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“Happyland” de Alfredo Arias – Por Nadia Guzmán

Cuando el 24 de marzo de 1976 el avión aterrizó en Bariloche, hombres de uniforme con armas le ordenaron subirse a un auto que la llevaría a lo que iba a ser su prisión a orillas del lago Nahuel Huapi. Todo se había terminado para María Estela Martínez de Perón, Isabelita, que había sido depuesta de su cargo de presidenta de la nación Argentina por los militares que tomaron el poder.

A partir de ese momento y allí en ese lugar transcurre Happyland, en el famoso castillo gótico Messidor situado en Neuquén, donde Isabelita (Alejandra Radano) es acompañada por su fiel criada andaluza (María Merlino) y la ama de llaves (Marcos Montes) quién da las órdenes.

Ahora presa de su libertad, en la mansión se viven noches de espiritismo y presencias fantasmales, vamos a escuchar algunas confesiones con el Arzobispo (Adriana Pegueroles) cómo también recuerdos de sus días de presidenta y las añoranzas de su época de bailarina en el cabaret Happyland de Panamá, donde conoció a su esposo Juan Domingo Perón.

El texto del dramaturgo Gonzalo Demaria nos narrará de manera despojada la historia de uno de los personajes políticos más controversiales (y también relegados) de la historia argentina. Es clave en todo esto la música de Alex Krygier y los cuadros llevados a cabo de manera fina y precisa por Florencia Anca que interpreta a una joven Isabelita acompañada por la elegancia de Carlos Casella representando a Joe Herald. Los dos actores se destacan tanto en lo vocal como lo coreográfico para dar un aire a la historia y equilibrar por momentos la psicodelia.

Happyland es una sátira cruda en donde la excentricidad de los personajes y las destacadas interpretaciones de todos los actores logran una perfecta armonía gracias a la dirección de Alfredo Arias.

Un detalle no menor es la bienvenida a la sala Casacuberta por parte de Alejandra Radano antes de comenzar la función dónde nos advierte que “Desde el código romano la sátira es un derecho”. Happyland no tiene un rigor histórico ni tampoco lo busca, verla desde una posición desprejuiciada hará que nos riamos de nuestra propia historia con madurez e inteligencia.

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