CONCIERTO/INICIO/MÚSICA

Lisandro Aristimuño en el Teatro Coliseo Podestá – Por Maximiliano Curcio.

AL ALMA HAY QUE DARLE DE COMER

★★★★★

En su segunda visita a la ciudad en lo que va del año (se había presentado en el mes de mayo), Aristimuño trajo a La Plata un repertorio absolutamente renovado, con el que viene presentando esta segunda parte de su gira “Constelaciones”, que comenzara el pasado año.

Pasadas las 21:15 y con localidades agotadas, el espectáculo dio inicio y lentamente el aire comenzó a transformarse: estábamos a punto de vivir una experiencia fuera de lo común. Como todo gran concierto musical, que congrega a las almas y nos transporta hacia otro espacio, espectadores y músicos vibraron en resonancia mutua. Como resultado, la noche ofreció música para volar y un ritual atemporal cuyas sensaciones exceden a la palabra.

Lisandro Aristimuño fusiona sonidos y géneros de lo más diversos: va de la electrónica a la acústica y de los ritmos africanos al rock progresivo. Y de allí al pop y al country. Utiliza sonidos grabados y también arreglos de cuerdas orquestales. Es, lo que se dice, un artista inquieto e imposible de encasillar. Lo interesante de la propuesta, es que busca potenciar sus versiones en vivo otorgando nuevas interpretaciones de sus canciones, que sorprendan al espectador. No nos vamos a encontrar con temas que suenen igual que en sus discos. Por el contrario, el compositor busca darle un toque distintivo a cada interpretación. Inclusive, precediendo a la mayoría de ellas de largos pasajes instrumentales que nos van llevando hacia el epicentro de ese auténtico huracán sonoro.

Con una puesta en escena que pone gran inventiva en la iluminación como no es habitual ver en el plano local, Aristimuño elige la ciudad de las diagonales como corolario del recorrido que lo llevara por distintos lugares del país, España y México. Acompañado de su habitual banda, la formación está compuesta por su hermana Rocío Aristimuño (percusión), Carli Aristide (guitarra), Pablo Jivotovschii y Tano Díaz Pumará (violines), Ariel Polenta (teclados), Lucas Argomedo (bajo) y el platense Martín Casado (batería).

De su temprana fascinación por el rock anglosajón, el folclore, el grunge y la canción latina surge esa compleja mezcla de sonidos y de estilos que lo influencian, sin olvidar las hondas raíces que su música encuentra en el rock nacional: desde Luis Alberto Spinetta a Fito Páez, desde Charly García a Gustavo Cerati. La potencia de sus canciones se enriquece gracias a un talento innato para la melodía y una obsesión creativa singular que atraviesa armonías complejas y una poesía visualmente inspirada. Lisandro es un consumado arquitecto de sonidos y canciones, de un perfeccionismo notable y poseedor de una extraordinaria variedad de registros vocales.

Visiblemente emocionado por el cariño de su público y con el puño en alto en constante señal de retribución, Lisandro nos contagió de su simpatía, carisma y virtuosismo sin igual. Distendido y ameno, fue un excelente anfitrión que destiló buen humor, destrezas de guitarrista supremo y eximias dotes de performer al frente de una banda que sonó impecable durante todo el show. El contacto visual con su gente fue permanente y sus fans respondieron de igual manera, generando una vibración notable gracias cálida retribución afectiva de un Coliseo que parecía flotar, inclusive llegando a poner a todo el teatro de pie a bailar.

A lo largo de un recorrido que atravesó distintas etapas de su trayectoria, uniendo los conceptos estéticos de la propuesta, el concierto atravesó gemas musicales como “Me hice cargo de tu luz” (39°), “How long” (Mundo Anfibio), “Tu nombre y el mío” (Azules turquesas), “Anfibio” (Mundo Anfibio), “Azúcar del Estero” (Las Crónicas del Viento) y “Green lover” (Las Crónicas del Viento). Además de una perlita que incluyo corear junto al público el clásico reggae de Bob Marley “Get Up, Stand Up” (una letra significativa, tan necesaria en estos tiempos), el repertorio también tuvo lugar para que el artista repasara lo mejor del repertorio de su último disco “Constelaciones”: “Una flor”, “Tres estaciones”, “Good morning life” y “Tu corazón”. Para los bises, el intérprete recurrió a dos celebrados temas de “Mundo Anfibio”: “Pozo” y “Elefantes”.

Luego de la exitosa presentación de su sexta placa de estudio, que lo llevara a agotar presentaciones récord en el Gran Rex y a conquistar el Luna Park, Lisandro viene de sumar otro hito personal teloneando a David Byrne y Sting, nada menos. En tiempos donde la falta de recambio generacional se nota y donde las modas pasatistas no facilitan afianzar nuevas figuras, el presente musical que atraviesa el destacado compositor nos deja la certeza de que la música popular argentina está por buen camino. Heredero de un pasado glorioso, hace honor a sus grandes influencias del modo más digno posible: siguiendo la huella trazada, pero marcando su propia impronta, con una coherencia profesional admirable.

Bajo las propias reglas de la autogestión y sin olvidar sus orígenes y su suelo, Aristimuño elige la libertad artística ejerciendo una ética estética inquebrantable y meritoria. Dueño de una obra musical multifacética y sublime, supo construir con la tenacidad y la paciencia de un artesano visionario, un presente elegido para la gloria absoluta. La sensación inequívoca se tradujo en las ganas de volver a verlo pronto. Sus fans  porteños tendrán la ocasión el próximo 7 de diciembre en el teatro Ópera de la ciudad de Buenos Aires, donde Lisandro despedirá un año lleno de emociones.

Fuente: Revista Agendarte La Plata.

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