muy distintos y ambos un gran desafío ya que es la primera vez que interpretas a una mujer en “Trastorno” y, el otro rol de Juan Manuel de Rosas, es muy intenso por el dolor que carga frente a padecer un destierro de 25 años. Contame que recursos utilizas para esa magnífica composición de estos dos personajes tan interesantes.

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La composición comienza en la lectura del material, o en la misma escritura cuando soy el dramaturgo. Comienza en la voz, en la musicalidad y el ritmo que se presentan en la lectura. Me gusta que nazca de la voz y luego se desate en el cuerpo una física compositiva. En el cuerpo comienza por la máscara y luego se despliega por la columna hacia los brazos, las manos y las piernas, todo el cuerpo queda sujeto a una rienda tensional compositiva que produce los movimientos discontinuamente en una velocidad lenta o rápida, en movimientos particulares o generales, así comienza en los ensayos el posicionamiento del cuerpo, la fisicación del personaje, esa máquina artificial que remite a la identidad del personaje pero también a la del operador del cuerpo, el actor y su circunstancia metafísica que linda con lo sobrenatural, no hay que olvidar que el teatro debe hacer una señal hacia ese otro confín que no es la circunstancia de la que se disfraza el acto. Componer un personaje es una operación territorial y des-territorial simultáneamente, un pulso sacro-profano.

 “Trastorno” se basa en el libro “Pasado” de Florencio Sánchez, ¿qué de ese pasado familiar trasunta el Inconsciente colectivo en nuestro imaginario argentino?

Trasunta la estructura férrea de una construcción identitaria oligárquica, implantada a sangre y fuego sobre el cuerpo social desde el origen de nuestra nación. La obra pone el foco en la madriguera del poder, en ese campo ficcional puertas adentro en el que se gesta la operación teatral de implante identitario. Se trata de una identidad convulsa que no puede estabilizarse ni colectiva ni individualmente, pues se sabe a sí misma ficcional. En nuestro inconsciente colectivo conviven Rosas, Sarmiento, Perón, La Libertadora, Tosco, Rucci… 

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“El Farmer” nos enfrenta también con nuestra identidad argentina y con los conflictos que siguen vigentes. ¿En la adaptación de la novela de Rivera que realizaste junto a Rodrigo de la Serna, apuntaron a dejar reflexiones sobre nuestro momento histórico actual y los efectos de lo vívido en nuestra historia argentina?

Es indudable que la obra de Rivera restalla poéticamente el nivel histórico, alude inevitablemente a nuestra circunstancia colectiva, a nuestra encrucijada de argentinos. Pero más allá de ese nivel de remitencia, la obra se inscribe en un plano metafísico que trasciende lo histórico y lo usa como piedra de toque para un salto a otro nivel. La obra habla de nuestra identidad sagrada, individual y colectiva, de esa zona clandestina, de esa estructura presencial que, en medio del desquicio funeral histórico, permanece. Somos seres que regresan. Volvemos a nacer todo el tiempo. La historia es un campo teatral donde agita sus cuerpos la presencia. Siempre vamos a volver.   

¿Cómo sentís la alquimia actoral con Rodrigo de la Serna? Parece uno espejo del otro en una suerte de simbiosis muy profunda y quisiera saber qué te movilizó encarnar a un personaje como Juan Manuel de Rosas.

Con Rodrigo siento una hermandad artística muy fuerte, como la que sentí con Lorenzo Quinteros o con Ricardo Bartis. Rodrigo es un actor sobrenatural, actuar con él es una experiencia sumamente intensa y excitante, entramos juntos en zonas vedadas, tenemos una mirada muy parecida sobre la actuación y el teatro. Actuar a Rosas es también poner el cuerpo en una máscara nacional desmesurada, en un cuerpo que se divide, en una identidad federal inasible y convulsa que suma valencias todo el tiempo y se intensifica sin cesar.

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 Me llamó mucho la atención la expresividad de tu cuerpo en ambos personajes, el movimiento de las manos es muy hipnótico y tu desplazamiento por el escenario, ¿qué pensas acerca del lenguaje del cuerpo en teatro?

No concibo la actuación más que como una máquina formal física que despliega su artificio metafísico en otra máquina formal que es el cuadro escénico. Como diría Deleuze, “máquina de máquinas, con sus acoplamientos sus conexiones”…

El trabajo en tu Laboratorio del Teatro Estudio El Cuervo con tus alumnos, ¿es inspirador a la hora de estar en escena?

Todo mi teatro viene de allí, del laboratorio. Ahí se desatan las fuerzas, los conceptos, las prácticas y técnicas que después se vuelven obra y acto. Hace más de treinta años que venimos desarrollando un lenguaje teatral que llamamos “Teatro de la Fuerza Ausente”. Es mi fuente creativa, somos un equipo de trabajo que producimos todo el tiempo: MUSEO EZEIZA 73, / EDIPO EN EZEIZA / OPERACIÓN NOCTURNA / TRASTORNO / MUÑECA / LA FARSA DE LOS AUSENTES…

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Este ensamble con la filosofía de Deleuze es muy interesante. ¿Cómo concebís tu aporte al teatro en tanto hay un sello que te particulariza en el manejo de la palabra, de la poética, de los cuerpos y de la composición estética y sobre todo visual?

Creo que mi aporte pasa por insistir en que el teatro debe ser un piedrazo en el espejo. La estrategia de la escena debe ser, erigir un espejo para concitar la unidad referencial con los testigos del acto, pero de inmediato el teatro debe arrojar un piedrazo en el espejo para señalar así que la realidad histórica es un campo ficcional alienado que funciona como lápida destinada a atenuar la naturaleza poética del ser. El teatro debe ser una fuerza de choque de naturaleza poético-metafísica que des-oculte nuestra verdadera identidad individual y colectiva. Esa es la escena.

Gracias por todo lo que haces por nuestro arte y por tu tiempo para El Inconsciente…

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