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HAMLET – Dirección: PATRICIO OROZCO – Por Maximiliano Curcio

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Calificación: ★★★★

“UN HAMLET CONTEMPORÁNEO, UN SHAKESPEARE ATEMPORAL”

Por Maximiliano Curcio

En cartelera desde el 1° de Junio del corriente puede verse en el Centro Cultural de la Cooperación, la nueva versión de la obra cumbre de William Shakespeare, “Hamlet”. A lo largo de tres horas, y con un trabajo de dramaturgia sensacional, una minimalista puesta en escena da paso a un elenco actoral de lujo para representar, con una mirada contemporánea y renovadora, un clásico de siempre. Y, si bien, toda relectura de un clásico nos aventura descubrir nuevas miradas, volver sobre esta obra tradicional del genio inglés habla de cómo las sociedades y el hombre traen al presente el poder de estos textos, conservándolos actuales, relevantes.

Los temas que atraviesa Shakespeare son de una profundidad existencial innegable y lo atemporal de su huella reside en que -a lo largo de los siglos- sus relatos continúan invariables, vigentes, fuertemente necesarios. Y así continuarán, con certeza.

La nueva versión del clásico trae a presente la historia del Príncipe de Dinamarca (Alberto Ajaka) que, luego de tener un encuentro con el espectro de su padre, planea vengarse de su tío Claudio (Antonio Grimau), asesino del rey. Signo de la contemporaneidad de la obra, esta nueva revisión otorga justo protagonismo a las figuras femeninas de la misma, Gertrudis (Leonor Benedetto) y Ofelia (Paloma Contreras), mostrando pliegues del relato mostrados de forma solapada anteriormente, como son el amor que se profesan sin tapujos la reina y Claudio o la bienvenida soltura con la que se desempeña la enamorada de Hamlet. Vital, de igual manera, resulta el rol que ocupa Polonio (Patricio Contreras). Fiel al espíritu del texto, el director ofrece una óptica anclada en la contingencia social contemporánea, gracias a paralelismos y cambios de perspectiva que vale la pena no adelantar.

Una corona destruida simboliza el  poder de un reino, también el mundo interior de Hamlet y sus fantasmas. El precio de una corona envuelve, mancha, corroe a los diez personajes de la tragedia shakesperiana escrita en el siglo XVII. El Hamlet de Patricio Orozco enfrenta el desafío de toda adaptación: ser fiel al texto original, labor que cumple con creces, respetando el espíritu de la obra.

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El autor concibe una brillante adaptación de un clásico, siendo fiel a su propia visión autoral, que encuentra en Shakespeare y la hondura dramática de su obra, el territorio fértil en donde explorar ese micromundo plagado de ansias de poder, celos, sexo, traición, honor y venganza.

Shakespeare, es la esencia teatral del mundo occidental, aún revisitado por los artistas más variopintos del siglo XX, pensemos en el matiz intertextual que posee una obra de la profundidad de Trono de Sangre (1957) de Akira Kurosawa, una obra profundamente arraigada en lo oriental. Pero aun así, pertinente. Asimismo, hay frases de Shakespeare que se han instalado en el inconsciente colectivo del hombre, atravesando épocas, geografías y paradigmas: “El resto es silencio”; “Algo huele a podrido en Dinamarca” o “Ser o no ser, esa es la cuestión”. Por nombrar apenas tres de ellas,  dibujan la silueta del hombre modélico protagonista de una de las obras más influyentes de la literatura anglosajona.

Hamlet, que data del siglo XVII, es una tragedia universal en permanente conflicto con los ideales que denuncia: el plan de venganza como hilo conductor funciona como disparador para cuestionarnos sobre la naturaleza intrínseca de estos personajes, que han inspirado una obra vigente a lo largo de los últimos cuatro siglos. Quizás la explicación se encuentre en que todos, precisamente, llevamos dentro esa herida sin cicatrizar: el dilema de la existencia, el enigma permanente sobre un interrogante tan antiguo como el hombre mismo.

El Hamlet contemporáneo encuentra un matiz político en la consumación de su venganza. Por lo cual, moderno y aggiornado -según las circunstancias éticas y morales lo requieren-, el espectador descubrirá que, aquel reino literalmente partido funciona como metáfora de la desunión familiar y aquella corona putrefacta y descompuesta en corrupción resultan el dantesco y turbulento escenario en donde se desatará la locura.

El director acierta al recrear -gracias al enorme reto actoral que asume Ajaka, tallando la perfecta medida de los actores que otrora se calzaron dicho personaje en sus espaldas-, un Hamlet inconmensurable, excesivo, descomunal, pusilánime, vasto, revolucionario y ardiente; según avanza el relato y los dobleces de su personalidad dictan.

¿Qué más puede pedírsele a Alberto Ajaka? Lejos de ser una revelación, su presente actoral lo encuentra posicionado como uno de los actores más versátiles y talentosos de la escena nacional. Si uno se adentra en su trayectoria, confirmará que no ha dejado de asombrar, componiendo a personajes bien disímiles entre sí. Desde el  boxeador Toro (“Contra las cuerdas”), el peón de estancia Funes (“Los ricos no piden permiso”), el emprendedor fallido Alfred (“Quiero vivir a tu lado”) , el cura villero Miguel (“El Puntero”), el sindicalista aeroportuario Donofrio (“Guapas”, premio Martín Fierro como Actor de Reparto), y hasta su rol consagratorio como el fiscal Quinteros, (descollante en “El lobista”, actualmente en pantalla).

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Para el intérprete, el teatro del autor inglés no es un terreno desconocido. En 2006 se lanzó a escribir y dirigir una versión propia de Otelo (Otelo, campeón de la derrota) y seis años más tarde protagonizó ‘Macbeth’, en el Teatro San Martín, con dirección de Javier Daulte.  Ahora, en la piel de Hamlet y confirmando, una vez más, una capacidad actoral camaleónica, Ajaka es un auténtico animal de teatro (también director de sus propias obras), que pone en marcha su capacidad interpretativa sin techo, para asumir con enorme solvencia un rol gigante.

Es válido preguntarnos, en dónde radica el poder de esta obra, absolutamente atemporal, que permite que se la siga representando, bajo diferentes contextos culturales, históricos y sociales y, aun así, sonar tan urgente, tan en sintonía con los conflictos que representa y encuentran su eco presente. Su vigencia ininterrumpida perdurará en tanto y en cuánto el ser humano continúe, inalterable, su senda ambiciosa, lujuriosa y avara. La naturaleza imperfecta del hombre, el egoísmo sin límites, la sed de poder y su profundo temperamento malvado son marcas autorales que el autor inglés ha transitado en su obra. Basta mencionar ‘Macbeth’ u ‘Otelo’, para internarnos en la perversa psicología humana; el deseo de venganza y dominación que acompaña al alma humana por los siglos de los siglos.

La pasión que Hamlet suscita nos invita a revisionar estos clásicos, volviendo la mirada al presente y redescubriendo lo imperecedero de estas obras. ¿Qué inquietudes de aquel entonces se resignifican en nuestras coordinadas socio-históricas presentes? Seguramente, todas las posibles. Figura insoslayable del canon literario occidental, Shakespeare continúa siendo necesariamente auténtico.

Funciones en:

Centro Cultural de la Cooperación – Av. Corrientes número 1543, CABA.

Dirección, traducción y adaptación: Patricio Orozco, (creador y director del Festival Shakespeare de Buenos Aires)  

Elenco: Alberto Ajaka, Leonor Benedetto, Antonio Grimau, Patricio Contreras, Paloma Contreras, Sebastián Pajoni, Pablo Mariuzzi, Hernán Jiménez, David Masajnik y Sebastián Dartayete.   

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