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LA VERDAD DE LA MILONGA: ENCUENTROS Y DESENCUENTROS Por Dra. Raquel Tesone y Dra. Elisa Lion. Ilustración: fotos de la obra del artista plástico Jorge Alio

erfreParte 1:

Observando la milonga al tiempo que la disfrutamos, solemos mantener  charlas con compañeras y compañeros de tango que nos abrieron algunos interrogantes sobre el encuentro tan singular que se genera bailando tango.

La proliferación en el mundo entero del tango, es un fenómeno social y globalizado, se baila y se aprende tango en lugares recónditos del planeta. Sin duda, muy de moda y extendido cada vez más en Buenos Aires, entre argentinos y extranjeros quiénes muchos vienen “exclusivamente a aprender tango”.

La primera reflexión nos orienta a mirar que en este mundo globalizado y virtual, el tango es un lugar de encuentro real.

La segunda reflexión importante se refiere a lo que implica ese acercamiento, comenzando por el abrazo, contacto a menos de 50 cm. entre dos personas y los códigos que se juegan en la milonga.

La tercer reflexión es acerca del modelo actual HOMBRE-MUJER, pues hoy día, se desdibujo tanto el esquema de esos roles, debido a la independencia/autonomía económica y desarrollo personal de la mujer, en donde no existe o muy poco, esa necesidad femenina de ser la MUJER DE…., para sentirse completa. En nuestra sociedad a pesar de “la igualdad de condiciones”, la mujer permanece con un salario inferior, así y todo, en esta “evolución” parece ser que se puede parar en sus propios pies y elegir su camino. Paradojalmente, en el tango el esquema de roles permanece como era en otra época, el hombre que lleva y guía y la mujer que acompaña….

Esto daría pie a una cuarta reflexión: este crecimiento femenino y desorientación masculina, ¿mejora o empeora las relaciones?

¿Suma o resta en lo vincular? ¿Surge el tango, la milonga, como una necesidad de mantener hoy ese viejo esquema que contiene mutuamente a ambos géneros?

Iremos desgranando cada una de éstas reflexiones.

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Roles y funciones:

Una de las características mas importantes del tango, son los roles del hombre y de la mujer que se ubican de entrada.

Si observamos el abrazo en el tango, el hombre envuelve a la mujer con mucha contención, y ella lo recibe desde un lugar muy femenino y se deja llevar por él. Esto último es lo que más nos cuesta de entrada aprender a las mujeres que últimamente nos manejamos de forma independiente en nuestras vidas. Si bien, estos roles también se dan entre personas del mismo sexo donde hay uno que “conduce” y otro que es “conducido”, para comenzar lo que sería una suerte de diálogo, es allí donde pondremos el acento: en la escucha mutua.

¿Cómo es el lenguaje de los que bailamos tango? ¿De qué forma nos comunicamos?

Sonia Abadi, psicoanalista, en su libro “El bazar de los abrazos” hace un recorrido exhaustivo sobre el lenguaje de los diferentes tipos de abrazos. En efecto, a partir del abrazo,  hombres y mujeres, podemos sentir si se da una afinidad con el otro para poder bailar el tango.

El abrazo nos remite al primer abrazo y a un contacto amoroso que nos constituye como seres humanos, abrazo que nos permite sentir contención, sostén, protección y en más de una ocasión seguridad.

La necesidad del abrazo, no parece casual en nuestra época donde el sentimiento de soledad es causado entre otros factores, por la fragmentación del lazo social y el consumismo que pretende obturar o llenar artificialmente los deseos, o inventarnos otros. El abrazo en el tango, da una respuesta a este sentimiento de vacío generalizado que posibilita la necesidad de encontrarse con un otro que lo contenga y lo colme. Por ejemplo, escuchamos decir: “me siento revalorizada como mujer desde que bailo tango” poniendo de relieve de movida un recuestionamiento de la feminidad.

Bailar tango también nos permite traspasar la angustia de estar separados y poder sentir que “no podemos el uno sin el otro”. Somos uno en un solo abrazo.

¿El abrazo unifica un estilo? ¿Será que el abrazo cubre un vacío? ¿Constituye el abrazo un estilo particular?

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Formas y estilos:

Caminando por San Telmo, sobre la calle Defensa hay un grupo de personas con un cartel que dice “abrazos gratis” y cualquiera puede acercarse a recibir un abrazo. Es una emoción enorme ver a personas desconocidas abrazándose con alegría. No por nada, la mayoría de las personas habitué a la milonga, parecen estar llevadas por una suerte de “adicción” y dicen sentir que es una inyección de adrenalina que cambia su estado de ánimo. Creemos por esto, que es tan popular y que los habitués manifiestan necesitar ir a la milonga todos los días.   

Nos preguntamos si ésta sensación que moviliza el tango y el abrazo, si bien tiene un componente físico (ya que como todo tipo de deporte o ejercicio físico permite una sensación de relajación y de mejoría de ánimo),  puede también estar al servicio en algunas ocasiones, de tapar o “re-llenar” el vacío y la soledad.

En relación a esto, un compañero de tango nos cuenta que la milonga “es mi segundo hogar y desde que me separé de mi mujer, vengo todos los días y cambió mi forma de ser. Cambio mi vida”. La milonga es un lugar de pertenencia.

Con respecto a las formas de ser, hay tantos estilos como personas, ya que según cada pareja de baile y el compás de la música,  y la estética difiere en cada uno. Lo más clásico, es el abrazo más cerrado y el otro más abierto, es mas relativo al tango nuevo, y también se pueden combinar ambos abrazos generando dinámicas muy diversas. Esto es interesante porque permite regular la distancia con el otro, y muchas veces se usa una forma u otra, o los dos tipos de abrazo alternados en el mismo tango. La fascinación que ejerce el tango desde lo visual, es otro elemento importante ya que uno observa dos cuerpos compenetrados en un abrazo que parecen una misma figura. El tango es creatividad porque si bien se sostiene en una técnica, siempre se improvisa en función al diálogo que se gesta con el partener.

Otros estilos son el “clásico”, “el malevo violento”, “la de los zapatos más elegantes”, “la francesita del acento sexy”, “el que se las sabe todas y hace de profe corrigiendo los pasos”, “el pibe que se baila todo”, etc. Esto promueve un sentimiento de afirmación en la propia identidad y de plenitud que nos aporta esta singular danza cuyos códigos son muy particulares. Esta identidad de pertenencia forma parte además, de la construcción de ciertos personajes que se estereotipan donde el ser “milonguero/a” se confirma en una imagen que se sostiene frente al otro.

Ejemplos: “buscando a Wally” es uno de éstos personajes que recorren todas las milongas porteñas, donde vayamos, lo vamos a encontrar,  “el depredador” que está con un radar localizando a su próxima presa para salir con una mujer diferente cada noche y confirmarse que es “el macho”, el de la mesa de los caballeros que no comparten “su  mesa” con las mujeres o aquel que tiene su lugar y ni siquiera le interesa demasiado bailar sino tener un lugar donde apostarse. A estos personajes clichés les corresponde las milongueras, mujeres que como formación reactiva tratan de igualarse a los hombres en sus comportamientos aunque son mucho menos discretas que ellos. Se las puede escuchar pasándose la data desde con quienes se acostaron, describir el tamaño del pene de cada uno de ellos y exponer su sexualidad como si se charlase de un objeto o una vestimenta que fueron a comprar y con ese mismo tono de ir de shopping.  En este punto, la identidad milonguera se necrosa y tanto la masculinidad como la feminidad disuelven sus bordes y pierden su singularidad. La milonga en este caso, pasa a reflejar una realidad social donde no lo que se observa es que no se llega a armar un vínculo.  Sin embargo, pese a estos estereotipos,  en la milonga coexiste  una gran diversidad de personas de diferentes edades, religiones, clases sociales, nivel económico y de estudios, distintos niveles de aprendizaje de tango (principiante, intermedio y avanzado) y lo interesante es que todos se encuentran unificados en el baile.

Otro tema interesante de la milonga: el código. El cabeceo para sacar a la mujer, el juego de miradas que se cruzan para asentir, o cuando recién una persona se inicia en estas lides, que mira y no comprende o no entiende cómo desarrollar ese encuentro. Por ejemplo, si se baila más de una tanda se interpreta y se da por sentado que la mujer no solo gusta de bailar tango sino que le gusta su partener como hombre por el solo hecho de conectarse en la danza. Raramente es la mujer que  invita a bailar a un hombre como si las mujeres no tuvieran el derecho a elegir también con quien bailar y deben esperar a que el hombre las invite a riesgo de no bailar en toda una noche. El agradecer a la mujer porque aceptó la invitación a bailar y muchas otra suma de detalles que hacen al lenguaje corporal y a la sensualidad de los cuerpos entrelazados, son parte de un cortejo que hacen a la danza tango.

Todos estos códigos arman una comunicación corporal, plena de gestos y miradas donde las palabras parecen estar demás, porque nos conecta con lo puramente emocional, al punto que se capta rápidamente la personalidad del otro (“es un criticón, no disfruta y no para de corregirme” o “no me sigue, es una mujer muy dominante”).

¿Será auténtico lo que se muestra en el tango o es parte de un juego de seducción? Acaso, ¿podría ser una manera de defenderse o de esconderse detrás de tanto  código?

… Continúa Parte 2.

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