CUENTO

“SICARIO” por MAXI CIRUZZI

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Por Maxi Ciruzzi

Entro a la habitación donde él está sentado. Cierro la puerta, lo miro, lo observo un poco, y de reojo sigo mirando los papeles que tengo en mis manos con la información que recopilé sobre él durante todos estos años y, mientras me acerco a la silla, trato de leer el informe. Sé que va a ser un día largo. Es una persona muy difícil, inteligente y no va a ser fácil hacerlo hablar.

La luz tenue caía en la habitación, pero con más foco en la mesa, como la de un reflector de teatro. La luz es para nosotros dos. Me siento, tratando de hacer el menor ruido con la silla. Imposible, chilla un poco y me hace sensibilizar los dientes. Acomodo mi garganta tosiendo para adentro y lo miro fijo, tratando de intimidarlo, como de meterme dentro de él.

Me quedo unos segundos contemplando su mirada, sus ojos. Quiero saber porqué estábamos ahí, cara a cara. Apoyo los papeles en la mesa y sigo observándolo. Le  preguntaría todo, pero no sé por donde empezar. Él se da cuenta y me toma de la mano.  Me sonríe. Yo bajo la mirada, observo su mano agarrando la mía y comienza a apretarme fuerte, tan fuerte, que no podía soltarme. Le quiero pegar un golpe en la nariz, pero consigo zafarme de su apretón de mano con un brutal tirón de brazo, como un latigazo. Lo logro. Lo miro fijo y le pregunto.

-¿Por qué haces esto?.- Me mira y veo como le cambia la cara. Me esquiva la pregunta con un silencio incómodo, abrumador, la habitación parece estar viva, el aire denso que se respiraba me hizo sentir hasta mis entrañas y el latido de mi corazón. Pienso que me está por agarrar otro ataque de pánico, me trato de calmar. Lo veo que está como en un transe mental, mirando perdidamente un punto fijo. Me da bronca lo que hace y le aplaudo en la cara para que reaccione.  El golpe de mis palmas surgen efecto y él despierta de su transe posando su mirada en mí. Busco sus dibujos en los informes. Dibujos que no creo haberlos vistos nunca. Un personaje con dientes azules con ojos rojos desorbitados, un sol negro con fuego a su alrededor, perros que parecían patos. En otras hojas, casas con ventanales, jardines y piscinas. Árboles con raíces bajo tierra, corazones de colores, barcos, aviones, aves hechas con rombos, figuras geométricas formando todo tipo de cosas extrañas. Me molesta mucho sus dibujos, casi  afirmaría que me perturban.

Se los muestro, él los divisa con desconfianza y tímidamente los observa, me seduce con una leve sonrisa como aceptando ser de su autoría. Apunto con mi dedo índice los dibujos.

–¿Qué es esto? ¿Quién te crees qué sos, Hieronymus Bosch?- le pregunto con la intención de apurarlo  con ironía.

-Un dibujo- me responde rápidamente, sin dudar que la respuesta no me iba a gustar. Tomo toda la fuerza que tenía y le descargo una cachetada con tanta fuerza que le doy vuelta la cara. Tan fuerte y claro fue el golpe que su pelo quedó tapando todo su rostro. Miro la puerta por si alguien había escuchado el estruendo provocado por el impacto de mi golpe. Me arrepentí, pero no se lo dije. Di vuelta la hoja y le corro el pelo de la cara, le acaricio el mentón para que no piense que lo iba a golpear nuevamente. Los dos quedamos en silencio por un tiempo. Su rostro cambió, ya no era él, sus cambios me hacían poner nervioso. Igualmente siento que está más indefenso, que se dio cuenta quien manda acá.

Trata de hacerme sentir bien sonriéndome, mirando los papeles. Quiere interactuar, lo sé, y así seguir adelante sin importar lo que había pasado.

Una tristeza invade mi corazón, unas cuantas lágrimas corren por mi mejilla, las siento, me hacen cosquillas de lo grandes que son. Inhalo profundamente y exhalo la pena que tengo adentro para descomprimir un poco. No puedo quebrarme, me incentivo mentalmente como lo hace un técnico con sus jugadores, tengo que poder avanzar, me digo. Me limpio las lágrimas con el puño  de mi camisa y continúo.

¿Qué son estos escritos?.- Prosigo con mi objetivo de entenderlo. No contesta. Se me queda mirándome con los ojos cristalinos, como cargando angustia, yo sentía que lo había quebrado. Sentía que estaba por desistir. Me sentí más tranquilo, con más poder. Solo es cuestión de tiempo.

Me interrumpe mi pensamiento, como leyendo mi mente.

-¡No vas a poder doblegarme! ¡¿No te das cuenta?!.- Me grita desaforadamente como un león amedrentando a su próxima presa.

Me voy para atrás por la fuerza de su grito, me toma por sorpresa y me quedo incómodo en la silla, me trato de acomodar. Lo miro fijo a los ojos para no darle ventaja, pero se me adelanta.

-Deja de ignorarme, soy todo lo que tenés. Soy tus pensamientos, tus sentimientos. No me golpees, no me calles. Dejame contarte que me pasa. No trates de escapar. No vas a poder hacerlo. Dejate llevar por mí. Somos uno- Su mirada penetrante me deja perplejo, inmóvil, sin reacción.

-No entiendo lo que me decís..- digo para tratar de alivianar la tensión con una salida rápida.

-Hace mucho que no entendés lo que quiero decir… No me subestimes. Andáte si querés, pero trata de entender algo: si salís por esa puerta, lo único que vas a lograr es retrasar todo. Sufrir más. ¿Ahora lo entendés?

Sus palabras son flechas rabiosas entrando y clavándose por todo mi pecho. Bajo la mirada buscando algo en mi cabeza para callarlo, algo que no sea un golpe, no se me ocurre nada. Me quedo duro, como cuando se pone pausa en una película, de a poco empiezo a sentir frío y a sentirme solo. Levanto la mirada y él ya no está. No estaba enfrente de mí. Me sorprendo pero siento su presencia. Algo me tranquiliza, sé que está ahí, estoy confundido, empiezo a preocuparme, mis sentidos se alertan. Mis manos siguen apoyadas al lado de las hojas sobre la mesa, están paralizadas, no puedo moverlas, no puedo moverme. Traté de gritar y fue en vano, tampoco funcionó. Trato de levantarme de la silla, y apenas me muevo. Mi desesperación va ascendiendo a pasos agigantados, estoy freezado. ¡¿Donde mierda estoy?! me quedo pensando. Empecé a llorar de rabia tratando de salir de esta situación. Estoy llegando a un colapso nervioso, mis venas del cuerpo empiezan a notarse de la fuerza que hago para salir y parecen estar por explotar. No puedo llamar a nadie. Mi cuerpo no responde. En mi cabeza busco una salida a esta situación.

¿En que me había convertido?.- me interrogo y cierro los ojos. Respiro hondo, dejo salir lentamente todo el aire de mis pulmones. Busco en mis pensamientos, un lugar en el mundo que me tranquilice. Lo logro.  Quedo flotando en esa imagen, siento paz.

Siento que él le susurra a mi oído…

– Tranquilo, dejate llevar, yo estoy aquí, no busques afuera. Animáte a ser, date esa posibilidad.

Un aroma a café penetró en mi olfato, abrí los ojos. Me desperté. Ahora nada será igual.

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