TEATRO

“CORREAS, LA VOLUNTAD DE VIVIR” de Daniel Marcove

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Por Ana Bogado

Carlos Correas fue un hombre complejo aunque brillante. Un incomprendido y excéntrico autor. Un hombre trágico, como él mismo se autodenominaba.

Para algunos, simplemente un ex profesor de filosofía, para otros, el viejo loco del edificio en donde vivía.

Correas, a sus 70 años de edad, se vio en la necesidad, casi en la obligación, de acabar con su soledad y su sufrimiento arrojándose desde la ventana de su departamento. El hartazgo de una vida vacía, carente de un amor puro y verdadero, privado de toda la calidez que un ser humano necesita para su salud mental y espiritual, lo orilló a concluir lo que el mismo llamaba una comedia trágica.

“¿Tragedia o comedia?”, se preguntaba.

Sin esposa, hijos o familia alguna, tampoco tenía amigos ni conocidos que lo apreciaran. Despojado de todo aquello que por lo general, una persona necesita para sentirse vivo, algo que es más importante que el hogar, el dinero o el hambre…”la vieja locura”: el amor. Sumido en una búsqueda desesperada de ese amor –  tanto en hombres como en mujeres – a lo largo de toda su vida, terminó por encontrarse con la nada y con su propia inseguridad. Finalmente, se topó con la verdad absoluta de esta vida: uno es su mejor amigo y su peor enemigo, uno es el principio y el fin.

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Correas encontró su final, su tan anhelado y trágico final a manos de él mismo, dejando tras de sí un legado para aquellos que sufren de estrés, soledad y depresión. La obra nos deja un claro mensaje de advertencia: “No dejes la vida pasar”.

“Correas, la voluntad de vivir”, dirigida impecablemente por Daniel Marcove, con las excelentes interpretaciones de  

María Zubiri, Daniel Toppino y Raúl Rizzo, es una obra que te dejará perplejo. Podrás reír por la amarga ironía y llorar por lo trágica y cruel que puede ser la vida.

Te harás muchas preguntas, te replantearás muchas cosas… Inclusive, al llorar, podrás creer que estás llorando por el profesor, aunque puede que en realidad estés llorando por ti mismo.

Sin dudarlo ni un poco, la recomiendo muchísimo, sobre todo si está atravesando por un muy mal momento. Si usted es valiente, disfrútela, porque la va a poder disfrutar, no sólo por las maravillosas actuaciones, sino también por la simple aunque bella e inquietante ambientación de su puesta en escena.

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