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AL DIVÁN MORA RECALDE – Por Dra. Raquel Tesone

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Mora Recalde aceptó esta entrevista luego de una charla que mantuvimos luego de ver el estreno de la película “Unidad XV” dirigida por Martín Desalvo, donde es una de las protagonistas que se destaca por su fuerza escénica dentro de un gran elenco que incluye a Rafael Spregelburd, Lautaro Delgado Tymruk y Diego Gentile. Se ha formado con Agustín Alezzo, Raquel Sokolowicz y Alejandro Casavalle.

Trabajó en numerosas series televisivas tales como “En Viaje” dirigida por Gabriel Lichtmann, “Amores de historia” dirigida por Martín Desalvo, Pablo Fisherman y Javier Nir, “Las huellas del secretario” dirigida por Matías Bertilotti, “Pensar Malvinas”, “Especial Fundación Huésped”, ambas dirigidas por Martín Desalvo” entre numerosas series más. Sus actuaciones en  cine sobrepasa una docena de películas entre las últimas están: “El padre de mis hijos”, “El silencio del cazador”, “El día que trajo la oscuridad” (2013 y fue nominada a los Premios Cóndor como Revelación Femenina) dirigida las tres por Martín Desalvo, “Granada” y el paraíso” (2016), entre otras. Además, está en la Dirección y Producción general del proyecto Índice de Actores y Jurado del concurso de obras teatrales Más Teatro. En teatro, actuó en “Sobre Fondo Blanco” dirigida por Cristian Drutt, “Japón” dirigida por Jimena Anganuzzi  y Alejandro Lingenti, “Estrella Federal” dirigida por Matías Marmorato, “Central Park West”  dirigida por Agustín Alezzo y ganó el premio ACE a la actriz Revelación por la obra de teatro “Independencia” dirigida por Lizardo Laphitz obra que fue nominada al ACE Mejor Espectáculo del Off.

Por Dra. Raquel Tesone

Me estabas diciendo mientras el fotógrafo sacaba las fotos que son la anti-actriz.

Es un chiste que hago, me cuesta un poco hacerme cargo de un montón de partes que involucran el ser actor o actriz, la predisposición a ciertas cuestiones que están por fuera de lo meramente actoral, como hacer notas, sacarse fotos, peinarse…me cuesta mucho, cada vez más. Me acuesto así pruebo hacer diván (se recuesta en el diván). Aprendí que esto es así y que a la hora de la exposición, hay algo que no conjuga en mí con ser una actriz de cine, que es lo que hago hace muchos años. Desde el 2015 que no hago televisión y teatro me cuesta mucho aceptar propuestas sino aquellas que me generan muchas ganas; es muy agotador, el tema de ensayar, la reiteración, la convivencia con el grupo, y tanto tiempo sin salir del ensayo. Entonces si no estoy fascinada con el material, no lo puedo aceptar. Además, el teatro es un sacrificio. Lo hice mucho esto y es poner plata, es pagar para trabajar  gratis y además, no encuentro un proyecto que tenga ganas de hacer o que me sirva. Trabajo en S.A.G.A.I. soy parte de la Comisión Directiva, estoy ocupada todo el tiempo y estoy haciendo más cine. Y lo de la imagen no me divierte, no sé sostener un estreno, ponerme un par de tacos aguja, maquillarme divina, ponerme un vestido pero después del estreno de Unidad XV, y ya en el auto me puse un jean y me saqué el taco aguja, no me aguante (risas). Me cuesta sostenerlo, no estoy cómoda. Los estrenos y los festivales te exigen algo de glamour, eso me produce contradicciones porque que entiendo que lo tengo que hacer, me presto al juego y después me siento incómoda, me siento mal. Son dos partes de mí que todavía no están de acuerdo, entonces vengo a la entrevista y ya al venir pensé que iban a sacar fotos, y pensé pintarme los labios al menos, estoy cachuza, pero también pensé que importa las fotos, soy yo igual, y lo que interesa es el contenido. Siento que necesito que alguien me diga lo que tengo que hacer porque yo sola soy un peligro para mí misma (risas), para no criticarme después.

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Entonces, ¿necesitas alguien que te diga lo que tenés que hacer o necesitas dejar de criticarte?  

Ser más indulgente. Soy medio marimacho… Me critico y me doy la amnistía.

Marimacho… ¿Será que el debate interno es sobre la feminidad y la imagen que “deberías” dar –no solo la actriz que como mujer está expuesta públicamente – sino la idea de mujer versus la Mora que se rehúsa a dar una imagen que sabe que de eso no va el ser mujer pero no sabe bien qué es serlo?

(Se sienta en el diván y me mira) En ese sentido, hay dos instancias, la filosófica que no tiene que ver con lo que estamos hablando; en esa instancia, ni existe la palabra marimacho y, en el ámbito privado e íntimo que es donde yo me cuestiono cómo llevar adelante la feminidad, la mía. Para mí la feminidad no existe porque la mujer es quien quiera serlo y cómo quiera serlo. No existe “una” feminidad.

En ese sentido es que Lacan afirma que la mujer no existe. Porque cada mujer es una mujer, un rasgo unario para cada mujer.

Aunque tampoco creo que exista “una” masculinidad…, y yo me crié en un contexto donde lo femenino era peyorativo, con hermanos varones, no quería tener amigas mujeres en el colegio, me comía como un discurso muy patriarcal que lo creía firmemente, y también para poder zafar en ese grupo de varones, operaba una falsa masculinidad porque soy claramente una mujer, y hay algo de ese andar despojado, digo despojada de feminidad.

Despojado. ¡Qué fallido!

(Risas) ¡Despojado! Pero yo tengo fallidos de hablar de mi miembro como si fuese un miembro masculino, es decir, de mis genitales como si fueran masculinos. ¡Directamente!

¿Y te analizaste con hombres?

Siempre. Ahora ya no me analizo. Criada entre hombres y con una madre que es una mujer y muy masculina, masculina en el sentido de lo que se esperaba socialmente, lo aclaro porque yo no pienso que es masculino que una mujer salga a laburar mucho siempre. Somos tres con mis dos hermanos, y veía a mi madre y a mi padre los fines de semana porque trabajaban mucho y en mi casa se hacía mucha reunión. Entonces sí aparecían más temprano era porque había una cena y venía un montón de gente a comer. Siempre estaba la casa llena de adultos, y a los chicos nos mandaban a dormir. Había asado y esas cosas, y mi mamá era una mina fuerte con unos cigarrillos hermosos y unos whiskys… Mi mamá no me vestía ni me consideró muñeca, y yo para poder jugar tenía que compartirlo con varones, entonces, jugaba a los autitos o no jugaba. Uno de mis hermanos me lleva 1 año y 8 meses y otro me lleva 5 años, y Leandro que es el más chico, o jugaba a lo que él proponía o no jugaba. Y si se ampliaba la familia, aparecían los primos varones… Y eso me trajo a este lugar: ¡me cuesta ponerme un taco aguja! (risas). Es que me pasé muchos años descreyendo de las reglas, descreyendo de la estética, despreciando ese montón de cosas.

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¿Qué representa el taco aguja?

Mmmm… no sé… Mi mamá no usó nunca taco aguja, usaba unos tacos finitos, pero bajitos… Representa lo que no pude usar hasta el año pasado que me lo encajaron en una película y aprendí a caminar con eso, una plataforma, un taco cuadrado, el taco aguja es lo que no soy yo y pararse en un lugar donde uno no es, predispone el cuerpo de otra manera. Cuando construyó el personaje pienso en el calzado que usa, eso predispone una forma de caminar, de pararse, de andar, y con el taco aguja siento que estoy montada en una que no soy yo pero que es un personaje público. En “Unidad XV” me quedé enojadísima con esas botas, me cortaba la parte más ancha del tobillo, detalles que veo yo sola. Lo veo y después no me importa. Y siempre tuve temas con lo femenino y la feminidad, hice un montón de terapia. La primera vez fue a los 7 años cuando se murió mi primo que nos mandaron a todos, fue en un accidente en Uruguay. Después me mandaron mis padres en la adolescencia, estuve 3 o 4 años con un analista y después fui a una mujer pero dos veces porque se quedó dormida en mi cara (risas). Mi mamá no me creía mucho, pero en un momento me puse a llorar y le dije: “te juro que se durmió” y me dijo: “no vamos más”. Después hice análisis durante 14 años con mi último analista pero me fue pasando que llegaba y ya sabía que me iba a decir, y me contestó: “entonces es el momento de dar el alta”. “¡Alta nooooooo, yo soy loca” (risas), “no me abandones”, es que yo lo conocí a Marcelo a los 19 años y cuando me fui, ya tenía hijos. Después me dediqué a hacer yoga y otras cosas.

¿En qué fue complicada tu adolescencia?

Es que rebotan las cosas de la infancia. La adolescencia es un período sin apuntalamiento, salvo que tengas una estructura exterior que te mega contenga, y encima  con padres que laburan todo el día, hermanos más grandes, y algún dolor de la infancia… Yo era brava, me exponía mucho porque quería explorar el mundo y era super rebelde y más de lo que quisiera que mis hijos se expongan. Mi hijo le encanta repetir que yo repetí 3er. año y era a causa de esta falta de apuntalamiento, no cursé ese año, había un régimen de entrada y de salida de una escuela libre y yo no entraba jamás (risas). Quería estar en la calle, me quedaba en la puerta hasta las seis de la tarde haciendo sociales, quería conocer otra gente. Si me rateaba no me iba de la escuela, me quedaba con mis amigos, iba, cumplía el horario pero fuera del aula. Este grupo también era un grupo de varones y siguen siendo aún mis amigos.

Ese era tu grupo de contención.

Si, y me cargan porque en Octubre hicimos otra película con Martín, y también, otro grupo de varones y yo, como en “Unidad XV”, era la única mina y ya me es muy natural, tengo amigas mujeres y me encantan, pero me siento muy cómoda entre hombres.

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Será que al criarte con hombres, ¿conocés bien la lógica masculina?

Si, y la entiendo a esa lógica. Y pienso que las mujeres tenemos un nivel de complejidad en las relaciones humanas más profundo que el hombre, porque somos más complejas en el buen sentido, tenemos más niveles en las relaciones…

¡Qué paciente se perdió esta analista mujer por quedarse dormida!

(Risas) No le interesaba para nada, yo era el último paciente del día y estaría cansada. Ni me acuerdo el nombre. Y como te contaba, vengo militando para generar cambios con “Acción mujeres del cine” que me encanta, empoderarnos y estar más entre mujeres, y en estas películas fue como volver a mi adolescencia y compartir más espacios con hombres. Tengo un varón y una nena, y me resulta más compleja ella que él, porque él parece más fácil en cuanto a la relación que yo voy a establecer. Y todo el tiempo me pregunto cómo es ser madre de una nena, ella está empezando a florecer mi chiquita, tiene 4 años, está saliendo de ser una bebota y él tiene 9 años y está más desarrollado. Me pregunto porque va a ser otra la relación que la que yo tengo con mi mamá.

¿En qué aspecto deseas que sea diferente?

¿En qué quiero que sea diferente? Mi mamá es una persona muy generosa, es poco demostrativa pero su amor va por otro lado… Lo que yo quería lo soy, toquetona, besuquera, mi madre no era así… Quiero ser otra que mi madre…

Aquí tomaría el fallido: despojado. Y tu cambio de posición en el diván, el deseo de una mirada, de encontrarte con otro espejo, no con un espejo que no esté despojado de…

La mirada que aprueba y la mirada que acompaña. No había mirada siquiera. De chiquita estaba con la empleada, mi mamá trabajaba mucho y en la adolescencia la veía más… Pero ahí ya me rapé la cabeza, andaba toda rota, con toda ropa rota (risas). Mi madre me miraba y me detestaba (risas), pensaba que yo se lo hacía a ella: “me lo haces a propósito” y la verdad que no, no se lo hacía por atacarla. La adolescencia es una etapa que tenés responsabilidad pero no tanto, no sos grande ni sos chico.

Adolescencia proviene del latín “adolescere” y sí, se adolece. Me parece interesante la transferencia que la psicóloga tuvo con vos. Se quedó dormida. Y eso es privarte de una mirada y fue traumático. Retomando el fallido: ¿Estás “depojado” de una mirada que construya tu feminidad? Yo soy psicóloga y mujer, hoy tengo puesto taco aguja y lo interesante es que empezaste en el diván (sin mirada) y después te sentaste. Me mostraste la falta de mirada y la necesidad de una mirada femenina. Por eso vale tu pregunta: ¿qué es ser la mamá de una nena?

Siempre estuve muy atenta a la formación de la autoestima de mis hijos, y sé que es fundamental lo que les apruebe y les espeje, y le demuestro lo orgullosa que estoy de ellos. Renato viene bien y Bruna es chiquita todavía y me agarró con más trabajo, con Renato tuve más tiempo de dedicarme más a él. Con Bruna se me despierta más preguntas. Tal vez porque mi mamá era una incógnita cuando era chica, ella era misteriosa, la recuerdo como una actriz de Hollywood, siempre con unos trajes impecables, divina, mi mamá era muy hermosa, tiene una pieza muy hermosa, fumaba unos cigarrillos con unos filtros de colores, el whisky estaba envasado en unos botellones antiguos, y unos vasos, unos encendedores que eran como unas piedras…Usaba tapados de astracán, y mi papá me llamaba “Sara Bernhardt” (risas), siempre me decía… Mi papá sabía que yo era actriz.

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Sumado a que tu mamá tenía una imagen muy actoral.

No actoral, glamorosa.

Justo la imagen que a vos más te cuesta.

Es que mi mamá estaba cómoda en eso y  a mí me resulta incómodo. En mi mamá me parecía hermoso, iba al placard de mi mamá todo el tiempo, y mi mamá me dice si quiero ponerme sus vestidos y hoy le digo que no. Me acuerdo que tenía un placard lleno de collares de un coleccionista de joyas antiguas, y todavía me dice si no quiero llevarme un collar, pero yo no uso collares, porque me pesan… ¡Me pesan tus collares, mamá! (risas).Y eso que entiendo que para mi profesión estaría bueno acuñar y estar bien vestida, presentable.

Te voy a dar una devolución de una mirada femenina y es que sí tenés todo ese glamour sin necesidad de vestirte diferente ni de maquillarte. Parece que de eso te despojas y no lo podés ver, y si te quedas “despojado” de aquello que no podés ver de vos, corremos el riesgo que puedas llegar a sentirte un despojo. (Rompe en llanto y le alcanzó unos pañuelos de papel).

Gracias. Se me va a correr el rimel. (Silencio) Me siento muy cómoda entre los varones y aprendí a sentirme muy cómoda entre mujeres siendo muy sincera de todo lo que me pasa. Tengo grandes amigas con las que aprendí que es muy amorosa la amistad entre mujeres. Y eso que no quería saber nada con tener amigas mujeres, me molestaba “las minitas”.

Y ahora descubro que todos estos movimientos feministas nos expone a repensar todo. Yo te hablo de lo mío, lo privado, que quizá como discurso suena banal, torpe o mal articulado y después está el discurso externo, lo que uno quiere filosóficamente para nuestra sociedad y ahí estamos todas investigando, redescubriendo, reconociendo, deconstruyendo. Son dos instancias distintas y cómo uno se puede instalar en esa nueva forma de ver… ¿lo femenino? ¿Así se llama? No sé si se llama lo femenino. Leo mucho y escuchó mucho a mis compañeras contemporáneas, mis compañeras de lucha. Nosotras vivimos en “Acción…” una situación interesante porque nos invitaron a un ciclo con un director que estaba denunciado por acoso, un tipo que yo quiero mucho. Entonces estuvo bueno haber tomado la decisión sobre qué íbamos a hacer con respecto a eso pensando en pequeños grupos y nos juntamos a charlar. Fue un ejercicio super interesante, escuchamos a la otra sin juzgarnos, abiertamente, yo podía decir que a esta persona la quiero y al mismo tiempo rechazó todo tipo de acoso, pero déjenme vivir con mi contradicción. Quiero creer que es mentira, y pude mostrar mis contradicciones y lo que me pasa a mí, y al hablarlo pude pensar esto modificado. Me sirve mucho porque no son mi grupo de amigas sino mis compañeras de militancia. Cada asamblea de “Acción…” me vuelvo con algo modificado, lo mismo me pasó con “Actrices argentinas” lo mismo me pasa con mis compañeras de “Sagai” y  somos mujeres que tenemos una Comisión de género y estoy deconstruyendo todo esto de lo femenino, y con mis amigas de la vida… (Silencio) Y fijate que loco que en todas las películas me pongo el tapado de mi mamá, en Unidad XV me lo puse.

¿Y no era eso de “yo no me quiero poner las cosas de mi mamá”?

(Risas) ¡No era yo, era Esmeralda! (risas). Mora no usa los tapados de Susana, pero Esmeralda sí. Y ella estaba tan contenta, fue lo primero que me dijo al salir del cine, es lo que más le gusta que use su tapado de piel y lo viví como un homenaje. Esmeralda tiene ese glam que tenía mi mamá, y aparte llevé aros, todo me hacía acordar a mi mamá en ese personaje.

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Una mujer fuerte, laburadora, que puede dejar a sus hijos y ayudar a su marido y que a la vez, puede tener glam.

Si, mi mamá es eso. Y cuando mi mamá me criticaba cómo me maquillaba con algunos personajes, yo le decía que Mora no se maquilla así, es el personaje, pero le gusta  mucho que use sus tapados.

¿Qué tapa el tapado?

¿Qué tapa?… La primera vez que salí en televisión, al día siguiente mi mamá se pone muy contenta cuando el diario “La Nación” dice que tuve una actuación inmejorable. Mi mamá sentía una satisfacción muy grande, pero es como si tiene miedo que lo que ella legitima, no me apruebe. Entonces si “La Nación” lo dice, es que yo soy inmejorable, yo lo soy.

¿Y conociste a la mamá de tu mamá?  

No, se murió muy joven. Mi mamá se crió con sus tías, con su abuela y su hermana, todo al revés que yo. No habla mucho mi mamá de su infancia.

A tu mamá le faltó la mirada materna y ella tuvo que construirse para ser madre.

Y si… y además mi mamá trabajaba con mujeres golpeadas en los ’70 como abogada. Es la primera feminista que yo conocí. Creo que el feminismo más actualizado nos hace pensar que los hombres se creen los dueños de la certeza. Hay que equiparar eso, un poco de certezas para las mujeres que siempre tenemos preguntas.

En vos hay preguntas muy potentes e interesantes, como quién soy yo, cómo quiero ser como mujer, cómo quiero ser como madre de una nena, y para llegar a estas preguntas, se nota que hubo análisis.

Sí, pero tengo la máquina de las preguntas un poco oxidada, hace mucho que no me analizo.

No parece. El análisis sigue sin el analista, si es un buen análisis.

Es que la maternidad es una interpelación constante. También con Renato, porque está la mujer que soy yo, el modelo de mujer que estoy mostrando, porque uno puede hacer intentos de decir o hacer cosas, pero hay una cosa que uno es, y que uno expresa involuntariamente y que la niña mamará y verá.

Acá hay un debate interno a repensar. Te la dejo picando. Dejamos acá.

Sos puntual como yo, 50 minutos exactos. Gracias. ¡Me abrí! Me abrí como una flor en primavera.

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Gracias a vos Mora por abrirse conmigo.

(Mientras la acompaño a la puerta)

¿Y vos podés caminar con el taco aguja?

Sí, ya estoy habituada desde que bailo tango.

(Nos despedimos con risas cómplices)

AL OTRO LADO DEL DIVÁN:

Mora sabe que hay una voz que critica a la mujer que quiere ser, y por eso se siente en peligro de entrar en una guerra consigo misma. Hay una invención de lo femenino y de su singularidad femenina que está en proceso, para lo cual tendrá que enfrentar a esa voz que le habla desde lo Inconsciente y así poder cuestionarla. Ella no desea encajar en un estereotipo de mujer basado en la pura imagen. Probablemente, el análisis con los hombres la ayudó a deconstruir sus creencias acerca de lo que es ser mujer pero se topó con un límite porque para la construcción de su identidad femenina, Mora requiere de una relación especular con una mujer. Es esa transferencia que se revela desde el principio hasta en el comentario final de la sesión a través del taco aguja que yo llevo puesto, como aquello que observa en las mujeres como un objeto fetiche. Acaso Mora ¿quiere saber si estoy bien plantada como mujer o si necesito un taco aguja (cual símbolo fálico) para tapar algo que me falta? ¿Será acaso que quien la crítica y le habla desde el Inconsciente, se funda en la creencia que a los hombres no les falta nada y a las mujeres si? En ese vínculo especular es donde pueden surgir éstos interrogantes (ahí entra la maternidad con su hija y la transferencia que establece conmigo). Es en esa mirada  donde ella puede abrirse a confiar en una mujer que le reasegure que es posible inventarse, una mujer que “no se duerma” y que esté bien parada sobre sus pies para poder sostener su crecimiento como mujer. Ese sostén y ese apuntalamiento es lo que ha encontrado en los distintos grupos de mujeres a los que pertenece y que la ayudan a evolucionar como mujer. Esa lucha feminista tiene un costado social al tiempo que, como ella lo remarca, enriquece sus cuestionamientos en su mundo íntimo.

Por otro lado, la palabra marcante de su padre “es parecida a Sara Bernhardt”, la habilita a ser actriz y la signa como mujer descubriendo su talento actoral, y en verdad, tiene un parecido en el estilo particular de belleza. Es en su vocación de actriz donde despliega los diferentes tipos de mujeres que ella sabe muy bien interpretar. Parecería que sus distintos personajes que ella encarna magistralmente (quienes se ponen el tapado de la madre), le permiten desplegar aspectos que están “tapados” por la crítica si los desarrollara en su vida cotidiana. Ese aspecto crítico le aplasta su Yo y la despoja de lo femenino que hay en ella, quedando escindido y volcado en la actuación.

Mora tiene una mujer oculta, una desconocida para ella misma y una vez que la descubra, hay una mujer por inventar a la medida de sus deseos, y ella lo siente; es por eso que me dejó instalarme en el lugar de quien puede descubrirla. Esa es su búsqueda y esa será seguramente, la mujer que logrará sorprenderla y hacerla ser lo que la hace sentir digna de ser mujer.   

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