AL DIVAN/ARTE/LITERATURA/POESÍA

AL DIVAN MARIA SOLÁ OTEYZA – Por Dra. Raquel Tesone

 

María Solá Oteyza, escritora, poeta, recitadora, y más… Actualmente vive en España pero aprovechamos la visita que hizo para encontrarse con su padre, el eximio actor Miguel Ángel Solá, y aceptó la entrevista “Al diván” con muy buena predisposición a analizarse.  Su debut en la televisión fue a sus doce años en la serie UCO, a los dieciséis comienza a estudiar cine y a los dieciocho años a escribir para los siguientes medios: Le Cool Madrid & Barcelona, METAL Magazine y La Crítica NYC. Hace muy poco publicó y presentó su primer libro de poemas intitulado: “Esto será nada, como todo” que hemos cubierto para EL INCONSCIENTE con nuestro corresponsal de Buenos Aires, Maximiliano Curcio y nuestra corresponsal en Barcelona, Flavia Mercier. Para el 14 de diciembre hace una presentación de sus poemas recitados y le daremos cobertura con nuestro corresponsal de Madrid, Marcos Iaffa Sancho, ya que EL INCONSCIENTE y todo el equipo de nuestra revista está en estado de fascinación por su poesía.

(Entra al baño y luego se sienta en el diván)

¿Qué te trae por acá?

Muchas veces pienso demasiado. Y pensar demasiado puede estar bien para sacar algunas cosas en claro, pero normalmente me tortura un poco la cabeza… Consulto a un psicólogo para tratar de entenderme a mí misma. Así consigo sacar a la luz algunas situaciones que viví cuando más pequeña y que a lo mejor no están tan integradas en mí y necesito integrar para seguir avanzando.

 

¿Qué te tortura?

Algunas cosas me torturan y otras han sido las que me han empujado a hacer lo que estoy haciendo ahora. El hecho de criarse en una casa de artistas parece muy chulo y divertido, pero también hay situaciones que se viven más intensamente de lo “normal”. Siempre he pensado y siempre me han dicho que soy una persona con mucha intensidad y que a veces tengo demasiada sensibilidad, más de la que me gustaría. Por ejemplo, las injusticias me hacen muy mal, por eso no puedo ver las noticias. Es como si tuviese hipersensibilidad hacia algunas cosas, pienso una y otra vez porque creo que cuando no entiendo algo, mi cabeza no lo acepta. Hay muchísimas cosas que no consigo entender por más vueltas que les doy, y ahí se quedan, y se acumulan. Yo creo que observé mucho todo lo que me rodeaba y a veces me daba cuenta de cosas que no debería por mi edad. Eso te genera a veces sentimientos duros. Mi padre siempre nos ha invitado a pensar, reflexionar y entender, hablando de temas muy importantes desde que éramos pequeñas y con una relevancia que no se suele dar a niños de esa edad. Tiene una parte buena y una parte mala; todo tiene las dos partes.

Hay una gran influencia de tu papá en tu persona, en tu poesía y en tu intensidad.

En la intensidad sí, te puedo asegurar que el cien por cien (se ríe). Con mi madre es diferente. Ella siempre tuvo la intención de protegerme, por eso  me dice: “María, no le des tantas vueltas a la cabeza que te va a hacer daño”. Mi padre siempre ha sido muy rumiante. ¡Pero yo qué! Forma parte de mí, sé que yo soy así. Sin embargo muchas veces, cuando esa sensibilidad mía sale a flote, alguna gente me ve más bien como… loca.

¿Loca?

Y estoy en contra de eso. ¡Una no puede estar bien todo el tiempo! Una tiene que sentir las cosas como son: si uno siente dolor no puede decir que está bien, porque es una contradicción para el cuerpo y a la cabeza. Tampoco hay que sentir el dolor a entraña viva y enredarse eternamente, pero cuando hay que vivir, se vive, igual que cuando algo nos hace feliz. ¿Acaso no bailamos frente al espejo cuando tenemos una cita con alguien que nos gusta? ¿O no nos vamos de compras para premiarnos si nos han dado un ascenso o hemos aprobado un examen? Hay intensidad de felicidad hasta cuando uno come una torta de chocolate. Pues la tristeza también existe y requiere un lugar.

De todas maneras no me malinterpretes, la vida no se puede convertir en una subida y bajada todo el tiempo, pero tampoco aplanarse, porque la falta de pulsaciones significa estar muerto.

 

Y acaso, escribir poesía ¿no es un recurso para convertir las emociones en palabras y no quedarte enroscada en la tortura?

Sí, por supuesto. Llevo escribiendo poesía desde hace dos o tres años y es como una forma de sintetizar un montón de cosas que me ocurren y me pasan por adentro. Además, me sale “de una”. Cuando me preguntan cómo escribo poesía, les explico que no me hacen falta doce páginas para explicar lo que me angustia o me enamora. Me sale en versos, por ahora. Durante mi adolescencia siempre sentí que no era la persona que quería ser, la ocultaba para “encajar”. Y eso me pasaba mucha factura en el colegio y en todos los lugares donde intentaba adaptarme o meterme en un grupo. Siempre sentí que yo no gustaría tal cual era e intentaba imitar a los demás. Tuve bastante dificultad para eso y sufrí muchos golpes emocionales al comienzo. El miedo a ser rechazada es algo que me persigue hoy en día. Tuve dos casos muy feos en el colegio.

¿Eras buena alumna? Eso podría generar envidia.

Bueno… Iba por épocas, en general se podría decir que sí, pero cuando estaba triste o pasando por un mal momento bajaban mis notas. Sin embargo acabé el colegio muy bien. De alguna manera, doy gracias a eso que me pasó porque varios factores me hicieron dar un giro de tuerca absoluto y decirme: “bueno, no encajo aquí pues voy a buscar mi propia forma, mi propio círculo donde yo quiera estar… Porque en algún lugar tiene que estar”. Ahora, se puede decir que estoy siendo la persona que quería o sabía que podía ser. Había algo que me arañaba el interior y no sabía por dónde soltarlo. Desde hace un año, cuando estaba por sacar el libro y trabajando en él, se ha ido calmando esto. Digamos que encontré un propósito. Y me hace muy feliz porque cuando estoy recitando y observo a la gente que viene a verme, emocionarse, me parece increíble poder llegar a transmitir tanto con un poema como es “Tengo”. Ese poema lo escribí una noche en mi casa las tres de la mañana después de volver de no sé dónde. En ese momento sentía mucha rabia y tristeza a la vez. Estaba pasando por una separación y tenía una bronca impresionante. Me senté en el medio de mi salón, me hice un moño en la cabeza y con todo el maquillaje de trasnochada, encendí un cigarrillo y empecé a escribir lo que yo sentía como una carta de poder y aceptación. Quería recordarme y recordarles a todos que yo tenía determinadas cosas, determinadas armas, cosas buenas y cosas malas pero al fin y al cabo, cosas mías. Cuando acabé me sentí poderosa. Esa noche “ubiqué mis coordenadas”. Dormí mejor que todos los días anteriores y me levanté pensando: “voy a grabarlo”. Fui al estudio de mi querido amigo David Blasco y en un segundo él lo grabó y le puso música.

Así me salió, y ese fue el primer poema con fuerza. El primero de muchos que dirían “Yo soy. Yo siento. Yo pienso. Soy mi dueña. Yo elijo cuando y cuanto sangro.”

 

Hablaste de quien sos y de quien querés ser…

La que quiero ser… Quiero ser muchas cosas… ¡Me gustan muchas cosas! He hecho cursos de arte dramático, seminarios de guion, todo relacionado con el campo de las artes… Y creo que también actué en mi vida diaria. Pasé mi adolescencia interpretando personajes, y ahora que estoy pensando, a lo mejor esos personajes son mi defensa. Me defiendo con ellos. ¡Nunca pensé esto de esta manera! (asombrada). Es cierto que, por un lado, me gusta tener influencias de diferentes partes pero no soy una persona influenciable en cuanto a valores éticos y morales. Sin embargo mi actitud cambia cuando estoy con una persona o con otra. Es como un estado de alerta. Con muy pocas personas me relajo, con ellas no pienso en cómo tendría que ser o cómo tendría que hablar. Eso me encanta. A mí y a todos, supongo. Es gente que me acepta tal y como soy porque me conoce también de toda la vida.

¿Y acá conmigo que no me conoces de toda la vida? No debe ser fácil no defenderte con algún personaje…

¡Qué va! Acá ya me estoy notando en el bucle. Mi madre lo llama así. Cuando pienso mucho y estoy a gusto, entro en un bucle y me quedo mirándolo todo, “al más allá” como decían mis profesores cuando era pequeña. Siempre se quejaban de que yo estaba en otro mundo, decían que me quedaba mirando un lugar fijo… Esas eran las quejas sobre mi comportamiento. ¡Qué pesados! Yo no molestaba a nadie.

 

Si te armaste personajes para defenderte de quien está “en otro mundo”,  el intento de cortar con esa parte tuya, sería no ser vos y no ser quien  escribe poesía. Yo no te voy ayudar a “cortarla”, si ese es tu motivo de consulta, es como querer cortarte las alas. Hay un debate entre lo que sos y lo que intuís que podes llegar a ser, como si te hubieses creído que estar en otra dimensión, es algo que debes cambiar. En tu poema “Tengo”, hablas de todo lo que tenes para ser lo que sos y todo lo que podés llegar a ser. Ese ser está en devenir y hay que dejarlo ser.

¡Es justo lo que sentía! Me he pasado años escuchando: “tienes que cambiar o te vas a quedar sola, tienes que cambiar o te va a pasar no sé qué”. En fin: no me pasó nada. La vida pasó. Y ha sido este año, he visto que funcionaba lo que hacía y que a la gente le gustaba, y cuánto más lo hacía, eran mejores las imágenes y la fuerza con la que surgían. Noté que había más gente que quería formar parte de eso y entonces me dije: “Yo no voy a cambiar por nadie. Y si cambio, será solo y únicamente por mí. En el momento que yo lo considere necesario para crecer o avanzar. Cambio a mi ritmo. Y si no te gusta mi ritmo… Ahí está la puerta por la que fuiste invitado. No me toques las narices, no me cambies los muebles de lugar. ¿Que me digan una vez más que cambie…? No más.” ¡Eso es lo peor qué se le puede pedir a una persona!

Y no es lo que me estás pidiendo. Eso de “curarte” de poder entrar en esa dimensión de tu sensibilidad, no tiene por qué ser tratado. En todo caso, tomaría la cuestión de no torturarte.

Es cierto, cuando me va bien durante mucho tiempo, siento miedo. Cuando estoy en un estado plano, digamos, no consigo estimularme y me da miedo porque no consigo expresarme ni escribir bien, ni soltarme… Yo no quiero tampoco curarme de eso. Ni quiero que me digan que hay algo que curar. ¿Hay algo que curar?

¡Muy buena tu pregunta! Más parece que estás buscando y ya estás encontrando, no un cambio, sino una metamorfosis. Tu libro fue como decir: “acá estoy”. El interrogante sería: ¿Cómo metamorfosear esos sentimientos que a veces te dejan en un bucle sin salida? ¿Cómo estimular esa espiral para transformarla en arte?

Sin negar lo que siento.

 

Exactamente, sino trabajando sobre tus sentimientos.

Si estoy triste, lo más horrible sería negar el sufrimiento. Si estoy feliz, lo mismo. Si a alguien deprimido le estás diciendo cómo tiene que ver las cosas, va a sentirse incomprendido y no aceptado. Este año una separación de pareja, y me doy cuenta que yo no estaba para nada como estoy ahora. Esa persona y yo no nos entendíamos porque no estábamos en los mismos tiempos. Tampoco yo era quien quería ser y estaba en lucha con lo que se suponía que debía ser.

Además, sin ser vengativa, hubo mucha gente que a mí me intentó pisar muy mal, y sin yo quererlo, merecerlo ni buscarlo. Este año ha sido el año en que toda la energía que yo depositaba en otras personas comencé a depositarla en mí, y me encanta porque es como si no necesitara depender de nadie para sentirme bien y sentirme llena. Me basta con estar enfocada en lo que estoy haciendo. Y cuando me da ansiedad, me da tristeza, me da cualquier cosa, centro todo en esto que estoy haciendo y eso me calma, me hace bien. Y si no me calma, por lo menos he hecho algo productivo. Me ha costado mucho tiempo pero este libro también ha sido decirle a todo el mundo que no pertenezco a nadie, no soy de nadie y voy a pelearla para hacer lo que me dé la gana, vivir mi vida como quiero y quitarme todos los miedos que tengo, porque el miedo es lo único que frena, pero es lo más normal del mundo a la vez. Ser valiente no es no tener miedo, ser valiente es saber que tienes miedo pero que el amor sea más fuerte que eso… No sé… Hay veces que me siento muy incomprendida, hay gente que se sigue creyendo que existe solo en el mundo y los demás somos como objetos vivientes que danzan a su alrededor. O que no aceptan los puntos de vista de los demás. Yo corté con esa percepción cuando era muy pequeña y empecé a empatizar con la gente demasiado… A sentir el dolor ajeno demasiado… De tal manera que, obviamente, me hacía daño.

De los quince a los diecinueve años fue cuando estaba desesperada por encontrar una respuesta a la vida donde fuera. Eso me llevó a rebajarme. Sentía histeria y furia muchas veces.

Ese hubiera sido un buen momento para consultar, necesitabas atención y ser escuchada, comprendida.

Si, hubiera sido un buen momento… De todas formas nunca dejé de pelear contra lo que yo veía injusto, también fue una época de comprender que nadie es quien estamos buscando. Hay que estar predispuestos a conocer y amar personas que se salgan de nuestro ideal. ¿Ser feliz? Felicidad no es una mujer a la que has ido a buscar al fin del mundo. Ella está en todas partes, en cada beso, en cada caricia, en cada abrazo, en cada pestaña y sí, también en cada lágrima.

Quizá la felicidad sea no exigirse ser feliz. ¿No? Además, yo soy transparente y necesito expresarme. Si a mí me molesta algo, parece que lo llevo escrito aquí (se toca la frente) y si estoy feliz… me brilla hasta el último pelo. Y fue justo a mis quince años cuando mis padres se estaban separando y también cuando cambié de colegio. Ese año lo recuerdo horrible y empezó a manifestarse físicamente en el estómago.

Fue un momento muy traumático que tuviste que atravesar a esa edad que ya es de por sí, complicada.

Separación y accidentes. Pensá que mi padre tuvo dos accidentes, el primero el de las olas y el segundo, fue en casa. Estaban por estrenar una obra de teatro. Mi madre como guerrera que es, accionó y llamó a la ambulancia. Yo me quedé ahí con él, quería darle tranquilidad. Mientras todo alrededor era un caos, yo tenía que darle tranquilidad. Agarraba la cara de mi padre con las dos manos y le cantaba “El ángel de la guarda”. De cintura para arriba estaba calma y de cintura para abajo, todo me temblaba. No pude llorar hasta que no se lo llevaron. Hay cosas que no puedo recordar de ese momento… Mi cabeza lo botó. Sí recuerdo pensar: voy a utilizar mi magia para que se quede y no se vaya a ningún lado. Él me dice hoy en día que de lo único que se acuerda es de mis manos agarrándolo y de mi cara mirando la suya.

 

Le salvaste la vida con tu magia, con tu poesía, con tu canto.

Y ahora con él me siento increíble de bien. Me siento mucho más tranquila, él me impulsa en todo lo que hago y siempre me alienta. Me falta mucho cuando no está. Por otro lado mi madre siempre me ha apoyado en todo y también me ha sostenido cuando más lo he necesitado. Ella lo único que quiere es que yo esté bien y que sea feliz.

Sentis la falta de tu padre probablemente por el temor al abandono que experimentaste en  sus dos accidentes. El miedo a perderlo y todo lo que viviste te dejó bajo el efecto de un estado post-traumático.

Y… desde entonces yo duermo fatal, cualquier mínimo ruido me despierta. Tengo una capacidad de memoria muy fuerte, pero lo que pasó ese día es como si le hubiera pasado a otra persona; como si fuese una película… Luego mi mamá se enfermó muy mal. Ese año fue tremendo.

Mi madre quería cortar con su propio dolor porque ya tenía bastante, y no podía soportar ver el mío también. Ahora aquí también me siento feliz de estar con otra parte de mi familia que yo no he explorado tanto, mi padre, su mujer, mi hermanita chiquita. Lo que vengo necesitando desde hace un tiempo es estabilidad, poder apoyarme en alguien, eso es lo que siento que necesito. Pienso que eso también es lo que quiero dar a mis hijos, si algún día los tengo. Los niños son pizarras en blanco y a mí me angustia mucho eso. Pienso mucho en cómo se abusa de ellos emocionalmente, muchas veces sexualmente… Y hay muchas menos denuncias porque los niños no tienen ni voz ni voto. Me gustaría formar parte de alguna asociación o voluntariado para ayudar en esta causa. Tengo que hacer algo por los niños…

Ya estás haciendo algo por esa niña que pasó por situaciones traumáticas, estas pudiendo  poner palabras a ese dolor. Y los personajes que usabas para defenderte, podrán servirte para que te aplaudan en un teatro como a tu padre y a tu madre.

Muchas gracias por esta entrevista.

(Va al toilette y me dice en la puerta que tiene cistitis)

Del otro lado del diván:

En María todo su discurso es como un recitado poético, sus palabras contienen una bella dosis de musicalidad como si uno escuchara un canto. Mi sensación es tan placentera como cuando escuché sus poemas publicados en internet. Tiene una ternura infantil y sin embargo, con todo lo vivido, parece sentirse no tan joven.  Hay una niña en ella que no pudo ser escuchada, y que necesita contención para seguir creciendo y transitar por este momento tan productivo de su vida donde está en expansión su arte. Está en el proceso de deconstruir lo que “debería” ser para construir su identidad.

Al principio de la sesión, hizo entrada en el baño, lugar del trauma (el accidente del padre fue en el baño). La cistitis como broche final, fue una respuesta del cuerpo ya que si bien pudo hablar de sus traumas, no pudo drenar todo en una primera entrevista. María dice haber deseado llorar al momento del accidente de su padre, pero no pudo, puso su energía en contenerlo. El síntoma de la cistitis es lo que le permitió a su cuerpo llorar. Por otro lado, éste síntoma hace referencia a su identificación con su padre (el accidente del padre se produjo al momento de ir a orinar). El cuerpo habló de lo que aún no puede poner en palabras por su impronta traumática. Por eso la poesía le sale a borbotones, y es allí donde hace su proceso de elaboración. Este trabajo de metamorfosis de sus emociones, la belleza de su puesta en palabras de sus más profundos sentimientos, es su manera de hacer que sus poemas derramen las lágrimas que brotan de su ser y que provoca en quien lee o escucha el recitado de sus poemas, un flechazo directo al corazón.

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