TANGO

“EL TANGO Y SU RELACION CON LO INCONSCIENTE”

Disertación presentada en la Mesa de Tango, Salud e Integración realizada el 16/06/2016 en el marco del IV Congreso Universitario Internacional de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), Víctor Giusto, Director del Área Trasdepartamental de Folklore del UNA y creador del Congreso., Mesa coordinada por Claudio Morgado (UNA) coordinación de la actividad, Sara Luparelli, coordinación general Colectivo Milonga de la Placita del Pañuelo Blanco: Pedro Benavente “El Indio”.

 

Por Dra. Raquel Tesone

Fotos: Colectivo Milonga de la Placita del Pañuelo Blanco

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El Tango y sus efectos psicoterapéuticos

 

¿Por qué la Danza del tango tiene probados efectos psicoterapéuticos? Como todo arte, ésta manifestación de lo Inconsciente, genera al igual que  otras producciones artísticas, una sublimación de la libido que se refleja en la estimulación de las endorfinas. Y además, como valor agregado en esta particular danza, hay un factor que se juega de manera primordial: la profunda conexión emocional que se produce consigo mismo y con el otro. ¿Cómo se gesta esta circulación de emociones? Comienza de la misma manera que cuando salimos al mundo. Allí nos recibe otro y, en ese primer abrazo, nuestro psiquismo se constituye como tal. Spitz ha observado que la depresión analítica en los bebés conlleva un riesgo de muerte. Este desencadenamiento del estado de orfandad afectiva se debe a que sobrevino previamente una muerte psíquica que no es causada por la falta de alimentos, sino por la carencia de contacto emocional que se vehiculiza por el abrazo. Las nodrizas atendían a los bebés y le procuraban la leche, pero falta ese abrazo fundante que nutre y da forma a la psique del cachorro humano. Esa primera experiencia de satisfacción en el vinculo madre/hijo (sea madre o sustituto), esa fusión boca/pecho y la fusión de los cuerpos en el abrazo, es necesaria y constitutiva para el desarrollo de todo ser humano.

Tanto la música y la poesía del tango en conjunción con el contacto de los cuerpos enlazados en espejo que tienden a formar una sola figura, hace que las formaciones oníricas inconscientes se expresen de manera contundente. El estado onírico del soñar es un estado fusional que reenvía la simbiosis con el útero materno, simbiosis que en su forma psicológica se prolonga en el abrazo y en la mirada del otro que nos recibe en este mundo.  Estos tres elementos, la música, la poesía y el abrazo, son esenciales ya que a partir del abrazo, los cuerpos se comunican a nivel sensorial, motriz y emocional, y se arma un diálogo con el otro. Este peculiar lenguaje, es el lenguaje de la danza tango, remite a lo Inconsciente y a la movilización de la libido que circula en la dupla de los baiarines. Lo pulsional se representa simbólicamente por el juego de seducción estimulado en el abrazo de la danza, pudiendo llegar a sentir al unísono la música,su poesía y con el plus que otorgan las letras de tangos, plenas de imágenes y fantasías intensas. Por este motivo, podemos intuir la personalidad del bailarín/a con solo verlos bailar o bailando, porque el tango refleja nuestra modalidad de vincularnos con el otro posibilitando una suerte de concientización de los mecanismos Inconscientes que se ponen en juego.

 

En la danza del tango se  expresa todo nuestro ser ya que se vehiculiza y canaliza la emocionalidad que nos liga al otro. Esa sociabilidad que estimula el tango como ningún otra danza lo hace, es otro de los aspectos que hace que el universo del tango tenga múltiples efectos psicológicos a nivel de lo interno y de lo vincular.

 

Otra característica particular, es que el lazo social que estructura el tango cruza fronteras y su proliferación en el mundo entero es un fenómeno social y globalizado. Se baila y se aprende tango en lugares recónditos del planeta. El tango no discrimina género, edades, clases sociales ni religión, es una danza que mancomuna, por eso, si bien, existen círculos elitistas, el tango forma parte de un movimiento popular integrador, ya que es una puesta en valor de los afectos que circulan al abrazarse con otro/s y entregarse a esta fusión de los cuerpos en un momento histórico-social donde la liquidez y mercantilización de las relaciones humanas, se acrecienta día a día. Entonces, aprender tango, bailar tango, es un trabajo psíquico que sin duda apunta a la salud.  

 

La comunicación emocional en la danza de tango

 

La necesidad del abrazo, no parece casual en nuestra época donde el sentimiento de soledad es causado entre otros factores, por la marcada fragmentación del lazo social. El consumismo que pretende obturar o re-llenar artificialmente los deseos o  inventar otros adecuados – más que a las verdaderas necesidades de la persona – a las necesidades del mercado, nos lleva a instalar la idea de cosificación del otro, otro como objeto descartable,  y no como sujeto deseante. Bailar tango nos reenvía a conectar con el deseo, el deseo de bailar y de ser contenido en un abrazo. La danza tango ermite traspasar la angustia de estar separados y poder sentir que “no podemos el uno sin el otro”: somos uno en un solo abrazo. Además, el juego de improvisación se despliega en un acto creativo que se genera y se estimula en ese único e irrepetible contacto con el otro. Somos únicos improvisando con otro quién es también único. Eso nos corre del lugar de creernos objetos y un producto más de una sociedad consumista que fomenta la ilusión de que el deseo puede ser más que satisfecho, consumado y consumido.

 

Una de las mejores muestras de la relación del Tango con el lazo social comunitario y mancomunado, lo tenemos todos los domingos en Plaza Dorrego al aire libre, con la Milonga de la Placita del Pañuelo Blanco donde cientos de personas bailan y otros son espectadores de un movimiento popular generado por el tango y por uno de nuestros más conocidos representantes del universo del tango desde hace 25 años: “el Indio” Pedro Benavente.

 

Sonia Abadi, psicoanalista, en su libro “El bazar de los abrazos” hace un recorrido exhaustivo sobre el lenguaje de los diferentes tipos de abrazos. En efecto, a partir del abrazo,  hombres y mujeres, podemos sentir si se da una afinidad con el otro para poder bailar el tango. El  abrazo nos permite sentir contención, sostén, protección y en más de una ocasión seguridad, porque nos aporta una conexión de inconsciente a inconsciente con ese otro que se torna significativo.

 

El abrazo en el tango, da respuesta a este sentimiento de vacío generalizado que se comienza a colmar en el encuentro con un otro que  contenga y otorgue un sentimiento de completud. Para lograr bailar tango, hay que aprender una técnica para luego incorporarla y “olvidarla”.  Esa suerte de “olvido” a la hora de bailar, permite liberarnos en una entrega emocional y una confianza incondicional para con el otro que está más allá de cualquier tipo de entendimiento racional. Al igual que en un análisis, el analista tiene que “olvidar la técnica” para poner el cuerpo en la relación analítica y hacerla jugar desde las emociones que se despliegan en el campo del vínculo transferencial con el analizado. El tango y el análisis comparten en ese sentido ese “entre dos” que se teje de manera inconsciente en relación al otro.

 

El Inconsciente está estructurado como un lenguaje, afirma Lacan, y el tango nos habla con el lenguaje de lo Inconsciente, de los cuerpos, de las emociones y sobre todo, del deseo. Deseo que se juega con el otro ya que el deseo es deseo del otro y es el motor de la danza del tango, aquello que nos hace vibrar al compás de su lenguaje poético y su música.

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Posicionamiento femenino y masculino del Tango

 

La danza el tango, en su inherente sensualidad y seducción, estructura el posicionamiento femenino y masculino en base a la identidad de cada uno de los partenaires. Por ejemplo, escuchamos decir “me siento revalorizada como mujer desde que bailo tango”, debido entre otras causas, a que pone de relieve y de movida, un recuestionamiento de la femineidad.

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Paradojalmente, a la independencia económica y social que ha adquirido la mujer en nuestros tiempos (pese a que falta mucho para llegar a la igualdad de condiciones en el mundo laboral), en el tango el esquema de roles permanece como era en otra época. El hombre que lleva y guía y la mujer que acompaña, si bien estos roles no son estereotipados, ni deberían serlo, ya que ambos están activos para que se produzca esa suerte de diálogo, también puede proponer. Estos roles diferenciados, ya sea que lo ejerza intercambiablemente el hombre y la mujer o se baile  entre hombres o bien, entre mujeres, nos ubican dentro de la danza tango en una especie de armonía del Ying/Yang.

 

En el abrazo, el que conduce, envuelve al otro y lo contiene desde un lugar masculino, el otro se deja envolver y llevar, en un rol más receptivo y más propio de lo femenino, y es un rol que no tiene porqué ser pasivo, para desencadenar lo intuitivo y la capacidad anticipatoria del movimiento del otro.

 

Bailar tango es traspasar la angustia de la separación, por eso es muy común escuchar a las personas que luego de un divorcio se le abre el deseo de aprender a bailar tango para poder sentir que existe “el uno sin el otro”. Somos uno en un solo abrazo. ¿Será por esto que los habitués a la milonga, dicen sentir un tipo de “adicción” al tango, como si el tango les inyectara adrenalina? En relación a esto, un compañero de tango nos cuenta que “la milonga es mi segundo hogar. Desde que me separé de mi mujer vengo todos los días y cambio mi forma de ser y mi vida misma”.

 

Hay tantos estilos de bailar tango como parejas que lo baile. Según cada pareja de baile, el compás de la música, su poesía, notaremos que la creatividad y la estética difieren en cada pareja de bailarines. Algunas bailan con un abrazo más cerrado y otros, más abierto, regulando la distancia con el otro, siendo parte fundamental de la creación de momentos de comunicación de este peculiar lenguaje. Algunas parejas usan una forma u otra forma de abrazo alternativamente en el mismo tango. La fascinación que ejerce el tango desde lo visual, radica en que esos dos cuerpos al estar compenetrados en una interdependencia y en el abrazo, parecen formar una sola y  misma figura.

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Trabajo de reconstrucción de la subjetividad femenina y masculina a través de la danza del Tango

 

El juego de miradas que se cruzan para comenzar a bailar, imprime desde el inicio un ritual cargado de erotismo y sensualidad, ritual que como sabemos, conforma un cortejo muy singular. Allí, se expresan las fantasías del imaginario de toda una comunidad y que constituye nuestra identidad popular. Esta comunicación corporal y gestual donde la mirada juega un rol fundamental, nos conecta con lo puramente emocional, al punto que se capta rápidamente la personalidad del otro (“es un criticón, no disfruta y no para de corregirme” o “no me sigue, es una mujer muy dominante”)

 

Una mirada, la de Mora Godoy, en una reciente entrevista, afirma que del 50 al 60 % de las parejas que bailan tango “toda la noche seguramente termine haciendo el amor”. Agrega además que, “las temáticas del tango son un juego. Si yo voy a una milonga, voy a un juego. Y a mí me gusta ese cabeceo y que una asienta y que el hombre vaya hasta donde estás vos… O sea, que te pasan a buscar por la puerta de tu casa, algo que prácticamente no existe más”.

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En el lenguaje de esta danza, quién ejerce el rol femenino, tiene que involucrarse de forma tal que tiene que fluir intuitiva e intensamente a la propuesta muda masculina. Si bien, requiere una enorme concentración, es un gran ejercicio de la sensibilidad femenina (en el hombre de su parte femenina), no anticipar ni retrasar el paso de quien guía, para lo cual, hay que aprender a escuchar al otro. Los dos partenaires deben conservar su propio equilibrio y mantener su eje, los cuerpos tienen que adaptarse. En el rol masculino, existe el reto de expresar claramente la intención del paso con su torso para lograr que el otro lo escuche. En ese sentido, el tango es una metáfora de la comunicación en la pareja. Por eso, muchas personas se frustran durante el aprendizaje, y tanto los problemas emocionales como los problemas de comunicación, se proyectan en la danza, sintiendo un grado de insatisfacción o bien culpabilizando al otro porque no baila “como corresponde”, cuando no existe en el tango “lo que corresponde”, como diría el maestro Dinzel: el error es creatividad.

 

Es evidente que el tango no se reduce solamente a una trabajosa y meticulosa técnica, ya que contiene una serie de complejidades a nivel de las diversas emociones que se desatan a nivel de lo Inconsciente. Una compañera que baila con su pareja y que se destacan baiando, comenta que desde está con problemas con su pareja ya no bailan tan bien como antes: “¡no nos entendemos ni bailando tango!”. Esa falta de entendimiento era algo tan visible que cuando explico el motivo, nos llamó mucho la atención la magnitud en que esa situación íntima había interferido en la pareja de baile. Por esto, otra de las particularidades del tango, es que aún quienes son expertos en la técnica del tango y lo bailan desde hace muchos años, reconocen que el entenderse con el otro, no pasa por la “culpa” de uno o del otro, o de si alguno baila “mejor” que el otro, sino por la corriente que circula en esta singular dupla. Por eso, se suele decir en la milonga, que con aquel o aquella “no hubo onda y no pude bailar bien, pero con fulana o mengano me puedo lucir”.  Para lucirse, en efecto, se tiene que gestar una buena comunicación a nivel corporal y un interjuego de seducción dentro de la pareja de baile. Esa  sensualidad que hechiza en esta danza (tanto al que baila como al que observa), trae aparejado por un lado, una clara delimitación de la masculinidad y de la femineidad, y por otro, conlleva una suerte de confusiones, lamentos, quejas y contradicciones, como las letras de los tangos, que reflejan los conflictos de interrelación en una especie de  microcosmos social.

 

Parecería que el deseo de amar y ser amado tanto para hombres y mujeres, engendra más de un desencuentro y esos obstáculos que encierra toda demanda de amor, se reproduce en la danza tango, pudiendo tener la oportunidad de superarlos, si es que realmente nos sostenemos en ese deseo.

 

«El tango puede enseñarnos mucho sobre nosotros mismos y sobre nuestra relación con el otro. Es una de las bellas metáforas de las relaciones humanas », opina France Joyal, organizadora del coloquio internacional « Tango, cultura y Salud » realizado recientemente en la Universidad de Trois-Rivières de Quebec, y autora del libro “Tango, cuerpo y cuerpo cultural”. Es que el tango es como un espejo que nos refleja de manera teatral, nuestras carencias y deseos en una puesta en escena de nuestras más profundas fantasías. Como señala Lacan, “no hay rapport sexual” y en ese sentido, podemos pensar al tango como un acto sexual no consumado. No hay encastre y, sin embargo, la danza tango es una búsqueda constante de encastre envolvente de dos cuerpos que intentan construir un encuentro paradisiaco que reenvía al objeto de deseo, ese objeto deseado y perdido. Esta danza por lo tanto, reformula, transforma y reconstruye la posición masculina y femenina, y por lo tanto, el vínculo con el otro y con uno mismo.

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