AL DIVAN

AL DIVAN: MARIA ONETTO

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Por Raquel Tesone

Fotos: Mariano Barrientos

María Oneto es una prestigiosa actriz de cine, teatro y televisión. Acaba de  estrenar en el teatro Cervantes la obra “Los Corderos” dirigida por Daniel Veronese, y también dirigida por él, fue co-protagonista principal con Cristina Banegas en “Sonata de Otoño”. Recibió diversos premios por su labor, como el Martín Fierro a la artista Revelación por la serie televisiva “Montecristo”, el Cóndor de Plata a la mejor actriz por la película “La mujer sin cabeza”, Premios Clarín,  Konex, entre otros. María acepta la experiencia de este encuentro  para la Revista “El Inconsciente”, donde asume su papel de consultante con un despliegue muy original donde transita con autenticidad por su mundo emocional. Con profundas reflexiones acerca de su subjetividad como actriz y como mujer, analizó las motivaciones inconscientes de sus deseos y anhelos, mostrando  su verdad.

¿Por qué consultas?

(Largo silencio) Mmm…. A ver… Mmm…… (mira hacia abajo)

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¿Es la primera vez que consultas?

No. Hice varias terapias por largo tiempo. Ahora me estoy preguntando algunas cuestiones sobre el porqué no amplio algo más algo en relación a la escritura o a la dirección de teatro. Nunca probé y me es estimulante, ya que estoy exclusivamente actuando. Tal vez considero que yo no estoy en condiciones de desarrollar algo que esté a la altura de lo que supongo que es la escritura de una buena obra o dirigir un espectáculo a través de un material que no sea mío. Intenté una vez escribir algo teatral, y me daba más dificultad escribir en forma dialogada. Probé de ir a un taller literario con Hebe Vhart, es encantadora y me sentí identificada con lo que escribe; es Doctora en Filosofía. Ahora la están considerando de una manera más merecedora, es muy buena escritora.

Y vos, ¿te consideras de manera merecedora? ¿Por qué decis no estar en condiciones?

Tengo una vara alta en el campo de lo artístico porque lo considero un campo frágil. Todos tenemos derecho, permisos y debemos habilitarnos esas zonas artísticas, pero cuando eso se hace más profesional, tiene que tener un estado más riguroso para ser ejecutado. Y eso va a apareciendo en la medida que uno va probando.

Y con la actuación, ¿tenías estas mismas dudas sobre tu capacidad?

Si, con la actuación me pasó que yo te tenía una formación universitaria, me recibí de psicóloga, estudiaba teatro paralelamente y nunca pensé que iba a ser actriz, porque consideraba que para eso tenía que tener determinadas condiciones…

Es decir, que también considerabas como ahora que no estaban dadas las condiciones.

(Risas) Claro, pero sobre todo tenía que ver con el teatro que es algo lúdico, y yo pensaba, como voy a vivir de algo que me gusta tanto, había algo más estructurado y más rígido. Una vez que ya entré en el Sportivo teatral, que viví una situación de rigurosidad, porque Bartis es alguien tan o más exigente que lo que había vivido en mi formación universitaria. Ahí sentía mucha aprobación, pero era algo intuitivo lo que hacía, pero sin técnica de trabajo. Estaba apoyada en un campo emocional muy desbordado que aparecía al actuar, lo tenía en la vida dominado, pero al actuar se hacia enorme. Digamos que lo que hice a través del entrenamiento, que es ahora la palabra que más circula en relación al teatro, fue dominar ese campo emocional y volverlo al servicio de la situación de lo que había que contar. Me sigue jugando ciertos asuntos ahí, porque la vida no te da el lugar de decir totalmente tu verdad, y al actuar es la oportunidad de ser más verdadera porque todo está al servicio de eso. No me va eso de que la actuación es una mentira.

Y si actuando sale tu verdad, ¿qué otra verdad podrías revelar escribiendo o dirigiendo?

(Risas) Es que es evidente que en la actuación al ser uno el instrumento, hay cero mediación; hay algo que más allá de tu voluntad que se impone. Venis con un estado de la calle y eso aparece en la función, recortas algunas palabras de la obra, en relación a lo que te pasó en el día. En la escritura no hay otro, hay más soledad, no hay un aquí y ahora como en la actuación. Y actuando siento un gran deseo y una necesidad, un tipo de energía que necesito que circule. En la dirección de teatro veo más esto que vos me señalas respecto a una verdad donde administro todos los signos, los actores y el material que yo elija. Una sola vez me pidieron unos compañeros que dirija sobre un texto de Thomas Benrhard que se llama “Hormigón”, era un texto muy particular. Casualmente (sonríe con complicidad), era una hombre que quería escribir un trabajo sobre un músico Mendelssohn Bartholdy. Es muy gracioso como el mismo se va enroscando y desesperado por sus límites, no logra escribir nada, no logra poner una sola palabra, porque nunca están dadas las condiciones.

Casualmente, no puede escribir una sola palabra porque no están dadas las condiciones…  

(Risas) Ya de niña, era hiper aplicada y muy emotiva, y toda esa aplicación me sirvió, era una manera de refugiarme en el colegio, en el ser buena alumna. Mi madre estaba en duelo por su marido, mi padre murió cuando yo tenía un año, el colegio era mi refugio, y no quería ser buena, quería ser la mejor alumna.

Ya tenías la vara muy alta.

Me doy cuenta que tenía una medida de las cosas, no es que me sacrifico pero tengo una medida alta y una autocrítica. Me pongo contenta si la función sale bien, lo disfruto, no digo puede salir mejor. Critico cosas muy paralizantes, como los maestros que dicen que uno no llega nunca a nada, eso me resulta muy desagradable de ver que alguien puede quedarse ahí por creer que nunca llega.

Pero vos usas ese mismo criterio con vos misma, el mismo que usaste cuando no creíste que podías llegar a ser actriz.  

(Risas) Es verdad, me gusta mucho actuar, pero podría sumar… No creía que sería actriz porque las actrices tenían características que yo no tenía, y eran muy distintas a mí. Y en lo de Bartis, fue algo valioso lo que él propone, uno es ahí el creador del sistema. El sistema tiene unos modelos, pero uno puede ver que hay otro modelo de actriz. Pero con lo de la dirección…; aunque si, ahora que hablé de “Hormigón”, podría ser un material posible, pero siento que cuando actúo me siento tan representada, tan adueñada, que tendría que ser un material que esté hablando de algo donde a mi se me esté jugando algo.

Y quizá sí se esté jugando algo de vos en esa novela donde hay un escritor que no puede escribir una palabra…

(Risas) Puede ser…, si, y en esta novela de noventa páginas, tenés sesenta que tiene esta historia donde aparecen millones de impedimentos, y hace todo tipo de rituales para ponerse a escribir y no lo consigue, hasta que decide irse de viaje. Ahí la novela cambia en su forma de ser escrita, se vuelve más diáfana, no tan abigarrada y enfática. Y él se encuentra en Palmas de Mallorca con una mujer que cuenta que su marido se tiró del balcón y cayó en el  hormigón. Algo contrastante. En Palmas de Mallorca, la historia de alguien que no soportó que algo le estuviera pasando familiarmente y que se tira por un balcón durante sus vacaciones. La mujer dice “todo nos empezó a ir mal todo desde que salimos de viaje”. Había pequeños signos en esa salida de ella con el marido y con los hijos, y uno se pregunta por qué está esté episodio en esta novela. Al trabajarlo pensamos que había cosas más graves que no poder escribir un texto o en relación al tormento que este hombre tenía. Esta mujer es cero intelectual, y cuenta algo que le toca, y él la acompaña porque tiene que enterrar al marido y no hay lugar, lo tiene que enterrar en un lugar que ella no conoce, y él le hace el aguante a esta mujer desconocida para él, y no retoma el tema de que él quería escribir. Pensé que podría hacer esa segunda parte, me la imaginaba visualmente, pero después no se concretó. En “Corderos” me pasa que la obra habla sobre muchas cosas, aparece la idea del egoísmo masculino y la incomprensión entre el mundo femenino y masculino. Es un tema que me llega. En “Sonata de Otoño” me decía “esta chica que víctima que se siente”, y por la devolución de la gente, ví que conseguía morder sobre esa relación con su madre, y ahí no se puede cancherear. Y acá, en ”Corderos”, pasa lo mismo con el egoísmo masculino, con ese desencuentro que hay entre hombres y mujeres, y uno no puede hacerse la superada. Benhard tiene un tema al revés, como muy jodido con las mujeres, pero a ella la acompaña. Y uno la va leyendo y se dice, porqué se llama “Hormigón” y hay una única frase donde ella se asoma al balcón y ve a su marido sobre el hormigón, y cuando habla de ese viaje, ella repite una frase: “me lo imaginaba todo distinto”. Me gusta mucho esa frase: “me lo imaginaba todo distinto”…

Parece que estás pensando el título de tu obra de teatro: “Me lo imaginaba todo distinto”.

(Risas) Si, si, si, claro ¿Por qué no? Yo recuerdo que en mis análisis fue una pregunta frente al sufrimiento y a los desencuentros: ¿para qué quiero un hombre en mi vida? Había muchas razones. Me acuerdo cuando fui a ver “Boyhood”, el personaje de Patricia Arquette dice en relación a la vida: “pensé que iba a ver más…”.

En “Hormigón”, hablas de una escena de un hombre acompañando el duelo de una mujer, ¿tendrá que ver con haber acompañado el duelo de tu madre? Esa madre que pensó que “iba a ver más” de su vida con ese hombre, que no imaginaba que se iba a morir tan joven al poco tiempo de tener otro hijo con él? ¿Y qué ocurre con la mirada de esa nena que también duelaba a su padre?  

Exactamente. Yo no lo conocí a mi papá, y hay fotos donde yo soy bebé y mi papá está, año 67, yo tenía un año, El murió de un infarto, era hiper ansioso, fumaba 80 cigarrillos por día y era un hombre que de ser empleado de Segba, pasó a tener un restaurant y le iba muy bien. Mi mamá me tuvo a los 43 años y papá tenía 45 años, y a los 46 se murió… Mi hermana era la única hija que tenían. Mamá va a una ginecóloga por mi hermana para control y le dicen que está embarazada y ella se puso muy contenta, mi papá vió que se le complicaba, pero después dijo: “vamos para adelante”. Mamá me cuenta que era un momento muy lindo familiar de este hombre que se había recuperado económicamente, y estaban en un crédito…,  no se lo esperaban… Mi mamá lo apuntalaba a mi papá, laburaban un montón, y se ve que la mina quedó como en shock. Siguió funcionando pero perpleja, esa es la imagen… Volviendo a la novela, su muerte como la de papá, fue un ¡Pum! Después estuve en un colegio secundario de mujeres, mucha mujer alrededor mío… Tengo amigas mujeres que son muy cercanas donde lo competitivo no está presente, son amorosas y solidarias. Recuerdo que tenía un anhelo de diferenciación con mi hermana que era mi modelo, y era psicoanalista, y yo me recibí de psicóloga también, y necesité diferenciarme y el teatro fue el camino. No me alentaron a que sea actriz, me miraban como diciendo “¡esta chica, piró!” (Risas) Y hubo que confiar en uno…

Mientras seguías el modelo de tu hermana psicoanalista, todo iba bien. Pero con tu deseo de ser actriz, María ¡piró! Ser actriz  y una mujer no convencional,  además ser escritora y directora, ¿es que María piró?. Más que faltar las condiciones, parece que falta aceptar que si María, piró, ¡piró! Y quizás eso la hace ser una actriz diferente.

(Risas) Claro, si…, es verdad… Tendría que volver a la novela de Benhard… A mi Bartis me habilitó por la negativa, porque para Bartolo cualquier compañera mía del taller era mejor que yo. Eso fue desafiante, me gustaba venirle bien a las cabezas creativas como Bartis, pero había una idea de que yo no era lo suficientemente buena.

¿Como un papá para el que no eras suficientemente buena porque que no estaban dadas las condiciones?

Si, Bartolo es muy duro por momentos y te puede doler lo que te dice, ahora está más tranquilo, pero sí puedo decir que él está, él te va a mirar, y si hay algo que vas a ofrecer, te va a mirar. Hice una obra con Bartolo sobre El Don Juan, se llama “Donde más duele”, eran tres mujeres que estaban alrededor de un hombre con una bolsa de colostomía, un ano contra natura. Ellas estaban sobre él, sus deseos y sus ansias. Esa era un poco la teoría de él sobre el Don Juan, él era un seductor con las mujeres: las mujeres proyectan y no me hago cargo. Pero debo reconocer que él estuvo y cuando me dirigió él vió todas las funciones.

Estaba muy presente, aunque pegara donde más duele.

(Risas) Si, estaba presente, seguimos vinculado y lo escucho y él me escucha también. Vino a ver dos veces “Sonata de Otoño” y me hizo devoluciones, señalamientos, ojo con esto y con esto otro. La vió dos veces, cosa que no es menor. Es muy amigo de Cristina Banegas. Yo te diría que mi maestro es Bartis, pero no soy la típica alumna de él, más parezco alumna de Gandolfo, de estilos más naturalistas. Por eso que él se reconozca mi maestro y que yo diga que él me formó, y no ser ese modelo ha sido parte de esa negociación, conseguí que dijera que puedo acompañar a una actriz que haga algo naturalista, y con él hice avances técnicos que otro maestro no me hubiera señalado. Eso de mi ser mujer en escena, tenía muy alimentado mi interior y me desentiendo por momentos de mi exterior. Tenía un deseo de ser querida por mi interior. La dinámica de lo teatral es que alguien te mira, si actuás encerrada en tu casa no es actuación. Es por esa mirada y esa interacción que se produce el hecho teatral, y lo que se mira es un cuerpo. Ese cuerpo femenino que circula debe emitir en alguna dirección. Tengo una tendencia a estar más achicada, lo lindo, lo feo, si estoy más flaca o más gorda, estoy atenta ahora, aunque no quiero vivir sacrificándome. Hay zonas que las tengo estimulada, lo emocional, un cuerpo que cuando actúa está puesto, podría tener otras emisiones. A veces, las obras te obligan a eso. Con Daniel Veronese es la tercera obra que hago con él, la primera fue “Los hijos se han dormido fue la primera”, “Sonata de Otoño” y ahora estoy ensayando “Los corderos”. El es muy prudente. En Sonata, mostras una zona de fragilidad por la fragilidad del personaje y tus compañeros y la dirección te acompañan en eso, acá en Corderos hago de una mina más jodida, es brava. A Daniel le discuto y él es como que te dice “quedate tranquila que te voy a tratar bien, no te voy a maltratar”. A veces el actor necesita esos sacudones, o yo reacciono más, soy hija del rigor, pero él me mira bien…

Esa mirada de un hombre que te mira y te trata bien, es la mirada del padre que te faltó, y parecería que te hace crecer en todo sentido. ¿Dejamos acá?

Gracias.

Gracias a vos.

Del otro lado del diván

María está atravesada por ciertos cuestionamientos desde el momento de su gestación, ya que parecería que “no estaban dadas las condiciones ideales”. Resuenan en esta entrevista algunos interrogantes infantiles acerca de su llegada al mundo de los adultos: ¿Poseo las « características para ser amada » por mi padre? ¿Es que debo ser mejor para que mi padre no muera tempranamente? Por esa suerte de sentimiento de culpa infantil, intentando de manera autorreferencial explicar lo inexplicable de la vida y de las problemáticas de los adultos, María se puso en cuestión desde muy pequeña.

Hay verdades que no pueden ser dichas cuando una madre está en duelo. Hay emociones que un hijo no puede metabolizar de lo forcluido en el inconsciente de la madre y que retornan como síntoma, como díria Piera Aulagnier. En María, esas verdades indecibles y esas emociones, logran su máxima expresión en su actuación. Por eso, pienso que el día del verdadero nacimiento de María, fue en el momento que parió a la actriz (¡cuando todos creían que piró !).  Por supuesto, necesitó un padre, y él que se inventó desde pequeña, fue uno muy exigente que la obligaba a ser una niña aplicada, pero al menos así pudo « tener » un papá. Sin embargo, no fue la exigencia de ser mejor para ese padre el desafío que la hizo superarse, sino esa impronta « naturalista », como ella dice, de hacer con verdad la (su) ficción.

Hay una escritora que no sabe aún como prescindir de la mirada del otro que la sostiene en lo teatral. Por eso, en el discurrir creativo de la entrevista, habla del libro de un escritor que no puede escribir y que sin embargo, termina escribiendo sobre el relato de una mujer que está en duelo por la muerte de su marido. Esto nos remite al duelo de su madre y a la frase « me lo imaginé todo distinto », frase que María retoma para « historizarse ». Como la frase : « Pensé que iba a ver más… », y no se equivoca ;  hay más en María, en tanto ella se aceptó como una mujer distinta a su madre y a su hermana. Una mujer poco convencional. En esta búsqueda, María explora su universo femenino y empieza a desear ser directora de su propio teatro de vida para jugar sus diversos roles como mujer. En María esta la mujer/actriz, la mujer/escritora, la mujer/directora de teatro, la mujer en relación a los hombres. En este camino de indagación personal, ella sabe que tiene que « poner el cuerpo » sin achicarse. Ese cuerpo que carga con culpas y con duelos y  también con los duelos de otros. María está re-escribiendo su novela familiar para seguir creciendo.

2 pensamientos en “AL DIVAN: MARIA ONETTO

  1. Conmovedora entrevista que cala en lo mas profundo del ser humano. El ser, el sentir, el reconocerse a si mismo; es ésto lo que supo captar la entrevistadora que hizo, me emocionara hasta lagrimear.

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