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PIAZZOLLA: LOS AÑOS DEL TIBURÓN Dirección: Daniel Rosenfeld Por Dra. Raquel Tesone

★★★★★ EXCELENTE

Pasaron 26 años de la muerte de Astor Piazzolla y toda la sociedad argentina le debía un homenaje en vida por su aporte al tango y a la música a nivel mundial, y a la impronta indeleble en la cultura e identidad argentina difundida por el mundo. Este merecido y verdadero homenaje llega de la mano de un reconocido cineasta Daniel Rosenfeld que, además de iniciarse como asistente de dirección de Agresti, es guionista y productor de una variedad de filmografía. El último suceso fue su película “Gilda” interpretada por Natalia Oreiro, y su primer documental fue sobre el músico Dino Saluzzi y que junto a “Todo sobre mi madre” (Pedro Almodóvar), fue nominado al premio a la mejor película argentina: “SALUZZI – composición para bandoneón y tres hermanos” tuvo su estreno en el Festival de Cine de Berlín (FORUM) y sus películas tienen un prestigio internacional.

En Piazzola, Los años del tiburón, Rosenfeld, con gran maestría, utiliza un recurso que le otorga una calidad humana a la vida privada de Astor al abrir por primera vez el archivo familiar de fotografías de su infancia, cintas de audio, entrevistas realizadas por Diana, su hija, incorporando al hijo Daniel como protagonista principal; quien desde la primera escena llega a sumergirnos en un clima emocional muy intenso. Daniel Piazzolla nos brinda una singular mirada sobre su padre y a la vez, sobre el músico e inigualable bandoneonista que revolucionó el tango.

Desde el nacimiento de Astor en Mar del Plata a su mudanza e infancia transcurrida en Nueva York, la película transcurre con imágenes excelsas: la “peluquería” que usaba de fachada la mafia de Manhattan donde su padre contrabandeaba whisky, fotos en la moto con su padre Nonino (de allí “Adiós Nonino” tema que compuso al morir el padre), su madre que es muy parecida físicamente a su esposa, y luego fotos de la despedida de sus padres. Ese momento vita de hacer otro pasaje por otro nuevo desarraigo para comenzar sus giras siendo aún un adolescente, deja una impronta de melancolía en su mirada.

La figura de su padre cobra un valor relevante en el proceso de creatividad que se inicia con su deseo desde muy pequeño de ser pianista, ya que el padre le ofrece a Astor como regalo su primer bandoneón y lo incentivó a tomar clases desde chico, y a poner toda su fuerza como si estuviera pescando un tiburón. Y no por azar, el hijo de Astor, Daniel, mordió este anzuelo abandonado, y se consagró al piano, siendo durante unos años pianista de la orquesta de su padre.

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Daniel nos muestra todas las facetas íntimas y humanas de este padre que por cinco palabras estuvo más de diez años sin hablar con él, quien le dijo luego de su encuentro -que por la foto se lo nota forzado- con el dictador Videla y después de su decisión de volver a tocar con su Octeto, lo interpela con esas cinco palabras que le costaron su alejamiento: “estás dando un paso atrás”. Estas palabras que operan como una herida narcisista de un hijo hacia un padre, podría haber significado un paso adelante en la vida de Astor, pero podríamos inferir que Astor ya venía juntando cicatrices desde su tierna infancia: una pierna más delgada que la otra (con su complejo de que le digan “rengo”), un padre que si bien lo estimula, había que responder a su deseo y al rigor de su exigencia para con él, y el dolor de vivir en un país, donde el tango es lo más nuestro, pero sin embargo, él no era tan reconocido y famoso como en el exterior. Una especie de Messi al que se lo denostaba, en este caso,  porque su música no era “tango”. Un amigo bailarín de tango me dijo que al salir de ver esta película pensó que el gran error de Piazzolla era haber dicho que tocaba tango. Este comentario me llevó a pensar que la cultura argentina tendría la obligación moral y ética de revisar sus prejuicios y lanzarse a categorizar a quien sea que sobresalga por su originalidad o por anticiparse a su época (o somos de River o de Boca, o somos de un partido político o de el partido contrario, no podemos no estar de acuerdo con ninguno, y así podría seguir con una larga lista de etiquetas donde estamos o de un bando o de otro). Genios como Rafael Spregelburd son más premiados y prestigiosos fuera de nuestro país justamente por la creatividad en la capacidad de hacer un mix inteligente de entrecruzamientos disciplinarios y científicos para trabajar sobre el acto teatral, uno de los ejemplos más actuales quien está de gira permanentemente, y aquí aún no le levantamos un monumento.

La tristeza de Astor que está reflejada además en la mirada de su hijo, quizá porque ahí faltó un padre que en lugar se sentirse golpeado por sus palabras, lo pudiera reconocer, esa tristeza de no ser profeta en su propia tierra, es una deuda y una marca para todos los argentinos. Si podemos pensar esta película para hacer auto-crítica y no repetir este descrédito a quienes nos aportan lo mejor de nuestra cultura, quizá el pecado de soberbia, no sea lo que nos estigmatice fuera del país. Ni que hablar de la fanfarronería de los bailarines de antaño y lamentablemente, aún en la actualidad existen quienes dicen que la música de Astor Piazzola es para escuchar y no para bailar tango, en lugar de aceptar que no están a la altura de semejante desafío artístico (¡y que pocos lo están porque simplemente es muy difícil bailarlo!). El documental muestra notas periodísticas, y momentos donde Piazzolla expresaba con dolor, tristeza y un hondo sentimiento de frustración, de estar en conflicto con una orquesta tradicional como la de Aníbal Troilo,  invertir tanto para sentirse fracasado en apuestas como Bajo de Buenos Aires, y otros Octetos y Sextetos y resignar su arte… El hijo quiso que su padre pueda más, y ahora estos dos Danieles le rinden este gran tributo contando su historia y reivindicando su originalidad. Allí donde se hace ruptura de ciertos paradigmas, es allí donde hacemos resistencia, y eso expulsa a nuestros mejores exponentes de nuestro país o peor los sume en un destierro dentro de su propia tierra. ¡Por suerte, pudimos verlo llorar de emoción en el teatro Colón!

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Si bien durante toda la película está Astor tocando y se acompaña con su música de fondo, salimos con deseos de seguir escuchándolo y aprender a bailarlo, porque eso también se lo debemos a este gran artista que dedicó su vida al arte.

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