AL DIVAN

AL DIVAN: PAULA CANCIO

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Crédito: Moisés Fernández Acosta

Por Dra. Raquel Tesone

Fotos: Moisés Fernández Acosta (retrato)

Fotos: Martín Rivas

No tengo idea de lo que tengo que desarrollar… pues, dime por donde empiezo, si me puedes orientar.

Puedo orientarte, y pienso que podríamos empezar por que me cuentes por qué viniste a esta consulta.

¡Qué interesante! (silencio) Un tema que me interesaría abordar es el de la vida del actor, continuamente entrando y saliendo de personajes, donde la estabilidad es una utopía y en la que dependes tanto del afuera. En toda esa vorágine, ¿dónde termina el personaje y empieza la persona? o ¿cómo hacer para no perderse a uno mismo? Es algo que me ronda mucho, porque no siempre es fácil.

¿En que situación sentís que podrías perderte?

Creo que tiene más que ver con partes de la vida del actor que del trabajo en sí mismo. Los actores vivimos expuestos a la mirada del otro, desde el proceso de casting, hasta el impacto que tu trabajo genere en el público, que al final, es el que determina tu continuidad. Eso hace, que de alguna forma, trates de estar muy en el otro, en adivinar qué se espera de ti. Y, a veces, es peligroso este “juego” porque pierdes tu esencia, lo que te hace genuino, tratando de acercarte a lo que crees que quieren de ti. Creo que es fundamental saber quién eres, cuáles son tus principios, y saber defender tus límites infranqueables, para que la vorágine del oficio no te haga dar vueltas como una veleta. No es sencillo. Además las personas evolucionamos. De hecho, yo vivo en una continua búsqueda de mí misma, e igualmente, sigo dudando entre lo que quiero y lo me conviene, pero cada vez tengo más claro y soy más rotunda en las cosas que NO quiero.

¿Y crees que se puede saber lo que el otro quiere de uno?
Tratas de crearte una falsa  sensación de control, recopilando toda   la  información posible sobre el director, viendo su filmografía, previa a tu prueba. Lo que accedas a conocer acerca de la película que vas a rodar, y sobre el personaje. Si bien en el proceso de casting, todo eso puede ayudarte algo, no deja de ser una ilusión, porque nadie puede adivinar, sin preguntar, lo que el otro quiere realmente. 

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Créditos: Martín Rivas

Hablas de tus cambios desde tus comienzos como actriz. ¿Empezaste hace mucho en la actuación?

Llevo diez años comiendo de mi oficio, y me siento una gran afortunada por poder dedicarme a lo que más me gusta del mundo y que, encima, me paguen por ello.

Y antes que te dé de comer, ¿ya te considerabas actriz?
Soy actriz desde que nací. Lo llevo en la sangre. Mi abuelo paterno era actor y he estado en contacto con sus películas, guiones, historias… En el colegio siempre estuve apuntada al grupo de teatro. Empecé haciendo publicidad y me creaba personajes para hacer las fotografías de moda. Luego mis padres me impulsaron a tener una opción “B” a mi sueño. Lo acepté y estudié una carrera.

¿Llegaste a pensar que de “esto” no ibas a comer?, cosa que haces desde hace diez años.

Siempre   creyeron   en   mí, pero   ésta   no   es   una   profesión   segura.  Ser capaz de mostrar el talento es importante, pero, tener suerte, es tan importante, como lo primero. Hay mucha gente talentosa a la que no le llega la oportunidad que necesita para desarrollarse. Además, mis padres, sabían que pasar por la universidad, aunque tan sólo fuese por vivir la experiencia, me serviría mucho en la vida. No  lo entendí en aquel momento, pero ahora, dedicándome a mi sueño, les estoy agradecida. Empecé abogacía y me horrorizó. No servía ni para florero en clase (risas), y cambié a psicología y ¡me diplomé!

¡Bien colega! Y esa carrera no te horrorizó, y seguramente te habrá servido mucho para la actuación.

¡Me  encantó! Descubrí un mundo fascinante. Había leído mucho  sobre el  tema, en plan amateur, sobre todo libros de auto-ayuda, en mi afán por entenderme, pero la carrera me dio un marco que me ayudó mucho en mi profesión de actriz. Me enseñó algo que a mí me parece básico al enfrentarte a un personaje: no juzgarlo. Una se encuentra ante personajes con características morales acordes con las tuyas, o radicalmente opuestas. La psicología me ayudó a entenderlos, antes de colocarles la etiqueta automática. Me imaginaba a  mis personajes como pacientes, y trataba de conocer por qué actuaban de la manera que lo hacían. Eso me llevaba a crear el “antes” del personaje, que no siempre te lo entregan. (Pausa) Es verdad que tuve un momento de inflexión: cuando me di cuenta que ciertamente conocía muchísimo a mi personaje, pero todo quedaba en un plano muy racional, y, como actriz tienes que saber llevar todo ese pensamiento a la acción. Se pueden escribir libros enteros de cómo es el personaje, pero como no logres plasmar en acciones todo eso, se convierten en personajes hacia dentro, y quizá esa no sea una característica de ese personaje.

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Créditos: Martín Rivas

¿Y cómo se produjo esta integración?

Ese está siendo otro trabajo… no disociar tanto cuerpo y pensamiento sino hacerlo todo uno, para que mi actuación sea más orgánica y me permita abarcar un número mayor y bien diferenciado de personajes. Creo que me hice consciente cuando empecé a enlazar varios  personajes que respondían a chicas frías, distantes, calculadoras que pensaban de una forma y actuaban de otra. Que terminaban hablando con los ojos.

Hablaban por tus ojos pero no por el resto de tu cuerpo.

Exactamente, toda la intención estaba colocada en la mirada y curiosamente, el cuerpo, iba por otro lado. Sin duda nos llaman por aquello que proyectamos.

Aquí hay algo que te podía haber llevado a perderte. Decías estar perdida cuando estudiaste  abogacía, y finalmente,  pudiste hacer un cambio que te ayudó a encontrarte, como la psicología y el teatro.

Una de las cosas que más me ayudó de la psicología fue profundizar en el estudio de la inteligencia emocional,  una herramienta fundamental para encontrarse y fortalecerse,  y relacionarse con el afuera de  una forma saludable. Para mí,  la inteligencia emocional,  debería ser materia en la  escuela, al mismo nivel que las matemáticas. Me parece fundamental para la formación de las personas. Cada vez más se observa en los directivos de las grandes empresas que ya no sólo basta con tener líderes enfocados en “la tarea”. Hoy,  un gran líder, es aquel que conduce las emociones del equipo de trabajo, con tanto entusiasmo y rigor como se enfoca en la tarea.

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Créditos: Martín Rivas

¿Y trataste este tema con algún psicólogo?
Sí,  y creo que cada vez dejo florecer más mi intuición en el proceso creativo, escucho cada vez más a mis personajes y me dejo guiar por ellos antes de hacerles todo un análisis racional. Esto me hace componer personajes más humanos, y, por lo tanto, más  cercanos.

Lo que tuviste muy claro es que si bien accediste al pedido de dar un título a tus padres, lo llevaste a tu terreno. Entonces, ¿de donde viene el miedo a perderte si parece que te encontraste?

Sólo lo parece (Risas)… Es un camino que no sé si termina alguna vez, pero, me gusta enfrentarme a retos que me cuestionen quién soy, eso me da fuerzas y me hace crecer.

Ahí volvemos al reto que involucra la mirada de los otros. ¿Cómo lo vivis esto en tu segunda temporada en Buenos Aires?

Feliz y afortunada por cómo me han aceptado en Argentina, y el enorme cariño que me muestran. A diferencia de lo que me sucede en España, donde soy conocida por la actriz que he ido siendo -anterior a mi relación personal con Miguel Ángel-, hasta que comenzó “La Leona” era únicamente conocida por mi vínculo personal con él. Eso fue algo completamente nuevo para mí, digo: el hecho de ser noticia por algo que no tiene  relación directa con mi oficio. Por suerte, el teatro y, sobre todo, la televisión me están dando a conocer entre la gente por lo que realmente considero importante de compartir. Mi trabajo es mi seguridad.

Y el que te reconozcan no por tu trabajo profesional ¿hace que te sientas como perdida? Sería como no poder encontrarte, siguiendo tu línea asociativa.
Sí, porque nunca había mezclado mi vida privada con mi profesión. En eso quizá soy poco flexible y aunque entiendo que estar en pareja con un actor tan grande y querido en este país como es Miguel, lleva consigo un foco distinto al laboral, a mí, lo que me gusta, es mostrar mi talento de actriz. Con él, si tengo esa suerte, o sin él. Mi vida privada, en la que incluyo a mi hija y a mi relación de pareja, me gusta reservármela para mí. En una profesión tan expuesta, poder tener un lugar tuyo es muy sano. No juzgo a quien mezcla su vida privada con lo laboral, porque, al final, lo único importante es hacer lo que a uno le haga sentir bien. Yo lo siento así.

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Créditos: Martín Rivas

En todo caso, vos supiste salir del lugar de “la mujer de Miguel Ángel Solá”, donde la prensa te podía ubicar, para ocupar el lugar que vos deseabas.

Creo que todo está llegando de una forma natural, y ojalá que de aquí en más, a la gente le interese más por mis trabajos que por mi relación personal con Miguel, eso querrá decir que lo estoy haciendo bien.

Me parece interesante cómo vos te rescatas en esta vorágine, para no llegar a perderte en la demanda del otro. Parece que tu consulta ha girado en torno a cómo mantenerse en equilibrio entre lo que desea el otro de vos y ser lo que deseas ser. Gracias Paula por este encuentro.

Del otro lado del diván

Paula es tan bella que uno puede quedar capturado en la mirada de su hermosura, y ella sabe que la mirada del otro puede también, atraparla a ella. Si bien Paula se muestra abierta a la experiencia, en los primeros minutos de la entrevista, una actitud defensiva se apoderó de ella. Esto se explica más adelante, en tanto hay un temor a ser vulnerada en su intimidad. Es una mujer que valoriza su independencia, y no se sometería a ser calificada como “la mujer de” nadie, aunque se trate, como en este caso, del actor más célebre y prestigioso de nuestro país, ya que su estima se asienta en sí misma. Da la impresión de estar frente a una mujer muy segura de sí y de sus límites y esto es gracias a un arduo trabajo interno sobre la construcción de su identidad y sobre todo, de su identidad femenina que intenta ir más allá de la mirada de los otros. A riesgo de perderse, Paula se encuentra. Y eso viene desde esa primera mirada que nos marca a todos, la de nuestros padres. Paula ama y respeta a sus padres, por lo cual, ella acepta de buen grado un plan B, además, como es muy racional, comprende bien los argumentos de sus padres sobre los beneficios de una carrera universitaria. . Afortunadamente (para ella y para su público), si bien logró el plan B, dejó la abogacía, que la hubiese llevado por otro camino, y obtuvo el diploma tan deseado, pero virando hacia una carrera que concordaba con su modalidad de actuación. Paula usa la psicología con sus personajes y es la psicóloga de ellos; los analiza para sacar lo mejor de sí en la composición e interpretación de los mismos, y eso se refleja cuando actúa. Desde una postura humilde, y a la vez, de autoexigencia, espera más de sí misma. Como cuenta con la inteligencia emocional necesaria, logra integrar diversos aspectos racionales, intuitivos y emocionales que la guían en esa búsqueda de sí misma para la vida y para su profesión.

Al terminar la entrevista, sentí que esa belleza que me dejaba fascinada, no sólo era exterior sino también pude “ver” esa luz interior que irradia en el  escenario como en la intimidad de este encuentro.

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