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MORIA- Cap. 2 (Sofía Gala y Moria Casán) – Dirección y guión: Javier Van de Couter – (Netflix) – Por Dra. Raquel Tesone / Rachel Revart

Moria. Sofía Gala as Moria in Moria. Cr. Alina Schwarcz / Netflix ©2026

Fotos: gentileza Netflix / Alina Schwarcz @chenetflix @alinaschwarcz

Dirección de Fotografía: Luciano Badaracco

Moria construyó una figura femenina profundamente innovadora, vinculada con la libertad del cuerpo, la sexualidad, el deseo, la transgresión y nuevas formas de pensar la feminidad y la maternidad. También abrió espacios de visibilidad para identidades y expresiones que durante mucho tiempo permanecieron fuera de los lugares centrales de la cultura popular.

Cada uno de los ocho capítulos lleva como título una de sus propias frases, y en ellas la serie encuentra un modo singular de mostrarnos a Moria. Cada capítulo abre una puerta diferente a la construcción de Moria. Por eso elijo recorrerlos uno por uno, dedicándole a cada capítulo el tiempo que merece.

“Soy de otra galaxia”

Y su cuerpo en el escenario parece, efectivamente, de otro planeta.

Ya está trabajando con Porcel y Olmedo y, además, haciendo comedia. Susana Giménez expresa su incomodidad frente a las faltas de respeto de Porcel, y Moria (Sofía Gala) le dice que se quede tranquila.

Moria. (L to R) Pacha Rosso as Olmedo, Micaela Riera as Susana, Sofía Gala as Moria, Hernán «Curly» Jiménez as Porcel in Moria. Cr. Alina Schwarcz / Netflix ©2026

—¿Qué vas a hacer? —pregunta Susana.

Moria responde con una sola palabra:

UBICARLO.

Moria. (L to R) Micaela Riera as Susana, Sofía Gala as Moria in Moria. Cr. Courtesy of Netflix ©2026

Y en otra escena lo dirá todavía con mayor contundencia, acompañando esa posición con la declaración de un suceso muy fuerte de su infancia:

“A mí no me toca nadie que no quiera. El único que me tocó fue mi abuelo a los ocho años y de ahí dije nunca más.”

Hay aquí una posición de sujeto y no de objeto. Si bien Moria estaba identificada con la imagen del cuerpo escénico de la revista, ese cuerpo que provoca las miradas, ella no se colocaba subjetivamente en el lugar de objeto de nadie.

Una cosa es exhibirse; otra muy distinta, dejar que el otro disponga de vos.

Su cuerpo puede ser mirado sin quedar capturado por la mirada del otro.

Pero antes del cuerpo, fue el nombre.

Moria ya fue una invención, un autobautismo de Ana María Casanova. Un nombre que marca la creación de la propia persona, la novedad de aquello que nos habita y que habitamos.

Este ser no espera autorización para ser.

Se autoriza a sí misma.

Moria empieza antes de que exista Moria: hay una mujer, una madre, que quiere nombrarla de determinada manera; una institución que lo impide y, después, una adulta que termina apropiándose de ese nombre como identidad.

“Moria” fue un nombre que eligió su mamá, pero que no le permitieron inscribir así. Entonces aparece una paradoja: el nombre con el que va a construir toda su identidad pública no fue originalmente el nombre legal que le dieron.

La madre quiso nombrarla Moria. No la dejaron.

Años más tarde, ella recuperó ese nombre y consiguió algo bastante más radical que inscribirlo en un documento: hizo que todo un país la llamara así.

¿Cuándo un nombre deja de ser simplemente un nombre y se convierte en una operación de subjetivación?

Moria. (L to R) Pacha Rosso as Olmedo, Sofía Gala as Moria, Micaela Riera as Susana, Hernán «Curly» Jiménez as Porcel in Moria. Cr. Alina Schwarcz / Netflix ©2026

Primera condición: que nadie le toque el culo, ni Porcel, ni nadie.

Es casi como si hubiera tenido que inventarse su propio nombre antes de poder inventarse a sí misma. Como si defender el deseo de su madre, contra toda norma institucional, fuera también la defensa de una primera inscripción de la feminidad.

Y ahí aparece la transgresión a lo instituido en toda la construcción de Moria.

No es solamente una mujer transgresora por mostrarse, por estar desnuda, provocar o romper convenciones. Lo que antecede es una relación particular con la prohibición.

La madre quiso ser actriz y no pudo. Quiso nombrar algo en esa hija que el orden social no autorizó.

“Bueno, no la dejaron… igual me llamó así”.

Y terminó haciendo una serie sobre su vida en la que todo el mundo la llama Moria.

Y ahí el nombre deja de ser solamente un nombre.

Se convierte en acto.

Porque un nombre también puede ser una forma de hacerse existir.

Al tiempo, MORIA nos muestra que no se trata simplemente de una identidad que estaba esperando ser descubierta. Es algo que se va produciendo mediante elecciones, actos y apropiaciones.

Al entrar en su camarín, después de lucirse en la revista del Nacional, Moria le dice a Mario Castiglione:

“No sé quién sos.”

Después Mario se presenta.

Moria lo ignora, no se deja seducir por sus halagos.

Mario no tarda mucho en declararle su amor:

“Estoy enamoradísimo de vos.”

Moria. (L to R) Sofía Gala as Moria, Marco Antonio Caponi as Mario Castiglione in Moria. Cr. Courtesy of Netflix ©2026

Y por toda respuesta Moria lo mira con su belle indifférence y le espeta en la cara:

“Retírate, papi. Que quiero descansar.”

Mario retruca:

“Tengo una mujer y dos hijos, pero puedo dejar todo.”

Y así lo hizo.

Pero tampoco en el amor Moria parece dispuesta a renunciar a sí misma.

Cuando quiere dejar la comedia con Porcel y Olmedo, dice:

“No estoy buscando mejor contrato, estoy buscando mejores ideas.”

Y así se impone frente a su representante:

“Sobre mi carrera decido yo. Basta.”

No quiere solamente decidir qué hacer.

Quiere decidir quién ser.

Pero si hay un territorio en el que esa decisión de no dejar que otros decidan por ella se ejerce con particular libertad, es el de la maternidad.

Porque Moria también se atreve a decir algo que todavía a algunas personas puede impactar:

No todas las mujeres desean ser madres.

Para Moria, una maternidad sin deseo propio, por mandato o a pedido, sería una traición a sí misma. Y justamente eso es lo que se niega a hacer.

Escuchemos sus reflexiones:

“No pensaba tener hijos porque siempre estaba bien así, amándome a mí misma.”

“Las veces que quedé embarazada me lo saqué.”

“Parto, sinónimo de sufrimiento.”

“¿Cómo te va a salir un chico del mismo lugar donde gozás, cerca del lugar donde cagás?”

“Las piernas son para que me entren cosas y no para que me salgan.”

“Tener un hijo es lo más antinatural del planeta. Me voy.”

Una teoría de la maternidad en seis frases y ninguna pasa por el manual de instrucciones.

Finalmente, Moria concibe a Sofía Gala como fruto del amor con Castiglione: un deseo que prende en ella.

Hasta entonces había sostenido:

“Mi familia soy yo.”

Y hay una escena en la piscina con su marido que dice todo:

“Lo sentí, estoy embarazada.”

Moria. Sofía Gala as Moria in Moria. Cr. Courtesy of Netflix ©2026

La maternidad no viene a corregir a Moria ni a completar lo que le faltaba, ni responde a su “deber ser mujer”, sino que llega cuando “siente” su deseo: el suyo, no el de su pareja.

Y entonces puede amar a Sofía sin renunciar a la mujer que había decidido ser.

También construyó una maternidad en la que criar no significaba retener ni responder al mito sacrificial de la maternidad. Quiso que Sofía pudiera arreglarse sin ella. Sin culpa.

Porque amar a una hija tampoco suponía convertirla en una prolongación de sí misma.

Y quizá ahí haya otra forma de entender su posición de sujeto: tampoco en la maternidad el otro tiene que convertirse en objeto de propiedad. Esto no significa que Moria es el «modelo» de maternar, ni siquiera lo propone: cada quien tendrá que construir el propio.

Pero la construcción de Moria nunca quedó reducida a una aventura individual.

La mujer que se había autorizado a ser aquello que otros no terminaban de habilitar encontró también un lugar de identificación entre quienes habitaban, por distintos motivos, fuera de la norma.

“Durante la dictadura, ser diferente te podía costar la vida.”

Pero también se la jugó.

Moria. (L to R) Rafa Ferro as Sexton Carlos, Sofía Gala as Moria in Moria. Cr. Alina Schwarcz / Netflix ©2026

Y optó por estar del lado de las minorías:

“Tortas y travas construyeron su refugio de fiesta y fantasía.”

“Me abrazaron hasta iconizarme como el gran puto argentino.”

Moria. Sofia Gala as Moria in Moria. Cr. Alina Schwarcz / Netflix ©2026

Y claro que es un “puto”. ¿Por qué no? Moria encarna, con el cuerpo de una mujer, una posición que nuestra sociedad históricamente estuvo mucho más dispuesta a tolerar —e incluso a celebrar— en un hombre: la del que seduce descaradamente, toma la iniciativa, exhibe su deseo y hace de la conquista casi un deporte.

Pero Moria lleva esa posición mucho más lejos: seduce con sensualidad a hombres, a gays, a travas, a todo aquel que se le cruce en el territorio del deseo. Y no parece hacerlo para demostrar que puede gustarles. Lo hace porque le gusta desear y ser deseable.

Ahí está la vuelta de tuerca.

Moria se apropia de una modalidad de goce, de seducción y de libertad que nuestra cultura ha asociado históricamente con lo masculino. No juega a ser un hombre: hace suyo aquello que culturalmente se les permitió a ellos.

La iniciativa, el descaro, la conquista, el derecho a mirar, elegir, provocar y disfrutar de su propio deseo. No pide permiso para entrar en ese territorio: entra, se instala y encima se pone cómoda.

Y así no solamente transgrede las normas de la feminidad: desordena quién tiene derecho a gozar.

Como si dijera: ¿Ah, esto era patrimonio de los hombres? Bueno, pasámelo que lo uso yo.

Y lo usa con tacos, plumas y una lengua que no pide permiso.

También les roba a los hombres algunos de sus privilegios simbólicos y los devuelve convertidos en espectáculo.

Y es con Castiglione que empieza explícitamente la construcción de:

“Monumental Moria.”

Moria. Sofía Gala as Moria in Moria. Cr. Alina Schwarcz / Netflix ©2026

Fabrica un personaje popular, de barrio.

“Tiene que ser una diva barrial.”

Inventan a Rita Tor Dero, “la Pantera de Mataderos”, un personaje que se vuelve famoso y popular y deja la impronta del:

“Chiri bin, chiri bin, huu huuu. ¡Uno, dos, tres, qué nivel!”

Moria. (L to R) Sofía Gala as Moria, Marco Antonio Caponi as Castiglione in Moria. Cr. Alina Schwarcz / Netflix ©2026

Porque Moria puede pasar de la diva a la Pantera de Mataderos sin transición entre una identidad y otra.

Ana María Casanova se apropió de un nombre que no le habían permitido llevar.

Después construyó a Moria.

Y finalmente, Moria se convirtió en algo que ya excede a Ana María Casanova.

Cuando le preguntan qué quiere de la vida, responde:

“Quiero ser inmortal.”

Moria. (L to R) Micaela Riera as Susana, Sofía Gala as Moria in Moria. Cr. Courtesy of Netflix ©2026

Y quizás Moria entendió antes que muchos que para volverse inmortal no hacía falta dejar de ser mortal.

Había que convertirse en algo que sobreviviera a una misma.

Moria ya no es solamente Ana María Casanova. Es un nombre, un personaje, una forma de hablar, una forma de habitar el cuerpo, una colección interminable de frases y una marca en la cultura popular.

“Quiero ser inmortal”, dijo.

Y eso sí que es mortal, porque lo logró.

Y retruca:

“Y si mañana muero, pues me muero y ya… No voy a resucitar al tercer día como Jesucristo, voy a resucitar al cuarto porque me voy a quedar un día más dormida. ¡Soy inmortal!”

Y sí.

Moria es eterna en el inconsciente colectivo.

Moria. Sofía Gala as Moria in Moria. Cr. Alina Schwarcz / Netflix ©2026

Y mientras escuchamos su voz, aparecen también otras palabras:

“La verdadera arquitectura nace de una fuerza poderosa.”

“Lo único que puede cambiar nuestra vida para siempre.”

“Sofía Gala, Castiglione, mi hechizo, mi fragilidad, mi destino, mi única Kryptonita.”

“En esta historia, mi hogar, mi amor y mi destino.”

Estas últimas frases, dichas con la voz de Moria, nos permiten acompañarla en ese recorrido. Son también signos de una transformación: la mujer que hizo de la autonomía una forma de vida descubre que el amor y la fragilidad no necesariamente contradicen su libertad.

También pueden formar parte de ella.

Porque quizá la verdadera transgresión no consista solamente en decir “yo hago lo que quiero”, sino en poder hacer lugar al otro sin dejar de ser una misma.

Moria, después de todo, no dejó de ser Moria para ser madre, amante, esposa, diva, actriz o ícono.

Sumó personajes sin entregar el personaje principal.

Y eso, en términos psicoanalíticos, no es poca cosa.

Es una manera de inventarse un modo singular de estar en el mundo.

Y si además tiene pestañas, plumas y un “Retírate, papi”, mejor todavía.

Moria. Moría en algunas etapas de su infancia… Se inventó un nombre, después se inventó a sí misma y finalmente inventó la inmortalidad. Muere, revive y vuelve. Siempre.

Continuará…

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