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Fito Páez: Teatro Gran Rex – Por Maximiliano Curcio

“FITO PAÉZ Y SU TREMENDAMENTE ETERNA CANCIÓN DE AMOR MIENTRAS TANTO”                            

Por Maximiliano Curcio

★★★★★

Fito Páez canta y el mundo arde, allí afuera, en su Buenos Aires querida. En medio de una ciudad convulsionada, el artista rosarino regaló a sus fans casi tres horas de música en un recorrido notable por lo mejor de su trayectoria. Con entradas agotadas, se presentó en el teatro Gran Rex durante dos noches -22 y 23 de noviembre-, con motivo de celebrar el 30° aniversario de “Ey!”, emblemático disco que el músico editara en 1988. La cita en el histórico teatro porteño representa el regreso de Páez al destacado recinto, en donde presentara en  2015 el show “Giros 30 años”. De igual manera, la celebración sirve como marco para que el compositor continúe presentando su reciente disco de estudio “La ciudad liberada”, hito en su carrera que viene de ser premiado en los Premios Grammy Latinos, galardonando a “Tu vida, mi vida” como  Mejor Canción de Rock del año.

Hubo un momento muy especial del show en donde Fito se dirigió a su público haciendo mención al ritual atemporal, mágico y tribal de reunirse a escuchar, sentir, cantar y bailar música, resaltando el carácter celebratorio de dicha congregación. Como una forma de exorcizar las emociones que nos ofrece un presente socio-político aciago, la catarsis se convierte en ofrenda del rosarino para su público y las palabras adquieren una dimensión mayor. Como un chamán dispuesto a despojarnos de nuestras ataduras y dispuesto a hacernos vibrar en sintonía, Páez desplegará canciones inmortales con suma autoridad: melodías que son la banda de sonido de la vida de tantas y tantas generaciones. Letras viscerales que nos contaron en primera persona la historia de un chico de allá del interior, que llegó a la gran capital para conquistar las ligas mayores del rock y ofrecernos su corazón.

Sabiendo ocupar un lugar incuestionable dentro del olimpo de nuestra música popular, Páez potenció la herencia adquirida de esa primera generación que lo nutrió artísticamente (Spinetta, García, Nebbia) para tamizarlo a través de su mirada y conjugar una obra coherente, profunda  y homogénea con un eje inclaudicable desde hace 35 años: liberarnos en tiempos de cadenas mentales, derribar ciudades blindadas, eludir la corrección política y burlarse del conservadurismo extremo. Dueño de una ética musical incuestionable, Páez se erigió como perfecto anfitrión de esa tribu porteña que comulga con una serie interminable de canciones que ya son himnos pertenecientes al inconsciente colectivo de una ciudad de pibes sin calma. Un flechazo certero a nuestro corazón.

El recorrido musical de la noche comenzó con un atractivo paseo por el ‘lado b’ “La ciudad liberada”: Fito se dio el lujo de presentar un puñado de canciones inéditas en vivo, producto de una obra de inusual extensión para los cánones discográficos de hoy (18 canciones y una hora y diez minutos de música). Así, el show abrió con la esperanzadora “Otra vez el sol”, para continuar con la pegadiza “Chica mágica” y finalizar el segmento con “Nuevo mundo”, lúcida composición de un artista comprometido con los peligros de la automatización y una letra con fuerte implicancia social. El recorrido continuó con una canción cuya génesis pertenece a calle Corrientes y es un clásico inoxidable: “11 y 6” arrancó los primeros coros  de un público entregado a la celebración. A continuación, el músico recurrió a otra de sus canciones talismán, un clásico absolutamente conmovedor, ese con palabras que pueden ‘cantarse con la frente bien en alto’, según el propio artista: “Al lado del camino”. Como si el subidón de emociones no bastara, Fito arremetió con otro infaltable en sus shows que puso a toda la gente de pie “El Amor después del amor” para repetir como un mantra, una fórmula de necesaria sanación en estos tiempos.

El segmento medio del show funcionó como marco para que Páez tocara -de principio a fin- el disco motivo del festejo redondo. Así sonó “Ey!”, 30 años después y mejor que  nunca. “Lejos de Berlín” puso a toda la audiencia a bailar al tiempo que el músico se quiebra para cantar –conmovedor- ‘no más por hoy, de verdad’ y la súplica adquiere connotaciones de relevancia, en un diálogo implícito de permanente actualidad. “Sólo los chicos”, con Fito subiéndose a un rayo de luz materno y al comando de la percusión, es una invitación festiva inmejorable y el guiño se entiende. Luego fue el turno de la tremenda balada “Tatuaje falso”, con arreglos instrumentales bellísimos y un Fito al piano inspiradísimo que nos llega hasta el alma con una lírica poderosa.

“La ciudad de los pibes sin calma” nos recordó cuanto se extrañaba esta canción en el setlist habitual del rosarino. Comunión absoluta y festejo total, el estribillo a dúo con el público fue un momento sencillamente inigualable y portador de un efecto purificador necesario. Acto seguido, la banda nos apabulló con un trío de canciones de amor urgente, riffs furiosos, trips lisérgicos, rabia contenida y noches de exceso sin timidez en ser confesadas: “Canción de amor mientras tanto”, “Polaroid de Ordinaria Locura” y “Alacrán (Resaca)” incendiaron la platea del Rex. La bellísimas “Dame un talismán” y “Siete vidas” cerraron un tramo del show que el público celebró en puro éxtasis, al tiempo que un colorido juego de luces proyectadas sobre el escenario y las paredes de la sala remitían a la estética visual del disco.

El concierto prosiguió, luego del intervalo, con un reconocimiento del artista a los nuevos talentos de hoy en día y al gen creativo de una ciudad efervescente, igual que en los añorados años de libertad a comienzos de los ’80, cuando el mundo aún se podía mover y más altas estaban las defensas. Un agradecimiento especial dedicó Fito, visiblemente impactado por el cariño de su gente, en una mención por partida doble: por un lado, a los talentos que forjaron su carrera despertando su temprana curiosidad musical (una ovación bajó desde las plateas para David Lebon, quien se encontraba presente en el público) y, por otro lado, un loable llamado a la solidaridad con el Centro de Integración Refugio Monteagudo, entidad que Páez apadrina y para quienes una colecta benéfica fuera organizada en las puertas del teatro. En ellos se inspiró el tema insignia y homónimo del nuevo disco, que Páez dedicó a cientos de personas en extrema fragilidad y situación de calle.

Acompañado de su habitual y destacada formación estable (Diego Olivero en bajo, Gastón Baremberg en batería, Juan Absatz en teclados, Juani Agüero en guitarras y Anita Álvarez de Toledo en coros) el músico encaró la segunda parte del show donde recurrió a lo mejor del repertorio de su nuevo disco, incluyendo esa oración para tiempos de desasosiego, la hermosísima gema llamada “Plegaria”. Esta etapa del show apostó a clásicos imperecederos, entre los que destacaron una incendiaria versión de “Ciudad de pobres corazones”, sonando cada vez más contundente y arrolladora en vivo, el entusiasmo desbordante –trapos al aire incluidos- de “A Rodar mi vida” y el delirio contagioso que despierta “Mariposa Tecknicolor”, un himno a la alegría contemporáneo.

Los bises reservaron un continuado de momentos imborrables para la memoria del fan más nostálgico: una sensible versión al piano de la precoz genialidad de Páez (compuesta a sus 20 años) titulada “Yo vengo a ofrecer mi corazón” con la invitada de lujo Lali Espósito en la voz, seguido de una interpretación cantada junto al público de ese auténtico manifiesto popular llamado “Dale alegría a mi corazón”, composición alegórica que traspasó los límites del ámbito musical para volverse ícono cultural y social de un pueblo entero. Como corolario, las revoluciones subieron a decibeles impensados: una más que nunca necesaria “El diablo de tu corazón” fue el denominador común en el sentir de los espectadores, en donde el estado de desconcierto y hartazgo popular, se refleja en un par de líneas elocuentes a las que Páez arremete, desafiante: Ey, ¿qué te pasa Buenos Aires?

Luego de presentar “La ciudad liberada” en dos Luna Park colmados, el intérprete llevó con éxito un formato full banda, full orquesta nada menos que al Carnegie Hall neoyorkino. También destacó su participación en la última Feria del Libro, presentando su reciente obra literaria “Los días de Kirchner” y, como si no alcanzara semejante itinerario, su inquietud permanente e innata naturaleza creativa lo llevaron a explorar terrenos del teatro y el cine que no le son ajenos, para componer música en ambos formatos (“La conducta de los Pájaros” y “Camino sinuoso”, respectivamente). Si no fuera porque promediando el recital avisó a sus fans que ‘se vendrá una sorpresa para diciembre’, la cita hubiera coronado un  2018 intenso y lleno de emociones. Sin embargo, el anunció no se hará esperar y la maquinaria Páez apuesta por más.

Celebrando tres décadas de un disco fundamental de su carrera, Fito traza el enésimo paralelo con el legado viviente de su historia musical, para dialogar con su pasado versionando canciones esenciales de su obra, anclada en un tiempo presente prolífico e iluminado, que sus incondicionales seguidores testimonian, dejando a su paso una auténtica ciudad liberada, rendida a sus pies. Luego, el lento éxodo del público hacia la noche porteña mientras se sentía a flor de piel las emociones de un concierto mágico. Un viaje en el tiempo por la trayectoria de un artista en perpetua gloria. Gracias por tu vida, una vez más, maestro.

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