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“COMPAÑÍA” Libro: Eduardo Rovner Dirección: Roberto Lachivita Por Dra. Raquel Tesone

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“Compañía” habla de la decadencia de la institución matrimonial y nos muestra que la garantía de amor eterno, no se consigue por firmar una libreta de matrimonio. La problemática que aborda ésta obra de teatro es: ¿qué sucede cuando se instala en un matrimonio de 25 años que llevan una relación de monogamia, cuando una de las partes rompe ese compromiso porque su deseo se modifica?

En este sentido, la obra del eximio dramaturgo Eduardo Rovner, nos plantea los avatares del poliamor donde aparecen muchas de estas cuestiones, como el “contrato” de fidelidad que propone la monogamia no se sostiene si no hay deseo mutuo de nutrir esa relación, cómo el poliamor intenta una de las “soluciones de compromiso” en relación a la contingencia del deseo, y vemos que finalmente nos enfrentamos al atravesamiento de las mismas cuestiones y se agregan otras nuevas problemáticas en este tipo de relaciones.

Lo interesante de la obra es que no juzga a esos tres personajes que viven una situación que nos interpela constantemente jugando con el límite de hasta dónde se puede llegar para lograr estar “acompañado” y retener al amado y hasta donde lo que se muestra como libertad puede ser en el fondo, sometimiento.

La historia es simple sin dejar de ser absolutamente compleja. Osvaldo le cuenta a Ana que se escapó de su trabajo y pasó una tarde maravillosa.

ANA: ¿Por qué no me viniste a buscar? Me hubiera encantado estar con vos. Yo me pasé la tarde entre el trabajo éste… (SEÑALA LA MAQUINA) y acomodando lo que se me ocurría…

Ya en esta pregunta de Ana, se desliza el deseo insatisfecho de romper la rutina y la falta de momentos compartidos en pareja. La soledad de cada uno se respira. Parecen estar en una falsa compañía ya que ambos están ausentes cada uno en lo profundo de su ser.

Un tercero, en estos casos, parece que puede no ser el tercero en discordia, sino quien viene a cubrir el vacío de esa relación que representa el oxímoron de “dos soledades  acompañadas”. La tríada incluye a una mujer llamada Magda que se ofrece al servicio de estimular en la pareja el poder tener momentos compartidos…pero entre tres.

(…)OSVALDO: No se trata de ella y yo, Ana… Se trata de nosotros, vos incluida.

OSVALDO: Me enterneció… Está sola, como nosotros.

ANA: Nosotros tenemos una familia ¿No?

La tendencia de la mujer a culparse aparece claramente en esta escena:

ANA: ¿Y entonces?… (OSVALDO NO CONTESTA) Otras mujeres se quejan de todo… Yo no, soy feliz al lado tuyo… Estoy orgullosa de vos, como marido y como padre ¿Qué más? No sé… Si fallé en algo, decime… lo que te parezca.

OSVALDO: Te quiero mucho, Ana… No hay nada que te pueda decir… Pero no sé… con esta mujer se me despertó algo que hace mucho tiempo que no sentía.

Además, aparece en Ana la pregunta de por qué y para qué Osvaldo le cuenta que se acostó con otra mujer.

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OSVALDO: De que  si no te lo cuento a vos… ¿Con quién lo voy a compartir? (…)

ANA: ¿Cómo por qué? ¡Dejá de hacerte el idiota! ¡Soy tu esposa, no una amiga!

OSVALDO: ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?

ANA: ¡Sí! ¡Me doy cuenta perfectamente!

OSVALDO: Pero entonces… ¿Qué clase de matrimonio somos si no podemos contarnos todo como amigos?

¿Cuál es el límite entre la “amistad” que sostiene a una pareja y la herida de amor que puede causar el “contarse todo”? ¿Para qué se cuenta, en estos casos? ¿Para no mentir o para atajarse y eximirse del daño que puede estar causando a su pareja? La mayoría de las mujeres cuentan una infidelidad como forma de venganza, entonces ¿cuál es la finalidad de “compartir” una situación que apunta a incluir al otro dentro de una escena en la que estuvo excluido? ¿Qué deseos inconscientes subtienden la inclusión de un tercero en la intimidad de la pareja? ¿No hay algo del orden de lo obsceno en la exhibición de lo íntimo? Existen múltiples cuestiones inconscientes en función de la no resolución del triángulo edipico de cada partenaires que saltan a la vista en las sesiones de pareja, ya sea, las vicisitudes del deseo infantil, los modelos parentales de pareja y las modalidades de goce de cada sujeto en su historia singular donde se desatan conflictos de pareja regidos por la compulsión a la repetición.

Rovner nos enseña mucho con esta obra a los psicoanalistas. Por ejemplo, hay una escena donde es Osvaldo que termina sintiendo celos frente a la relación de ambas mujeres. Parece que el poliamor estaría al servicio de evitar sentimientos, como los celos. Sin embargo, las emociones no se pueden normativizar a nuestro antojo, hay que aceptarlas y en lo posible, trabajarlas para transformarlas, pero no se formatean.

Bien sabemos que la monogamia dio como resultante la profusión de infidelidades y sobre todo de mentiras donde las personas terminan mintiendo al otro sin siquiera darse cuenta que se mienten fundamentalmente a sí mismos. El hecho de no creerse infiel por decir la verdad ¿impide que aparezca el sentimiento de traición cuando se trata de las cosas del querer? ¿O estas son las post-verdades, ese tipo de verdad que es ni más ni menos que otra forma de mentira eficiente, al decir de Nietzsche? ¿Será una manera de destituir al partenaire del lugar de ser amado y transformarlo en un amigo o en un espejo al que se le puede expulsar aquello que ni el otro tiene claro? A Osvaldo le juega el narcisismo del hombre que trata de afirmar su masculinidad en el “mirá cuanta mina que tengo” y “si me saluda una mujer, cómo no voy a responder”. Aquí se ve claramente el mandato social y la exigencia que pesa en el hombre en nuestra cultura. Cuando Ana intenta a jugar a manipular a Osvaldo con los celos para que él se ponga en su lugar, él queda fuera de lugar.

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Al momento en que Magda entra en escena, la amordazan entre Osvaldo y Magda, y esto parece representar toda una metáfora de cómo la inclusión de este trinomio la “sujeta” a Ana quitándole toda libertad de expresar su dolor y de poder oponerse al deseo de su marido.

Piera Aulagnier, una psicoanalista francesa, remarca que el ser humano está condenado a investir, y esta obra nos habla de la dificultad de asir ese investimento libidinal en el objeto amado, ya que el primer objeto de amor es la madre o sustituto, con lo cual, se complica asociar el objeto de deseo al amante y no transformarlo en un objeto de amor prohibido y por lo tanto, imposible de ser deseado. La defensa de ese deseo, implica el tratar de eludir el amor. Y por otra parte, el deseo y el amor en nuestra época de consumismo, de vorágine de imágenes cibernéticas y de relaciones a través de las redes, se están vaciando de sentido y aniquilando poco a poco el reservorio de libido del ser humano que se aísla cada vez más y retrae su libido hacia sí mismo. Esta es una de las eficaces maneras en que Foucault advierte la forma en que el poder se instala en nuestros cuerpos y en nuestra sexualidad con el fin de esclavizarnos o cosificarnos.

Si bien es la alienación primordial que nos constituye como sujetos del Inconsciente de nuestros progenitores, si mantenemos ese modelo y si no logramos des-alienarnos del deseo del otro, quedamos a merced de una relación tóxica. Si la cuestión entre los que se aman conlleva la idea: “o yo o el otro”, el amor termina teniendo un componente masoquista. Hay un amo del deseo y hay un esclavo que se somete al deseo del otro, pero no hay libertad mutua. Si una de las partes se transforma en lo que el otro desea para ser amado, es decir, ser objeto del deseo del otro, hay uno que pierde su libertad de elección, por lo cual, hay un “yo” anulado: no hay pareja.

Por lo general, en las consultas de pareja donde surge la pregunta: ¿monogamia, poliamor?, se trata de repensar las modalidades del amor desde el armado de una subjetividad de la pareja singular. Notamos que, por lo general, es el hombre quien propone una pareja abierta, sin aceptar la poliandria en la mujer siendo esto altamente conflictivo para el hombre. La mujer es quien suele negarse a una relación abierta (dos tercios de las mujeres rechaza el poliamor), o bien, lo aceptan con la idea de no perder la relación, y en la mayoría de los casos, es la mujer que termina enamorándose de otro haciendo un cambio a una pareja cerrada.

En las relaciones poliamorosas también hay reglas como en las monógamas que tampoco se cumplen, una especie de intento de reordenar lo que es complejo en sí mismo y la obra muestra que estos límites que se imponen, son muy difusos. Para graficarlo, parecería que la relación de Osvaldo y Ana, por su antigüedad es la que se respetaría como primaria (la más importante, a la que se “la cuida”) y las otras serían secundarias (no enamorarse de la “otra/o” o “otras/os). Pareciera que hay una creencia en que se puede manejar las emociones omnipotentemente como lo hacemos con las relaciones virtuales, con un click: te bloqueo, te elimino, te acepto, te contesto cuando quiero, etc.etc. ¿Cómo el imaginario cultural y el poder se inscriben en formatear nuestros vínculos de amor? Amor líquido, individualidad y vacío existencial del bunker cibernético versus la defunción del amor romántico enmarcado en el siglo anterior.

Y los terceros, ¿son de palo? ¿O es que vienen a cubrir una carencia de la relación de pareja y a su vez, a tapar sus propias soledades? ¿Es que el otro es un objeto consumible y descartable? ¿Se puede llegar a este punto de sometimiento al deseo del otro por necesidad de afecto? O bien, ¿resignarse a una relación masoquista o a ser capaz de perder la dignidad con tal de estar en “compañía” (¡muy entre comillas!)?

 

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