CUENTO/LITERATURA

LA NOCHE DEL SUEÑO Por MAXIMILIANO CIRUZZI

Cuento foto Maxi

Ciudad de Buenos Aires 19:58

Camino rápido, alargando los pasos, para llegar a tiempo a mi sesión de terapia. Subo los escalones de la entrada del edificio y presiono el botón del portero eléctrico.

– ¿Hola?

-Hola Arnaldo, Julián soy.

-Ah si, Julián, ahora bajo – Me dice mi terapeuta.

Mientras espero que me abra la puerta, pasan dos chicas por al lado mío, una rubia con rasgos europeos y la otra morocha voluptuosa, seguramente salían del gimnasio pienso; las miro, la morocha me sonríe, me sonrojo y le devuelvo la sonrisa. Después de unos minutos escucho que se abre la puerta con un golpe seco. Giro rápidamente y lo veo a Arnaldo. Le doy un apretón de manos y me indica que pase.

Entramos a su departamento, me acuesto en el diván, me tomo unos minutos, ya que los ruidos de la calle y el trabajo me llevan a hacerlo. Respiro hondo, exhalo y me relajo.

Siento que la angustia se apodera de mí. Trato de hablar de lo que me pasó anoche y no sé cómo. Interrumpo el silencio de la sala, con mi relato. Miro el reloj.

20:05

-Ayer por la noche, me desperté a las cuatro de la madrugada y no conseguí seguir durmiendo. Me desperté como si hubiese dormido 10 horas. No fue una buena noche, tuve una pesadilla, creo – y a medida que iba haciendo mi introducción, mis recuerdos comenzaban a tomar forma. Las imágenes volaban por mi cabeza. Continuo.

– Todo sucede en mi habitación, trataba de despertar y lo primero que hice es intentar abrir los ojos. Cuando estaba en ese proceso de despertarme, veo que se me venía acercando una foto, trato de entender porque una foto volaba hacia mí, hasta que pude enfocar mejor la vista y me di cuenta que lo que se acercaba era algo tomado por una presencia que traía en su mano una fotografía. Se acercó, se paró junto a mi mesita de luz, acercó lentamente la foto junto a mi cara y yo desesperadamente comencé a tratar de despertarme. Era como una figura de luz transparente, recuerdo que al cerrar los ojos no la veía más, pero al abrirlos estaba ahí. No podía creer lo que estaba viviendo. Entré en shock. Parecía pedirme que tomara la foto moviéndola cerca de mi rostro. Yo trataba de gritar, mi boca estaba como sellada, solo podía balbucear, quise abrir los ojos con toda mi fuerza, pero estaba paralizado, no podía conseguirlo, estaba muy asustado. Intenté tomar la foto con mi mano, pero mis extremidades estaban como pesadas, no conseguía hacer nada. Entonces de repente este ser me acarició el pelo y me pidió que me calmara. Me dijo que todo va iba a salir bien.

El fantasma me tendió la fotografía, y al final logré agarrarla, quedamos enlazados. Sentía la energía que me pasaba a través de la imagen, escuchaba un sonido semejante al de un extractor de cocina que no paraba y era constante. Me detengo y trato de volver a entender lo que me sucedió. Vuelvo del trance, al haberme trasladado de nuevo a esa experiencia y pienso si Arnaldo me estaría escuchando. Empiezo a pensar si me creerá algo de todo esto. Miro la hora.

20:20

Continuo mi relato.

-La foto era de cuando era un niño. Un día soleado en el río, era invierno, ventoso, teníamos camperas muy abrigadas puestas. Estaba en la proa de un velero, junto a una persona detrás de mi apoyada sobre en un mástil, creo que era un amigo de la familia, no pude distinguir quien era. Fue un segundo, dejé de ver la foto, y  volví a la locura de lo que me estaba sucediendo, tratando de entender lo que estaba pasando. La presencia seguía a mi lado. Sentía su energía, Arnaldo, pensando que no era un sueño y que todo ocurría era verdad. Traté de comunicarme pero mi boca no reaccionaba parecía que la tenía pegada. Traté de interactuar con esta cosa, pero no lo logré – Dejo de relatar mi sueño, me invade una tos sofocadora, me reincorporo y retomo mi relato.

-Abrí los ojos y se me cerraban, no podía sostenerlos abiertos, igualmente ya no tenía miedo. Me daba incertidumbre, pero lo disfrutaba – trato de acomodarme nuevamente porque estoy incómodo en el diván. Me muevo de lado a lado buscando la posición más cómoda, pero no la encuentro.

Cierro los ojos, repaso en mi mente quiero saber si dije todo sobre el sueño y que nada se haya escapado. Continuo.

– Arnaldo, ¿Entiende lo que le estoy contando?, ¿Hay alguna explicación?- pregunto confundido tratando de encontrar una respuesta a todo esto.

-Si, Julián, lo que pasó es una distorsión de la realidad. El cerebro hace una parálisis y lo lleva a los lados más recónditos y oscuros de su Inconsciente –

me quedo pensando e insisto con varias preguntas.

-¿Es peligroso? ¿Trae consecuencias? -pregunto en un estado que rondaba la paranoia.

-No, la realidad es que no hay estudios certeros de cómo pararlos, pero la terapia es un buen recurso.

Me quedo petrificado, la noticia me angustia demasiado, y me deja pensando que tengo una enfermedad extraña de la que nadie sabe mucho acerca de ella.

-Ya es la hora Julián, muchas gracias por venir nos vemos la próxima semana –éstas palabras parecen cortar como con un sable mi momento de reflexión.

Me levanto, lo miro con desazón y un poco enojado por no sentirme contenido en mi angustia. Le extiendo la mano para saludarlo. Me ofrece un caramelo y me mira con una sonrisa.  Observo la caja de caramelos que sostiene su mano. La abro. Tomo uno, la cierro, lo miro y tiro la caja a la mierda.

-¡Ah, La puta madre que lo parió! -grito desesperadamente.

Pego un salto para atrás del susto, Arnaldo se había convertido en una especie de hombre gusano con una boca del tamaño de una sandía, sus ojos parecían desorbitados y del tamaño de los huevos de campo.

Empiezo a gritar y a tratar de salir de ese lugar, pero no puedo hacerlo, estaba como atrapado contra la pared y la puerta de salida estaba detrás de él… Trato de pegarle una patada pero no llego. De pronto, me escupe una baba viscosa que me cae en los ojos, me empiezan arder inmediatamente, no puedo ver, pierdo el control. Estoy en problemas pienso. Siento un ruido seco y un golpe en mi pecho. La boca de Arnaldo se me incrusta en mi esternón y siento como empieza a romper mis huesos como si fuera una trituradora. Lleno de dolor le meto los dedos en sus ojos para tratar de sacármelo de encima, pero es inútil. Cuando mis dedos se hunden en sus ojos, siento como una especie de gelatina pegada a mis dedos, nada sucede, sigue comiéndome. El olor que había en la sala me hace vomitar, no sabía si estaba vomitando sangre o agua. Estoy muriendo, pienso, me estoy debilitando. Voy cayendo lentamente apoyando la espalda contra la pared. Siento que me había traspasado, trato de calmarme. Algo raro está sucediendo y no sé que es. Respiro hondo. Cierro los ojos y busco una salida. Siento como esta cosa está succionando mi cuerpo.

De repente, un ruido ensordecedor arremete en el ambiente, era el de una sierra, trato de divisar lo que sucede aunque estoy a punto de desmayarme.

Aparece un payaso destrozando a Arnaldo con una sierra de mano de las que cortan madera. Creo que me está ayudando. Me esta bajando la presión, un olor asqueroso sale de esa sierra cuando corta la carne. El payaso me mira fijo.

-Pues tío, esta cosa te está comiendo -me dice en un tono muy jocoso y divertido, y con acento español.

-Ayuda -le respondo con mi último suspiro, agonizando y horrorizado.

-Tranquilo chaval, esto es cosa de todos los días. Solo necesito que hagas algo por mí.

-¿Qué quieres que haga? -le pregunto desorientado, ya que cualquier cosa que me pidiese lo haría con gusto con tal que me salvara de lo que estaba viviendo.

El payaso apaga la sierra y se acerca a mi rostro, el gusano o Arnaldo esta casi despedazado en mi pecho, no puedo entender lo que me está pasando.

-Vuelve al mundo real y mandale saludos a Gloria Rubinich, dile que la saluda el Vazco –  me dice el payaso con una expresión sería. Me mira a los ojos unos segundos y luego, me guiña un ojo.

Una explosión y una luz blanca estalla sobre mis ojos. Despierto en una camilla.

Me reincorporo rápidamente. Empiezo a gritar desesperadamente. Me encuentro en una especie de cuarto de clínica. Golpeando las puertas vaivén entran unas enfermeras corriendo, escucho el pitar del monitoreo del cardiograma. Una de ellas me toma de los hombros, trata de calmarme, la miro con ojos de desesperación, de a poco dejo de gritar y alcanzo a ver su nombre en su insignia.

– Julián, Julián, tranquilo -me dice mirándome a los ojos para generar confianza. Le sonrío un poco confundido, su nombre me lo dice todo, me dejo caer lentamente en la camilla.

Pierdo mi mirada hacia la pared donde esta el reloj. Marca las 19:58

 

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