AL DIVAN

AL DIVÁN: LUIS MACHÍN

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A la salida del teatro donde Luis Machín protagonizaba I.D.I.O.T.A, me acerqué a Daniel Veronese y le pedí que me presentara con Luis a quien ya había tenido el placer de verlo en innumerables obras, y en ese mismo Teatro Picadero, en “Vigilia de noche” y “Jugadores” también de la mano de Veronese, por nombrar las últimas obras. Su trayectoria es muy prolífica, ya que desde 1986 a la fecha, Luis actúo en cine (en más de una decenas de films), teatro (en más de 30 piezas teatrales) y televisión (“Loco por vos”, “Educando a Nina”, entre muchas otras). Recibió cinco premios Martín Fierro, premio Cóndor de Plata en la terna de Revelación masculina por “Astilleros” y premio Personalidad destacada del año diario La Capital por la mejor trayectoria del año. Viajó por el mundo con muchas de sus obras de teatro.  El reconocimiento y su celebridad como actor, no le quitaron su aire rosarino ni una tierna modestia en su forma de expresarse.  Luis se mostró muy abierto a esta experiencia, y resultó explayarse en el diván en cuerpo y alma.

Por Dra. Raquel Tesone

Fotos: Sergio Cocu

Permiso, ¿puedo pasar al baño? (Le muestro donde está el baño y al volver se acuesta en el diván para posar para las fotos,  y luego, ya en la intimidad del consultorio, no se levanta en ningún otro momento del diván, salvo para volver a ir al baño)

Espero te sientas libre de poder transitar por esta experiencia.

Te cuento primero los motivos que me llevan y los que me llevaron en su momento a consultar. Tuve dos terapeutas, uno hace muchos años, tuve cuatro años con él, y  con el último, con quien me atiendo hace 9 años, hacen un total 16 años de análisis. En principio fui por manifestaciones orgánicas de la ansiedad, primero no sabía qué era eso hasta que se hizo un diagnóstico clínico. Tenía intolerancia a la comida, llegué a pesar 67 kilos. Trabajaron juntos el médico clínico con un psiquiatra psicoanalista, y con la medicación se encarriló. Eso me hizo pensar que tenía que buscar una contención fuera de mí y observarme desde un ángulo que no fuera desde mi ombligo, tan centrípeto. En la primera terapia tuve dificultades porque no terminaba de ver qué me pasaba, él era bastante reticente a la medicación, y al final me había sugerido medicarme, pero yo ya había decidido irme y pasé con el psicoanalista actual. Esas sensaciones extremas de mucha ansiedad y mucha angustia, se empezaron a romper con la palabra, esa especie de dique que uno hace para autoconetenerse, se rompió en el mejor sentido.  La palabra fue sanadora, salió todo lo que tenía guardado.

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¿Eso guardado se empezó a canalizar por la palabra en lugar de ir al cuerpo?

Totalmente, yo no tenía experiencia ninguna de hacer psicoterapia, tenía 27 o 28 años, y encontré además un lugar para supervisar mi actividad. Aunque no hablo tanto de este tema, sin embargo, es donde paso la mayor cantidad de horas que rige mi cotidiano. Y mi cuerpo estaba muy atravesado por otras vertientes que no tenían que ver con lo creativo, más bien, por cuestiones personales e íntimas, pero eso no me impedía actuar. He llegado a actuar con pastillas desparramadas por el escenario, para echar mano cuando hiciera falta, si me agarraban ahogos o taquicardias, tenía algunas pastillas partidas guardadas por todos lados. Actuaba con la pastilla apretada entre los dedos, o en el bolsillo del saco, y eso me daba mucha seguridad. El efecto no era inmediato, pero me sentía seguro. Cuando di con esa combinatoria con el clínico/psiquiatra psicoanalista se fue encaminando todo bastante rápido. Soy muy agradecido de la terapia porque fue lo que me permitió ordenar muchas cuestiones personales que estaban desordenadas. Pude ponerle nombre, escucharme, es un lugar donde uno puede escuchar bien lo que le pasa, lo que siente, luego, se tornó en una necesidad imperiosa y ahora es el período de tiempo que hace como 3 meses que no voy, mañana retomo. Se fue dando naturalmente, y muchas veces por mi actividad, pasa un tiempo que no voy porque es difícil organizar mis horarios. Pero trato de encontrar un espacio, una vez por semana o cada quince días, y he llegado a ir cuatro veces por semana. Siempre fue un lugar que no me dio pachorra ir, y por los años que estoy con el mismo terapeuta, siento que él conoce tanto de aquello que uno habla sólo con su psicoanalista, y sin terminar de mencionar alguna cosa específica, él ya la entiende, y tengo necesidad de decirlo para escucharme. Eso hace que sienta que yo puedo saltar y que hay una red de contención porque él entiende rápidamente lo que pasa. Y puedo cortar de pronto para ir a hacer pis, por ejemplo.

¿Y vas al baño antes de empezar la sesión, como hoy? Cómo hablaste de un cuerpo que sufría y contenía, ¿podría ser un ritual de la catarsis por la palabra y  descarga por el cuerpo?

Podría ser un ritual también cuando yo fumaba, entraba a la sesión y me fumaba dos o tres cigarrillos, y él me manifestaba que como él era ex fumador, le hacía muy mal, lo cual me incomodaba, pero le decía, “yo fumo”. Me propuso un acuerdo de fumar uno, después me fumaba dos o tres seguidos rápido en la sala de espera, porque después no iba a poder hacerlo dentro. Él antes de empezar, tiraba desodorante de ambientes, abría las ventanas, eso me incomodaba, porque confirmaba que le hacía muy mal el humo. Hasta que después dejé de fumar, pero no por eso (risas). Pasamos por todos los períodos, desde que fumé hasta que dejé de fumar al momento de nacer mi primer hijo, me vio soltero y sin hijos hasta que me casé y ahora tengo dos hijos, pasamos de alto gramaje de medicación a ir bajando los gramajes y no tomar más, todo un acompañamiento de un cambio muy grande. Y yo he fumado desde los 14 años hasta los 40. A mí me sigue despertando mucha curiosidad la terapia, saber que hay una contención de las cosas que se aparecen en mi cabeza, de la percepción que uno tiene de los vínculos, trabajar sobre muchas cuestiones que cambiaron a partir de la paternidad, ver mi continuidad en otro. Mi actividad o como uno la quiera llamar, está muy vinculada a cómo uno se proyecta. Pensaba que me gustaba ser actor porque creía que iba a ser menos mortal.  ¡Y eso ahora me parece una estupidez! Yo decía: “algo de mi va a quedar, alguien va a mirar y se va a acordar de algo”. Pero a medida que va pasando el tiempo, tengo más consciencia de la caducidad, y que lo más importante es que uno sepa lo que quiere hacer y lo haga lo mejor que pueda, mientras tenga la oportunidad de hacerlo, y después, ya está.

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Claro que pudiste aceptar esto después de tener hijos que te van a prolongar la vida.

(Risas) Si, claro, si, si, es que antes era joven y me venía bien creer en lo otro.

Y te debía calmar el miedo a la muerte pensar así.

Si. Creo que ahora me preocupa menos que antes. Y si me preocupa es porque mis hijos son chicos y quiero permanecer un poco más… Tuve sensaciones de decirme: “mejor que termine”, porque me sentía físicamente tan mal que era mejor que se termine, sentía que se me complicaba demasiado, ya no lo podía manejar y que no había ayuda que me sostuviera. Pero siempre fue una tabla de salvación para mí la actuación porque era lo que mejor podía hacer, me limaba bastante la ansiedad en los momentos que actuaba, salvo en los períodos que la pastilla andaba por ahí dando vueltas, pero los momentos de mayor desahogo, tenían que ver con actuar. Con los ensayos también, eran muy liberadores. Siempre la actuación, sigo siendo una persona ansiosa que está contenida o supervisada, pero no perdí ese componente de ansiedad.

¿Y tus padres también?

Mi madre es una persona ansiosa. Mi padre murió cuando yo tenía 16 años y mi madre vive y tiene 87. Los recuerdos que tengo de mi padre son más bien lo contrario, una persona melancólica, sus raptos de mayor histrionismo en las reuniones familiares agrandadas, y mi padre tenía un carácter para abajo. Mi mamá era más estridente.

Y ese temor a la muerte, ¿tiene relación con la pérdida de tu padre siendo vos tan joven?

Si, el murió de un infarto, y siempre latía esa posibilidad que él muera, porque él tenía una enfermedad cardíaca y siempre desde que yo era chico, estaba la posibilidad que sobrevenga una crisis. Sobrevolaba eso, tenía que tomar vasodilatador, me acuerdo que se ahogaba y yo veía como se ponía una pastilla debajo de la lengua. Yo ya lo notaba, estaba muy pendiente de eso. Antes las emociones fuertes, mi padre usaba la pastilla, no podía ver futbol porque era muy fanático, entonces, no tenía que vivir emociones fuertes. Todos estábamos haciendo malabarismos para que nada le tocara demasiado, porque enseguida le sobrevenía el dolor en el pecho.

Y vos elegiste una profesión donde trabajas con las emociones y con emocionar al otro.

Si… si, lo familiar tenía algo de escénico. Con el tiempo, algunas anécdotas familiares note que tenían que ver con la representación, el vinculo que él tenía con su mamá, un disco que le ponía de Beto Orlando “madre querida”, la esperaba con ese tema puesto en el Winco y mi abuela aparecía por el pasillo, y se abrazaban y mi abuela lloraba y le regalaba un ramo de flores.  Y todos los cumpleaños eran lo mismo. Me reía de esa situación (risas), me emocionaba también, pero pensaba: “siempre lo mismo”, porque todos los años se repetía.  Tenía una tía paterna que era hincha de Newell’s, iba a la cancha y era muy mandona, había escenas muy teatrales.

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¿Pensas que estas escenas familiares con tanta teatralidad pudieron armar tu mirada de actor?

¡Vaya uno a saber! Yo no sé si una cosa trajo la otra, de algunas cosas me empecé a dar cuenta con el tiempo, cuando empezás a revisar esas cuestiones. Lo relacioné siempre por el lado de mi madre que por el lado de mi padre, pero después con el tiempo vi que había muchas situaciones que me ligaban a la representación de mi familia paterna. Mi mamá hubiera querido ser actriz por eso lo digo, y tengo la impresión que hubiera sido una actriz un poco excedida (risas) pero para el melodrama hubiera venido muy bien.

¿Y por qué no pudo ser actriz?

Esas cosas de la vida, hay gente que no termina de darse cuenta bien para donde está su deseo… Ella incentivó mucho todo lo que tenía relación con mi profesión.

¿Vos realizaste el deseo de tu madre?

Y algo de eso hubo, con los años me di cuenta de eso, y hace unos años le escribí una carta diciéndole que yo sentía que había sido actor por ella, porque ella había sido como una especie de motivadora de mi deseo de actuar. Cuando yo empecé con mi curiosidad de actuar, ella siempre me apoyo mucho. Después de la muerte de mi padre, yo estaba en la secundaria, tendría 16 años. Yo bromeo, y no tanto, porque yo digo: “yo maté a papá”, porque el primer día que salí en el diario, vi mi nombre que era su nombre además, porque me llamo igual que él. Ese mismo día que sale mi nombre, él muere. El tenía verdulería y frutería y cuando el muere, lo trae en el camión el socio esa noche a mi casa, y yo estaba en la heladería de un tío mío – que trabajaba en las temporadas de verano – y justo veo que llega el Diario y lo llevo a casa. Y llegué a mostrarle que en el diario estaba mi nombre y se puso contento, no recuerdo que dijo… (silencio). En el Diario apareció Luis Machín y al otro día apareció Luis Machín pero en otra sección, en la sección fúnebre.

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Podríamos darle una vuelta de tuerca: por un lado, lo mataste y por otro, necesitaste inmortalizarlo. Siendo actor, conjugaste el prolongar con tu nombre a tu papá, y además, realizar el deseo de mamá.  Me parece que la ansiedad por la posible muerte de tu padre que sobrevoló tu infancia y adolescencia, conllevó un “quiero que se termine”, para que se termine la ansiedad.

Si… Si, además, lo doloroso de todo esto es él tenía un cotidiano marcado por la angustia que cualquier emoción lo afectaba, y por otro lado, tenía un comportamiento de una persona que no tiene una enfermedad ya que él se valía por sus propios medios. No estaba postrado, no era alguien que era inminente la muerte porque uno veía el deterioro. Recuerdo esa tarde de verano, él era medio panzón, entonces el andaba en cuero y calzoncillos en casa, y hasta esa misma tarde, él estaba contando unos chistes y nosotros riéndonos. Hasta ese último momento, parecía una persona que estaba bien.

Pero tenías que cuidarte de no emocionar a papá para que no corra peligro de muerte, eso debió haberte generado una intensa ansiedad. Ahora podés despertar todas esas emociones guardadas en tu público y por eso necesitabas algún espacio para liberarlas.

Claro, además, gran parte de mi infancia y de mi adolescencia estuve muy vinculado a la religión católica, hasta que hice teatro, y el teatro desplazó la religión. Un amigo me dice: “cambiaste un fundamentalismo por otro” (risas)

¡Cambiaste a Cristo por Stanislavski!

(Risas) No, nunca fui muy teórico, un profesor me decía que no necesitaba leer los libros porque yo hacía lo que los libros decían (tose)- Tengo que pasar al baño, porque por un trabajo de fonoaudiología tengo que hidratarme mucho. (Al salir del baño, vuelve a recostarse en el diván). Vos que sos psicóloga y te gusta tanto la actuación, tenés que leer algunos de esos libros como “Sacáte la careta y ponete el antifaz” de Ure, porque hace una conjugación muy interesante de lo que es el trabajo del actor. El decía una frase de la que me apropié: “los actores son personas cuando actúan, cuando no actúan no son personas, son actores que no actúan” (risas) Es muy cruel, pero es muy cierta, y uno que hace muchos años que actúa, y ver comportamientos de actores. Yo no tuve muchos períodos largos que no actué, y cuando los hubo, siempre lo viví con una sensación de abstinencia, por haber sido fumador y haber dejado, esa sensación la conozco bien. De a poco, me fui armando para que esos períodos que no actúo fuesen muy cortos. La etapa que recuerdo más larga fue de dos o tres meses sin actuar, y la más feliz, fue cuando nació mi primer hijo, cuando nació Lola, ya no recuerdo tener períodos de tanto tiempo. Con mi primer hijo, no lo sentí como un peso, tenía un resguardo de dinero, eso ayudó.

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Al ser padre, se habrá movilizado el vínculo con tu papá. Ahí dejaste de fumar (te) varias cosas… dejaste la adicción al cigarrillo y a la religión. Parece haber en tu historia un contrapunto constante: muerte/inmortalidad, guardar o contener/ liberar o descargar emociones. Una familia que trata de guardar sentimientos artificiosamente para controlar la muerte y vos que, después de la muerte de tu padre, las liberas siendo actor.

Y te voy a dar otro dato respecto a lo que decís: yo nací un día después por elección del obstetra que atendía a mi mamá, porque no recuerdo bien, pero yo nací un año o dos años después de un hermanito que nació muerto y que,  probablemente le iban a poner el mismo nombre, y encima, iba a nacer en el mismo día, por eso se atrasó un día, y nací al día siguiente. Me enteré que tenía un hermano anterior a mí fallecido a los 17 o 18 años, y fue cuando una clienta de mi mamá le dice a una amiga en común, “a tal le pasó lo mismo que a vos, se le murió el hijo al nacer”. Y mi madre le hizo una cara como que se calle, y cuando se fue, le dije a mi mamá: “contame que pasó, porque me acabo de despachar de algo que no sabía”. Me contestó: “no nada, nada”, pero ahí me contó. Después averigüé por la familia cómo fue, y él nació un 9 de abril, y por ese acontecimiento, se programó la cesárea para que yo naciera el 10. El médico le preguntó qué día quiere que nazca, y ella le dijo: “usted conoce mi historia clínica”.

Otro lazo con la muerte y otro ser a quien tuviste que inmortalizar: tu hermano. Con esta historia, imposible no tener un trastorno de ansiedad, la verdad, ¡la sacaste barata!

(Risas) Menos mal que no coincidió en la fecha y que mi madre dijo “así no va a funcionar” y mi papá también.

Te quisieron salvar y el apoyo en la actuación fue para que ese cuerpo se libere.

Un cuerpo que lo padezco.

Y será por eso sos uno de los mejores actores que tiene un manejo extraordinario de su cuerpo en el espacio escénico. ¿Dejamos acá?

Me sentí verdaderamente muy cómodo.

Igualmente lo fue para mí, un verdadero placer escucharte y una entrevista sumamente interesante para cualquier psicoanalista.

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Del otro lado del diván

Es la primera vez en todos mis años de profesión que un entrevistado se recuesta en el diván durante su consulta. Lejos de interpretar prejuiciosamente que evitar el contacto visual, podría ser un indicador de una defensa o una toma de distancia, encontré que el discurso de Luis vehiculizaba una intensa fluidez.  Hay claros signos de total confianza en la forma en que se dirige a mi, tal como si fuese un paciente que está hace tiempo atendiéndose conmigo. Es probable que la recomendación de Veronese me haya ubicado en un lugar fiable, pero sin lugar a dudas, gran parte de  lo que surgió en este encuentro tiene estrecha relación con los años de diván y con el proceso elaborativo que Luis capitalizó en sus años de psicoanálisis.  Con lo cual, pudo aprovechar este espacio de análisis para seguir analizándose.

Luis trajo un cuerpo que se desplaza del diván al baño y del baño al diván, un cuerpo que necesita el canal de la palabra, pero también de la acción para re-presentarse. Pienso ese cuerpo, como un cuerpo sufriente por todo lo que padeció, pero también como un cuerpo en proceso de transformación. Un cuerpo que pudo convertir su dolor en arte. Se trata nada menos que del cuerpo de uno de los mejores actores que – significativamente – se expresa con su cuerpo con una performance única. En cualquiera de sus actuaciones en teatro, se puede apreciar con mayor profundidad que en el cine o en la televisión, el despliegue corporal espectacular dentro del espacio escénico. Un cuerpo que actúa transmitiendo tanto o más que el parlamento, que se mueve con destreza, un cuerpo que habla a través de sus gestos y que es la encarnación per se del protagonista, lo corporiza a tal punto que, cuando el personaje habla, el espectador ya está informado con antelación a la puesta en palabras. ¿Será por eso que Luis habla de “actividad” cuando se trata de su trabajo? La actuación salvó a ese cuerpo que “debía” contener emociones, como si fueran orina, algo a retener para no matar a su padre. Luis pudo elaborar la culpa de haberlo matado al actuar (y liberarse), pero en un mismo acto, lo mata y lo inmortaliza, al igual que con su síntoma. Los ahogos y la taquicardia serían una suerte de identificación con un rasgo del padre, de hecho, al igual que él, necesitaba de una pastilla para obtener “seguridad”.  De la misma forma que cuando era niño y presenciaba los ahogos de su padre al verlo tomar la pastilla, Luis debía aliviar su ansiedad frente al peligro de muerte de su padre, al notar que su padre se recuperaba luego de ingerirla. “Los momentos de mayor desahogo, tenían que ver con actuar”, dice y remarco: des-ahogo. “Los actores son personas cuando actúan, cuando no actúan no son personas, son actores que no actúan”. Y él pudo ser una persona completa al actuar, al juntarse con su cuerpo emocional. Por otro lado, el nacimiento de sus hijos parece haber posibilitado que Luis se identifique con su padre desde otro lugar, es decir, el hijo que porta el Nombre del Padre y prolonga su descendencia, y la propia (dejando su adicción a la nicotina). “Pensaba que me gustaba ser actor porque creía que iba a ser menos mortal”, y era a su padre a quien quiso hacer menos mortal siendo actor, y “menos”, implica que la muerte era algo que lo rondaba desde su infancia y que tuvo que aceptar siendo niño. Asumió la muerte como un hecho inexorable, aunque lo considerara bajo su control y el control familiar. La actuación fue salvadora y sanadora justamente porque lo invitaba a perder el control. Y allí nació pudo nacer su deseo y comenzar su proceso creativo. Luis parece haber querido matar dos pájaros de un tiro, porque además, de inmortalizar al padre, cumplió con el deseo irrealizado de su propia madre, una madre que un año o dos antes sufrió junto a su padre la pérdida de un hijo, pero pudieron animarse a concebir otro con el deseo de no destinarlo a que ocupe el lugar del muerto.  

La actuación y el reconocimiento le salvaron la vida a él, a su padre, pero además a su hermano, quien iba a llevar su nombre, con lo que Luis Machín al fin, rectifico, mató tres pájaros de un solo tiro. Su nombre y apellido- gracias a su arduo trabajo de análisis, a su intensa trayectoria actoral y a su creatividad artística- , tiene un prestigio y una trascendencia tan importante, que logro hacer que los tres sean “menos mortales”.  

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