TEATRO

ANALIZAME: “EL DON” DE SILVIO LANG

ANALIZAME

El Don

Dramaturgia: Griselda Gambaro

Dirección: Silvio Lang

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Por Dra. Raquel Tesone

Fotos: G. Gorrini / M. Cáceres.

Luego de haber pasado semanas lloviendo casi sin parar y en medio de un diluvio que arrasó en un colapso a Buenos Aires, llegar al Teatro Cervantes y asistir a una obra que comienza con un diluvio preanunciado por una especie de bruja llamada Márgara, provoca un fuerte efecto de borramiento de los bordes entre ficción y realidad. “El don” es una versión muy original del mito de Casandra, quién poseía el don de vaticinar pese a que nadie le creía.  Margara había realizado una predicción del diluvio y al mismo tiempo, tenía el poder de frenarlo; y así lo hizo en la ficción. Pero creer o no en las brujas, en esa misma noche del estreno la lluvia se transformó en llovizna y al otro día salió el sol en nuestra ciudad.

Márgara, encarnada extraordinariamente por Cristina Banegas, quién vuelve a lucirse en este papel por su fuerza escénica y por la potencia de sus matices actorales, nos muestra que a veces ese don de predecir el futuro no es siempre acertado para casos particulares, pero sí para profetizar el bien por sobre la destrucción de la naturaleza expuesta sin protección en manos de los seres humanos. Estas profecías dejan entrever una luz de esperanza en la humanidad.

El texto de Gambaro involucra a otro importante personaje, la hija de Márgara que está casada y aloja en su casa a su madre, a pesar que el marido no sólo no está de acuerdo sino que no soporta a su suegra ya que es un molesto testigo del maltrato de él para con su hija. La hija, interpretada por Belén Blanco con un despliegue actoral impresionante, puede a partir de la denuncia de su madre, logra darse cuenta de su sometimiento.   Interviene además una vecina, Renata que pide ayuda a Márgara porque tiene su marido enfermo,  pero ella no la puede salvar, es la hija Sonia que la reconforta; y es Renata que más tarde les devuelve con la misma moneda.

Es una obra que habla de la no existencia de la salvación con mayúscula, una salvación universal, sino más bien, la de aquellos actos y gestos afectivos que hacen a la relación con el otro.  

Por eso es una obra que vehiculiza un mensaje ligado a fortalecer los lazos sociales de solidaridad con un elenco de excelencia, al igual que la escenografía, la iluminación y el sonido que son impecables.

Silvio Lang, un director cuya modalidad estética hace a su sello artístico, logra que los actores desplieguen con sus actuaciones y sus cuerpos la polisemia de un texto que nos invita a cuestionarnos sobre el porvenir y a pensarnos como artífices de nuestro destino.

Al terminar la obra, tuvimos el placer de charlar con Silvio Lang, quién en exclusiva para nuestra Revista mantuvo este intercambio con reflexiones sumamente enriquecedoras:  

¿Podemos decir que el súmmum de un director de teatro es dirigir a Cristina Banegas y nada más ni nada menos que en el teatro Cervantes?

Si. Es dirigir a Cristina pero también es dirigirla en un teatro público, con los actores que querés, son cuatro actores buenísimos, con un sistema visual desde la escenografía, el vestuario… Trabajé con un equipo, entre ellos, Sussheim, Gonzálo Córdova, y con Pablo Cécere con el que pensamos todo el sistema sonoro que es muy importante en la obra.  Es un equipo de excelencia y es un placer haber llegado hasta acá con ellos, fue algo difícil. Vos sabes que Freud decía que hay tres actividades imposibles: educar, gobernar y psicoanalizar, para mí la cuarta es dirigir. Porque se trata de señalizar al otro en su deseo y de conducir a otros.

La pregunta sería: ¿cómo se juega ese deseo del otro con el tuyo?

Es comparable a la cuestión del deseo del analista con el deseo del analizante.

¿Cómo te arreglaste para combinar el texto de Griselda Gambaro con esos cuerpos que se juegan en la escena y que también hablan desde otro texto?

Justamente estoy haciendo una investigación dentro del teatro argentino, donde trabajo sobre cómo producir sentido no con el texto, sino con la materialidad de lo escénico, las luces, los cuerpos, la visualidad, la sonoridad. Me parece que hay algo en la obra de Gambaro que tiene que ver con esa capacidad de producción del mundo, ese don de decidir sobre el mundo aunque uno se equivoque. Para mí, esa es la capacidad de producir la escena, en la práctica escénica hay algo que es producir materia sensible, cuerpos, objetos, imágenes, sonidos…

Los objetos en un momento de la obra, son tratados como cuerpos, y como una basura eyectada fuera del escenario.

Hay un sistema coreográfico de los objetos muy pensado, no son objetos que tienen un uso costumbrista, sino que hay un sistema de pensamiento para utilizar esos objetos en escena.

Muchas gracias, Silvio.

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