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LA VERDAD DE LA MILONGA: ENCUENTROS Y DESENCUENTROS Parte 2: Por Dra. Raquel Tesone y Dra. Elisa Lion Ilustración: fotos de la obra del artista plástico Jorge Alio

Una mirada, la de Mora Godoy, donde afirma en una reciente entrevista que del 50 al 60 % de las parejas que bailan tango “toda la noche seguramente termine haciendo el amor”, también agrega que “las temáticas del tango son un juego. Si yo voy a una milonga, voy a un juego. Y a mí me gusta ese cabeceo y que una asienta y que el hombre vaya hasta donde estás vos… O sea, que te pasan a buscar por la puerta de tu casa, algo que prácticamente no existe más”.

Efectivamente, una vez que se da la armonía de los cuerpos entrando en sintonía, los hombres suelen decir: “me estás enamorando”. Y las mujeres ¿les creen o necesitan creerles para volver a confiar en el amor? Parece que hoy hasta el deseo se diluye por las redes del Tinder, al menos aquí hay un intento de encuentro.

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Ahora bien, es verdad que se trata de un encuentro amoroso o ¿podría ser una manera de negar la soledad?

En muchas ocasiones el amor se gesta, de hecho, hay parejas que se han conocido en la milonga. Sin embargo, en otras lo que parece no se da tal como aparece. Significativamente, según el diccionario de la Real academia española, la palabra milonga significa “festejo, reunión, encuentro”. Es curioso que la acepción coloquial de la palabra milonga sea “engaño, cuento”. El significante “mentira” también aparece en algunos diccionarios. Esta connotación es muy fuerte y nos lleva a preguntarnos: ¿cuál es la mentira o cuál es la verdad que en algunos de éstos encuentros puede ocultarse en la milonga?

En principio se suceden en más de una ocasión una serie de malos entendidos o sobrentendidos, y así se escuchan las siguientes frases: “ni me pregunto el nombre y ya me quiso estampar un beso” siendo una posible lectura para ello, que el hombre no necesita saber ni como nos llamamos, porque lo que siente para él en ese momento, es la contención del abrazo restaurador de la mujer y la tentación del deseo. Esto engendra la confusión entre el encuentro amoroso y su necesidad afectiva que se traduce, en la mayoría, en deseo sexual. Además, por lo general, las letras de los tangos nos hablan de grandes penas amorosas y sufrimientos tormentosos a causa del amor. ¿Es que hombres y mujeres se ven enredados en una confusión que hace del encuentro un desencuentro?

Otras acepciones de milonga: “enredo, lío, batahola, problema” (de origen africano), o sino la más conocido: “composición musical folklórica argentina, de ritmo apagado y tono nostálgico que se ejecuta con guitarra y es un baile que se caracteriza por el abrazo” o sino otra que dice: “discusión o riña”, de ahí el dicho “se armo la batahola”.

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La milonga o la “batahola” podríamos asociarla a aquello que en el tango se reproduce. Es ahí donde se producen los desencuentros al estilo y se escucha decir: “¡ésta es una histérica!, ¡pero que esperan las mujeres si parecen hombres!”, “pero no entiendo, qué esperas de mi, ¿que haga magia? ¿no me dijiste que estas separada?”. Una amiga solía protestar: “separada pero no castrada!”. Otras manifiestan que parece que se da por sobrentendido que el hecho de estar sin pareja,  no se entiende como contar con la opción elegirla (o no, de seguir sin tener pareja), y las mujeres suelen sentir que a los hombres “ya no les interesa ni siquiera seducirnos”. Y confirmamos en este grandioso baile, que el hábito de la seducción cayó en desuso por entender que el baile es en sí mismo el juego de la seducción.

Es curioso que otra de los elementos que se dan sin palabras en el tango, es que la mujer tiene que involucrarse de forma tal que tiene que fluir intuitiva e intensamente a la propuesta muda masculina. Si bien, requiere una enorme concentración, es un gran ejercicio de la sensibilidad femenina, no anticipar ni retrasar el paso del que la guía. Los dos partenaires deben conservar su propio equilibrio y mantener su eje, los cuerpos tienen que adaptarse, y el hombre tiene el reto de expresar claramente su intención con su torso para lograr el éxito tan deseado. El tango es toda una metáfora de la comunicación en la pareja. Sin embargo, muchas personas se frustran, y tanto los problemas emocionales como los problemas de comunicación, se proyectan en la danza/tango, sintiendo un grado de insatisfacción que no permite seguir el aprendizaje o bien culpabilizando al otro porque no baila “como corresponde”. Evidentemente, el tango no se reduce solamente a una trabajosa y meticulosa técnica, ya que contiene una serie de complejidades a nivel de las diversas emociones en juego. Una compañera que viene con su pareja y que se destaca en las artes del baile nos comenta que desde que está con problemas con su pareja ya no bailan tan bien como antes: “¡no nos entendemos ni bailando tango!”; este efecto era algo tan visible que, cuando explico el motivo, nos llamó mucho la atención cómo la situación intima interfería en el baile al punto de reflejarse en la pista. Por esto, otra de las particularidades del tango, es que aún quienes son expertos en la técnica del tango y lo bailan desde hace muchos años, reconocen que el entenderse con el otro, no pasa por la “culpa” de uno o del otro, o de si alguno baila “mejor” que el otro, sino por la corriente que circula en esta singular dupla; por eso, suelen decir que con aquel o aquella “no hubo onda y no pude bailar bien, pero con fulana o mengano me puedo lucir!”.  

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Para lucirse en efecto, se tiene que gestar una buena comunicación a nivel corporal y un interjuego de seducción de la pareja de tango. Esa  sensualidad que hechiza en esta danza (tanto al que baila como al que observa), trae aparejado por un lado, una clara delimitación de la masculinidad y de la feminidad, y por otro lado, como ya subrayamos, conlleva una suerte de confusiones, lamentos, quejas y contradicciones, como las letras de los tangos, que se manifiestan como en un microcosmos social. En este universo parecen representarse los conflictos existentes en nuestra sociedad para que el vínculo hombre / mujer sea complementario, de crecimiento, de honestidad y de compartir caminos. Pero esto no implica que no exista el deseo de amar y ser amado tanto para hombres y mujeres, solo muestra los obstáculos que encierra este deseo.

«El tango puede enseñarnos mucho sobre nosotros mismos y sobre nuestra relación con el otro. Es una de las bellas metáforas de las relaciones humanas », opina France Joyal, organizadora del coloquio internacional « Tango, cultura y Salud » realizado recientemente en la Unjversidad de Trois-Rivières de Quebec, y autora del libro “Tango, cuerpo a cuerpo cultural”.

Fuimos des-cubriendo que la milonga/tanguería resulta ser un lugar de encuentro de seres que realmente quieren encontrarse y que como un espejo o un teatro, refleja y pone en escena las carencias y los deseos de hombres y mujeres.

Vamos concluyendo que la milonga ofrece un espacio donde se definen las diferencias entre hombres y mujeres, y también se pueden reformular, poniendo en cuestión en parte el viejo modelo así como el nuevo modelo de relación. En este sentido el tango nos deja un pregunta: ¿podríamos rescatar el aspecto positivo del modelo masculino/femenino de otras épocas y adaptarlo a estos tiempos que corren? ¿Lograremos transformar el vínculo hombre/mujer con lo mejor de ayer y lo mejor de hoy?

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