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El Ángel – Dirección: Luis Ortega – Por Flavia Mercier

Entre el todo y la nada

Por Flavia Mercier

El Ángel, un film que desde su título promete mostrar la ambivalencia de un personaje que dejó presos del estupor a millones de argentinos cuando saltó a los titulares de los diarios como un terrible asesino múltiple y una cara de ‘´ángel’ que rompía con todos los estereotipos que existían sobre un personaje así. La película que fue producida entre otros por Pedro Almodóvar, representará a Argentina en las próximas ediciones de los Oscar y de los Goya.

(Este comentario versa sobre la película y las características de los personajes, en especial de Carlitos, como personaje principal de lo que no es más que una “ficción”; y en ningún caso sobre la persona detrás del personaje.)

“¿La gente está loca? ¿Nadie considera la posibilidad de ser libre? … andar por dónde se te cante… cómo se te cante…”, dice Carlitos, el personaje principal de la película. Toda una declaración de intenciones de hacia dónde nos quiere llevar la película: la dificultad del personaje con el límite. Una historia de excesos, delito y muerte que tiene por personaje principal a un joven de 20 años, hijo de una típica familia de clase media argentina en la década del ‘70, de la que recibió los valores de una educación conservadora; y que muestra una desinhibida mezcla entre indiferencia y desprecio por esos valores. Se mueve por el mundo convencido de la lógica de sus impulsos, como si los que no piensan así, estuviesen locos.

Exquisitamente jugado entre lo que se vela y se desvela, la película muestra lo justo para intuir lo necesario. Nada de morbo -aclaro para los que aún no se han atrevido a ir a verla por temor a encontrarse con un tema cruento-. Ortega logra captar en las actuaciones de cada uno de los actores, una interioridad de intensas pulsiones a través de pequeños gestos. Acerca la mirada a una boca que se humedece para trasmitir la lascivia avasallante de quien no se detiene ni ante el paso de tiempo. Amplía el plano y ralentiza la imagen para mostrar en toda su amplitud el desplome que un dejarse caer puede representar en medio de la precipitación al acto… Alcanza a penas a mostrar, casi fuera de plano, un cuerpo que muy imperceptiblemente se retira para mostrar lo intrusivo que puede resultarle lo deseante a quien vive con reticencia frente a lo humano…

En cuanto a las actuaciones, me cuesta elegir una, prueba de una excelente dirección de actores que ya son por sí mismos, de calibre. La inquietante ausencia de esa madre que encarna Cecilia Roth trasmite el horror que la atraviesa. La ondulante parsimonia con la que se desplaza Mercedes Morán, muestra la sinuosa comodidad con la que su personaje se mueve en medio de lo escalofriante. La abandonada placidez con la que Daniel Fanego intenta controlar lo incontrolable. La vertiginosa ansiedad con la que el personaje del Chino Darín se precipita. ‘La procesión que lleva por dentro’ -como se decía antes-, y que mastica entre milanesas, ese desesperanzado padre que encarna Luis Gnecco. O el derrumbe de la descarada sonrisa del personaje de Peter Lanzani cuando la historia deja de ser un chiste… Todos danzan magistralmente entorno de ese Extraño del pelo largo (canción que conecta el principio y el final de la historia enmarcando una exquisitamente seleccionada banda sonora), y que representa magistralmente en su debut actoral, Lorenzo Ferro.

Lorenzo Ferro atraviesa la pantalla trasmitiendo la ambigüedad de un personaje que aparece como inquietantemente disociado de la atrocidad de los hechos que protagoniza. Expide ciertos ‘asuntos’ con la escalofriante frialdad y rapidez como aquellas con la que uno se ocupa de un trámite.

Una disociación o desafectación que interroga desde la pantalla. ¿Cómo será la sensación de vivir en ese puro vacío, esa pura ausencia de sí mismo al estar ausente de toda experiencia, sin ningún goce posible, ni del Eros, ni del Tánatos? Un vacío en el que ni la muerte inscribe nada, sólo es un trámite, porque pareciera que lo que no muere nunca es la ‘cosa’ que ‘habita’ en el personaje y que no deja que asome allí ningún sujeto dividido por algún goce, taponándole cada hueco por dónde pudiera asomar. ¿Qué sentirá Carlitos ante la fiesta que otros disfrutan con el botín que él consiguió, mientras él se mantiene impertérritamente al margen…? ¿Qué simboliza ese llamado a la madre en un momento crucial? ¿Hay alguna posibilidad que los sujetos detrás de la ausencia materna por el horror y de la ausencia del hijo por la desafectación, se puedan encontrar?

Y con estos interrogantes los invito a verla. O bien para intentar pensarlos juntos o bien para plantear nuevos interrogantes que la película provoca.

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