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EL FARMER – Dirección: Audivert, De la Serna y Magnone – Por Dra. Raquel Tesone

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Duelo de titanes actoral y duelo de sombras en una simbiosis teatral sublime. Juan Manuel de Rosas en un diálogo interior interpretado con Pompeyo Audivert y Rodrigo de la Serna que, con sólo verlos compartir el escenario dando vida a este prócer, desdoblados especularmente en dos imágenes diferentes de sí mismo y en dos etapas distintas de su vida, provoca un efecto per se de  fascinación.

Estrenada hace 4 años con mucho éxito en la en sala Casacuberta del Teatro San Martín, y hace dos años reestrenada en el teatro Apolo, hoy cobra un nuevo valor el poder revisitar este personaje en este momento histórico, social y político que atraviesa la Argentina. Se deslizan frases tales como: “quien gobierne podrá contar con la cobardía incondicional de los porteños” y los espectadores aplauden entendiendo la complicidad que los actores quieren generar en el público en tanto nos muestra que más allá de los políticos de turno y de quién nos cuente la historia de nuestros próceres, todos formamos parte de sostenerlos en su poder. Juan Manuel de Rosas fue detestado y entronizado por distintos sectores de la sociedad argentina, un personaje histórico que nos remonta a una mentalidad argentina dividida radicalmente.

 

Un Rosas que en la soledad de su vejez y frente a la soledad de su muerte habla con su fantasma de juventud, aquel que manejó la Argentina durante 20 años despertando amores y odios,nos invita a internarnos en la trama Inconsciente de un personaje histórico y en los resortes que movilizaron su sed de poder. Este recurso teatral de convertir un monólogo en un diálogo en la adaptación de la novela “El pasado” de Andrés Rivera fue realizado por Audivert y De la Serna, lo que favoreció indudablemente la alquimia entre ellos y esto se refleja en la obra en la energía que se genera entre estos dos actores descomunales durante la obra.

Una escenografía nada rimbombante con espejos deformados de fondo que metaforizan la escena especular de dos tiempos diferentes de este personaje, el de su juventud y la de su vejez transitada en la más desgarradora soledad de su rancho, padeciendo un destierro en Inglaterra que duró los últimos 25 años de la vida de Rosas, algunos años más de lo que duró en el poder. La iluminación es fundamental para dar el toque fantasmagórico necesario a cada escena y que la interpretación de los personajes brille sin otro artilugio que los actorales.

 

La obra trabaja por capas alternando un registro simbólico e imaginario que, al decir de Audivert, contiene no sólo parte de nuestra historia y la ideología que sigue vigente en sus efectos y en la “grieta” que atraviesa a los argentinos sino que además tiene una trascendencia metafísica.

Una obra de teatro que nos deja con hondas reflexiones sobre nuestro panorama político y social actual.

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