
Hay espectáculos que hacen reír y hay otros que además logran algo mucho más difícil: celebrar la amistad, el paso del tiempo y el amor por el escenario sin perder la capacidad de juego. Los Macocos consigue todo eso en ¡Chau, Macoco!, una verdadera fiesta teatral donde el absurdo, la emoción y el talento conviven con una naturalidad deslumbrante.
La experiencia comienza antes de que avance la obra. Llegar al teatro y ver la entrada repleta ya genera una sensación de acontecimiento. Pero la gran bienvenida sucede cuando aparecen ellos, vestidos de viudas y completamente sumergidos en sus personajes desde el primer instante. Ahí el público entra de lleno en el universo macoco: un territorio donde todo puede pasar y donde uno termina saltando de la butaca de la risa.
Con cuarenta años de trayectoria encima, el grupo demuestra algo extraordinario: siguen jugando como chicos. Y probablemente sea ese el secreto de su vigencia. Cada escena tiene la frescura de quien todavía se sorprende arriba del escenario, aun después de décadas compartiendo ruta artística.
Pero reducir el espectáculo al humor sería injusto. Porque además de hacer estallar al público en carcajadas, estos artistas son verdaderos multitalentos. Actúan, cantan, tocan instrumentos y hasta se convierten en una banda de rock de altísimo nivel. En especial, el momento en que Daniel Casablanca se sienta al piano produce un giro emocional inesperado: en medio del delirio aparece una sensibilidad profunda que estremece.
Los monólogos individuales son otro de los puntos más conmovedores de la obra. Allí aparece la historia íntima del grupo: cómo se conocieron, qué sueños tenían, cómo atravesaron frustraciones, inseguridades y posibles fracasos en la infancia para llegar hoy a ocupar un lugar fundamental dentro del teatro argentino. Y en esos relatos personales emerge algo profundamente humano: el deseo de seguir creando juntos.
La dirección de Mariana Chaud potencia esa mezcla perfecta entre caos, precisión y emoción. Todo parece fluir con libertad, pero cada momento está sostenido por un trabajo escénico minucioso que convierte al espectáculo en una maquinaria de humor y sensibilidad muy difícil de lograr.
Los Macocos no solo celebran cuatro décadas de trayectoria. Festejan también una manera de entender el teatro: como juego colectivo, como refugio creativo y como acto de resistencia poética frente al paso del tiempo. Y el final termina de confirmar esa sensación. Más que un cierre, es una fiesta total.
Una ovación a la amistad, al arte y a la alegría irreverente de seguir haciendo teatro después de tantos años, y con la misma pasión y más experiencia en escena.
Hay espectáculos que hacen reír y hay otros que además logran algo mucho más difícil: celebrar la amistad, el paso del tiempo y el amor por el escenario sin perder la capacidad de juego. Los Macocos consigue todo eso en ¡Chau, Macoco!, una verdadera fiesta teatral donde el absurdo, la emoción y el talento conviven con una naturalidad deslumbrante.
La experiencia comienza antes de que avance la obra. Llegar al teatro y ver repleta la entrada, eso ya genera una sensación de acontecimiento. Pero la gran bienvenida sucede cuando aparecen ellos, vestidos de viudas y completamente sumergidos en sus personajes desde el primer instante antes de entrar a la sala. Ahí el público entra de lleno en el universo macoco: un territorio donde todo puede pasar y donde uno termina saltando de la butaca de la risa.
Con cuarenta años de trayectoria encima, el grupo demuestra algo extraordinario: siguen jugando como chicos. Y probablemente sea ese el secreto de su vigencia. Cada escena tiene la frescura de quien todavía se sorprende arriba del escenario, aun después de décadas compartiendo ruta artística y una complicidad que cuando se miran, no pueden ellos mismos contener su risa.
Pero reducir el espectáculo al humor sería injusto. Porque además de hacer estallar al público en carcajadas, estos artistas son verdaderos multitalentos. Actúan, cantan, tocan instrumentos y hasta se convierten en una banda de rock de altísimo nivel. En especial, el momento en que Daniel Casablanca se sienta al piano produce un giro emocional inesperado: en medio del delirio aparece una sensibilidad profunda que estremece.
Los monólogos individuales son otro de los puntos más conmovedores de la obra. Allí aparece la historia íntima del grupo: cómo se conocieron, qué sueños tenían, cómo atravesaron frustraciones, inseguridades y posibles “fracasos” en la infancia para llegar hoy a ocupar un lugar fundamental dentro del teatro argentino. Y ahí la obra toca algo profundamente humano: muchas veces aquello que parecía un defecto ante la mirada de otros encuentra su mejor destino cuando alguien logra verlo de otra manera. Los buenos amigos hacen eso. No corrigen lo singular: lo potencian. Tal vez por eso Los Macocos transmite algo tan vital arriba del escenario. Porque detrás del humor aparece una trama afectiva donde cada uno parece haber encontrado, en los otros, el permiso para desplegar lo mejor de sí mismo.
La dirección de Mariana Chaud potencia esa mezcla perfecta entre caos, precisión y emoción. Todo parece fluir con libertad, pero cada momento está sostenido por un trabajo escénico minucioso que convierte al espectáculo en una maquinaria de humor y sensibilidad muy difícil de lograr.
El gran hallazgo de ¡Chau, Macoco! quizás sea justamente ese juego de despedirse de sus propios personajes a través de las viudas. Una idea atravesada por el humor negro, sí, pero que también funciona como una declaración de principios. Porque detrás de esas supuestas despedidas aparece algo mucho más profundo: el legado de un arte colectivo, de una construcción compartida y de un compañerismo que logró sostenerse durante cuatro décadas con complicidad, creatividad y amor por el teatro.
Y el final termina de confirmar esa sensación. Más que un cierre, es una celebración total. Porque si algo dejan claro Los Macocos arriba del escenario es que están, definitivamente, más vivos que nunca.
Los Macocos (Banda de Teatro)
Es un grupo teatral independiente que desde su fundación en 1985, ya lleva estrenados 20 espectáculos. Integrada por Daniel Casablanca, Martín Salazar, Gabriel Wolf, Marcelo Xicarts, esta agrupación —nacida en la ENAD, ex Conservatorio Nacional y actual UNA—, han transitado todos los circuitos teatrales —tanto el comercial, como el oficial y los circuitos alternativos/independientes— con gran respuesta de público en cada nuevo espectáculo, al punto de tener ya una masa fiel que, obra tras obra, no duda en volver a verlos.
Su particularísimo humor y el juego teatral —ya una marca registrada—, no deja de lado un punto de vista sobre el estado de las cosas y una “opinión” sobre ese statu quo. Espectáculos como «La Fabulosa Historia de los Inolvidables Marrapodi» es estudiado en universidades, no solo de Argentina, sino del mundo, para investigar sobre la historia del teatro nacional. En el teatro San Martín estrenaron, además de la obra anteriormente citada, «Los Albornoz», «Todo a la basura», «Supercrisol» y «Andrócles y el León». Además de retrospectivas que se hicieron en el complejo teatral en donde se presentaron «Continente Viril», «La fábula de la princesa Turandot» y otros. En el Teatro Nacional Cervantes estrenaron «Don Juan de Acá y Don Quijote de las Pampas». Su último espectáculo fue «Maten a Hamlet» estrenado en el 2021 en el Teatro 25 de Mayo.
A lo largo de estos 40 años, Los Macocos han recibido los premios: ACE, María Guerrero, Teatro del Mundo, y diversas distinciones y nominaciones por sus trabajos. Han realizado giras a nivel nacional, y también participado en múltiples festivales internacionales (GREC-Barcelona, Americartes-Washington, Apac de Santa Cruz de la Sierra, Craiova-Rumania, entre otros).




