
LO HABRÁS IMAGINADO – Guión y dirección: Victoria Chaya Miranda – Por Dra. Tesone / Rachel Revart
Advertencia: esta nota contiene spoilers con fines de análisis.
Esta joya del cine argentino, acertadamente titulada Lo habrás imaginado (2019), tuvo finalmente su estreno en salas el pasado 13 de mayo en el C.C. 25 de Mayo y actualmente se encuentra en cartel en el Cine Gaumont. La guionista y directora Victoria Chaya Miranda comentó que decidió preservar la película hasta que pudiera encontrarse con el público en pantalla grande, luego de haber tenido recorrido internacional por plataformas y festivales. La obra fue galardonada como Mejor Película en el Festival Internacional de Cine Político y obtuvo además premios a Mejor Dirección (Chaya Miranda), Mejor Actuación Masculina (Carlos Portaluppi) y Mejor Actriz (Diana Lamas).
La película deja al descubierto una herida social profundamente perturbadora: las redes de trata infantil y los dispositivos de poder que las sostienen. En una función especial previa a su llegada a salas, Chaya Miranda presentó la película junto al elenco, equipo técnico e invitados, abriendo el universo de un thriller policial que va mucho más allá del suspenso convencional. El film se interna en las zonas más oscuras del poder, allí donde ciertas estructuras políticas, económicas y familiares construyen redes de silencio, impunidad y explotación bajo discursos aparentemente protectores.
Lo habrás imaginado, como su título lo anticipa, trabaja sobre la zona ambigua en la que muchas veces quedan las víctimas de abuso sexual. La película muestra con inmensa profundidad el mecanismo de desmentida y manipulación al servicio de la perversión: aquello efectivamente vivido es devuelto a la víctima como si hubiera sido imaginado, exagerado o producto de una perturbación subjetiva. El trauma aparece aquí no sólo como recuerdo doloroso, sino como algo que muchas veces queda escindido, reprimido o fragmentado como defensa psíquica. Es recién en el après-coup —ese tiempo posterior donde lo vivido adquiere sentido traumático— cuando aquello retorna y comienza a hablar.
La historia sigue a Abril, una mujer cuya vida aparentemente ordenada se resquebraja cuando dos figuras de su pasado irrumpen poco antes de Navidad. Lo que inicialmente parece un reencuentro inesperado pronto deriva en una investigación oscura que expone una maquinaria siniestra sostenida por vínculos de complicidad, manipulación y abuso.
Lo más perturbador del film no es únicamente el delito, sino la lógica social que lo sostiene. Las instituciones supuestamente destinadas a proteger a las infancias aparecen capturadas por intereses perversos y en connivencia con sectores del poder político. La película señala que no se trata solamente de individuos monstruosos aislados, sino de entramados enteros que funcionan gracias a pactos de silencio, intereses económicos y mecanismos colectivos de negación.
El personaje interpretado por Diana Lamas transmite con enorme sutileza el modo en que el trauma insiste más allá del tiempo. El pasado retorna fragmentado, desplazado, filtrándose en la mirada, en los silencios y en el cuerpo mismo. Abril parece responder muchas veces de manera automática al deseo del otro, como si su subjetividad hubiese quedado capturada por aquellas marcas tempranas donde el cuerpo fue reducido a objeto y no reconocido como territorio del deseo propio.
El papel de Carlos Portaluppi representa a aquel que intenta destapar la trama, el hombre que busca justicia mientras se enfrenta impotente a la telaraña de poder que descubre. Osmar Nuñez construye un personaje de fuerte complejidad psicológica, ambiguo, difícil de encasillar, moviéndose en un borde inquietante donde nunca termina de quedar claro para quién juega realmente. Esa ambivalencia está trabajada con enorme sutileza actoral y refleja precisamente aquello que muchas veces desconcierta socialmente: los rostros aparentemente amables del horror. Por su parte, Mario Pasik encarna un rol con potencia, mostrando la máscara de respetabilidad detrás de la cual pueden esconderse la hipocresía, la perversión y las redes de complicidad que atraviesan incluso las altas esferas sociales y políticas. Todo el elenco acompaña con enorme precisión una puesta que trabaja sobre gestos mínimos, silencios y detalles que la cámara convierte en signos.
Uno de los aspectos más potentes —y éticamente más rigurosos— de la dirección de Chaya Miranda es la decisión de no utilizar niños para representar la red de tráfico y abuso que atraviesa el relato. La violencia jamás es convertida en espectáculo visual: aparece sugerida mediante dibujos, relatos y huellas subjetivas. La elección resulta doblemente ética. Por un lado, evita exponer a niños a interpretar escenas traumáticas. Por otro, rechaza utilizar sus cuerpos e imágenes como recurso de impacto emocional o explotación comercial. En tiempos donde muchas producciones convierten incluso el sufrimiento infantil en mercancía audiovisual, esta decisión marca una diferencia estética, política y profundamente humana.
La dirección sostiene un clima de tensión constante que mantiene al espectador atrapado en su butaca. Los planos y encuadres logran una sensibilidad particular: la cámara no invade, observa. Incluso las escenas sexuales aparecen trabajadas desde una crudeza funcional al relato, no desde el erotismo, sino desde la construcción de una subjetividad dañada donde el vínculo con el cuerpo quedó atravesado por la utilización y la obediencia automática al deseo ajeno.
Lejos de espectacularizar el horror, Lo habrás imaginado apuesta por una construcción sobria e inquietante, donde lo verdaderamente siniestro no es solamente aquello que ocurrió, sino la facilidad con la que ciertas sociedades aprenden a convivir con ello mientras aparentan no verlo.
Con esta obra, Victoria Chaya Miranda confirma una singularidad narrativa propia: una forma de hacer cine donde la tensión dramática convive con espesor psicológico con una mirada estética de gran sensibilidad ética.
Lo habrás imaginado deja además una sensación profundamente nuestra: la de estar frente a una película argentina con potencia internacional, capaz de abordar un tema dolorosamente universal sin perder identidad ni verdad emocional. Todo indica que su recorrido seguirá creciendo y acumulando reconocimientos.
Victoria «Chaya» Miranda es Directora, Showrunner, Script Doctor y Guionista especializada en comercialización con amplia experiencia en cine y tv. Entre sus principales trabajos se encuentran Eso que llaman amor, Los pibes del Puente, A Oscuras, Lo habrás imaginado y múltiples programas de televisión de aire. Ha ganado múltiples premios internacionales, es miembro de Wawa, Dac, Apima, Argentores y La Academia de Cine y Artes Audiovisuales. También ha dirigido múltiples programas entre sus más recientes se encuentran el programa de investigación-docuserie llamada Argentina 100% (en rodaje actualmente) y, La cocina de los Calamaro (30 episodios primera temporada 2021).
FICHA TÉCNICA
Dirección y guion: Victoria Chaya Miranda
Producción: Inocencia Cero
Producción asociada y ejecutiva: Gale Cine – Martín Bullrich – Luis Bustamante
Distribuidor: Noche Americana
Jefa de producción: Leticia Tapia
Elenco: Diana Lamas, Carlos Portaluppi, Osmar Núñez, Mario Pasik, María Ibarreta, Germán Da Silva, Gustavo Pardi, Susana Varela, Esteban Prol, Patricia Condron
Dirección de fotografía y cámara: Sebastián Andrés Gallo
Dirección de arte: Catalina Oliva
Montaje: Nicolás Fedor Sulcic
Música original: Lula Bertoldi
Diseño de sonido y mezcla: José Luis Díaz
Ilustración y animación: Mutan.tv
Género: Policial negro
Duración: 85 minutos
Prensa: Kevin Melgar


