TEATRO

“TARASCONES” Dirección: Ciro Zorzoli

 

Por Javier Demaría

Fotos:G. Gorrini / M. Cáceres

Con dramaturgia de Gonzalo Demaría y dirección de Ciro Zorzoli se está presentando en el Cervantes, a sala llena, con localidades agotadas, Tarascones, suerte de comedia negra en verso.

La obra resulta una atractiva y -por momentos- divertida propuesta teatral, cuyo valor principal se reparte entre las cuatro actrices que encarnan a estas esperpénticas bienudas y la profusa verba cantarina, irreverente, desenfrenada e intensa de su dramaturgia.

Así Paola Barrientos, Alejandra Flechner, Eugenia Guerty y Susana Pampín, serán cuatro  señoras en una coqueta y algo asfixiante casa burguesa que ocuparán su tiempo entre defenestraciones hirientes a la criada que han encerrado, mientras asistimos al patético velorio de un perro enano y al festival de revelaciones que cada una de ellas blinda para sí, bajo cuatro llaves.

En el comienzo, una suerte de imploración a la benevolencia por el mensaje dirigido al público que va a comenzar a conocer la historia a la manera de las comedias latinas, nos introduce ya en el tono y estilo de la obra, el personaje nos adelanta un poco de qué va ir la historia. La acentuación de los caracteres dislocados desde sus comportamientos y sus vestuarios nos ubican frente a un universo exacerbado donde casi no hay respiro, de una clase que presenta desde el vamos todas las taras y clichés de cuatro arpías de existencias nimias. No se ahorran aquí, adjetivos denigratorios ni gestualidades varias. El eje es el ridículo en la construcción de una formalidad que va, en todo el devenir de la obra, por delante del texto, como si la obra fuera más el esfuerzo de lo chillón y de lo desaforado y un poco más acá estuviera el texto literario de base, que rico en sí mismo, con ingenio y ocurrencia parece dejar de lado (porque no se quiso o no se pudo) una construcción más sólida, más allá de la propuesta primera, que en este caso deviene en divertimento.

Hay una anécdota mínima y algunos incidentes,  pero la obra es más la performance de las actrices con la presencia musical de un texto en verso que la singularidad de sus caracteres demarcatorios. Todas ellas son como un mismo personaje más allá de los secretos personalísimos de cada cual. Esto en mi criterio le quita variedad, reitera el recurso y da la impresión que falta una vuelta de horno para terminar de aprovechar la ligazón de actrices en gran performance, texto pulido y saltarín para una dirección que no pase solamente por administrar una suficiente dramaturgia actoral en unos espacios y una iluminación acorde al elemento rancio de lo aburguesado.

Tarascones cuyo nombre da la idea de arrancarse a pedazos, parece mantener algún contacto con Las criadas de Genet y con 8 mujeres de Ozon, sin la dimensión tortuosamente dramática de la primera ni el glamour misterioso de la segunda por lo que nos propone no subvertir valores ni emocionarnos ni problematizarnos. Nos propone aceptarla como divertimento toda vez que sea la presentación de un mundo ridículamente reconocible, lo suficientemente reconocible como para mantener distantes a aquellos, que ganados por la obra, reirán a mandíbula batiente.

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