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REPORTAJE A LA DIRECTORA DE “BALDIO”: INÉS OLIVEIRA CÉZAR Y A SAULA BENAVENTE Por Dra. Raquel Tesone

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Luego del estreno que se realizó en el marco del BAFICI de la película “Baldío” protagonizada por Mónica Galán y un gran elenco, mantuvimos esta charla con su directora Inés Oliveira Cézar con quien ya habíamos conversado en el BAFICI del año pasado donde  presentó “La otra Piel”. Y como es una directora impecable, próximamente la llevaremos Al diván. El guión de “Baldío” fue escrito en conjunto con Saula y se generó esta conversación entre las tres en exclusiva para EL INCONSCIENTE.

Las felicito a ambas por el guión de este film, es sumamente rico e interesante, así como a vos por la dirección exquisita en detalles que hacen a la excelencia de esta película ¿Cómo surgió la idea de este guión?

Inés: Mónica quería hacer una película a partir de una idea que nos convocaba a las tres por experiencias compartidas a lo largo de los años. Por eso confió en nosotras para la escritura del guión, la dirección y la producción.

Saula: Mónica era una gran lectora y siempre estaba escribiendo algo. Textos de teatro que alguna vez quiso dirigir, cortometrajes que quedaron en el camino. Y llegó Baldío, que no se llamaba así sino que no tenía título, y todo empezó a suceder. Se escribió, se presentó a un concurso del Incaa, ganamos y filmamos. Una fluidez poco frecuente que supimos aprovechar.

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¿Por qué el título “Baldío?

Inés: Fue una sensación. Entonces decidí consultar el diccionario. Y esto fue lo que encontré:

Baldío: 1- (terreno) Que no se cultiva ni se labra. 2-(esfuerzo, empeño) Que resulta inútil porque no ofrece ningún resultado.

Nunca llegó a tener otro título que no fuera Baldío. No dudamos. De la misma manera que la elección del blanco y negro que surgió a partir de la escritura del guión. Me resultaba imposible pensar en la realización si no era en blanco y negro y Saula estuvo de acuerdo porque narrativamente era necesario para contar la historia tal cual como la concebimos en el guión.

Saula: Cuando le propusimos la película a Federico Bracken, director de fotografía que ya había trabajado con nosotras en la película “La Otra piel”, tampoco dudó. Y el trabajo que hizo es de una delicadeza extraordinaria.

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Me pareció un enfoque muy original donde se pone el acento en la protagonista como una madre que padece la adicción de su hijo y no en el adicto, o en el “loco”. ¿Charlaron sobre esta elección de dejar en segundo plano la problemática del hijo?

Inés: No fue necesario conversar. Sabíamos que el eje narrativo, el núcleo de nuestro interés, estaba en esa mujer a la que le toca el lugar de la impotencia, la espera, la incertidumbre. En general en el cine se hace foco en el que padece la enfermedad pero no se desarrolla el proceso que atraviesan los que padecen la enfermedad del ser querido.

Noté que cada rol secundario no tenía nada de secundario, no sólo porque participó un elenco maravilloso de actores sino porque cada uno nos mostraba algo de ese universo de la protagonista.

Inés: Esa fue la idea. Queríamos incluir elementos supuestamente secundarios, pero que rodean a la protagonista y generan un tejido que  potencia en el entramado de obstáculos y dilaciones, de preguntas inexactas y respuestas inciertas, con las que convive la protagonista. Como en la vida, que nada es tan negro ni tan blanco y los grises tienen matices imposibles de definir.  

Saula: Muchos amigos actores, al enterarse de la película, se ofrecieron a participar. Por Mónica, por el tema que íbamos a abordar… Era simpático llegar a la oficina de producción y decir: “llamó tal, quiere participar en la película, aunque sea un bolo”, mirarnos y decir ¿cómo le decimos que no tenemos más personajes?

(Risas) ¡Qué divertido! ¿Y cómo fue filmar con Mónica Galán sabiendo de su enfermedad terminal solamente ustedes? (me comentó Rafael Spregelburd que no quisieron contarlo)

Inés: Fue una hermosa y necesaria complicidad para que no se impusiera como un obstáculo en la filmación y en la relación con el equipo, porque las tres estabamos convencidas que había que hacerle justicia a la película, a nuestra convicción de hacerla y a los actores maravillosos que nos acompañaban. Por otro lado, Mónica era una mujer con una dignidad y una elegancia espiritual superlativas, que no hubiera aceptado estar en un lugar especial si la causa era por su enfermedad. Se hizo como las tres queríamos. Con serenidad y paciencia, justamente. Una despedida elegida, a la que se sumo Graciela Galán, la hermana de Mónica, con un trabajo muy dedicado en el arte para que todo fluyera en el tono de una última celebración.

Saula: Mónica condujo su enfermedad, como dice Inés, con una dignidad asombrosa. Era muy difícil reconocer que estaba enferma. No se ocultó su enfermedad, no era un secreto, sino que era una circunstancia aparte: lo que nos unía en esos tiempos era la película que queríamos contar, la mayor parte del tiempo nos olvidábamos que estaba enferma. Creo que también lo hicimos como defensa: saber que queda poco tiempo resulta muy angustiante.

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Son los casos en que las defensas son sumamente sanas y permiten producir. Inés, en “La otra piel” te adentras también como en “Baldío” en los mundos que hacen a la vida personal del artista en paralelo con sus producciones artísticas. En el caso de Mónica Galán, estaba en simultáneo el tema de su enfermedad y el deseo de realizar y terminar la película. El papel de Rafael Spregelburd, un director desentendido y casi frío, que no le importa más que su film se realice, y que finalmente, le da un toque de humor, uno no lo termina odiando, sino entendiendo que el “show tiene que seguir”, ¿es quien representa ese nexo entre la vida real y la ficción?

Inés: Refleja una de las caras de este artefacto indiscernible que es nuestra propia vida y nuestra producción artística. ¿Cuándo empieza una cosa y termina la otra? Esa obstinación del director, esa urgencia para llegar a concluir de la manera que sea su película es necesaria para hacer cine, es una ironía que se instala en la filmación. Cada rodaje parece el fin del mundo, todo es tan urgente como las urgencias del hijo de la protagonista por su adicción a las drogas, en ambos casos se trata de urgencias. Pero lo que los distingue es que un rodaje tiene un tiempo estipulado y llega finalmente a una concreción, mientras que las otras urgencias marcan un camino incierto en el tiempo y en el desenlace, una inquietud constante. La película a veces sale bien, otras no tanto. Pero mas allá del resultado final, esta claro que el rodaje forma parte de un momento del proceso que es enorme, que empieza con el guión y termina en el montaje, donde no se pueden separar las cosas salvo que se busque darles un orden a los fines de una teorización del proceso. Y lo mismo sucede con el derrotero de la protagonista, Brisa, con su hijo Hilario. Todo esta sucediendo, el pasado y el futuro se funden en un presente voraz que punza,  que no se da por vencido.

Hay un tratamiento minucioso en los encuadres, en los planos fijos, y pienso que hay una búsqueda de sacar lo mejor del actor, como una mirada en el espejo retrovisor del auto mientras la protagonista habla con su amiga, pero al mismo tiempo es una manera de internar al espectador en emociones muy profundas. Este es tu arte. ¿Hubo alguna escena que te resultó más compleja que otras?

Inés: Las escenas entre madre e hijo fueron las más difíciles para mí. Tratamos de estar ahí con Mónica, codo a codo con las emociones que despertaban en nosotras, tratando de despegar de los prejuicios del drama, de los golpes bajos, de lo que se esperara como reacción posible en situaciones límite. Porque la vida, mientras esta sucediendo, no es una representación. Solo después se convierte en algo que se cristaliza en alguna forma. Desentrañar ese momento donde la emoción esta a flor de piel y las reacciones son imposibles de prever, fue lo más comprometido.

Gracias por este reportaje a ambas y mis felicitaciones, pienso que ésta película tendrá mucha repercusión no solo en Argentina, estoy segura que ayudará a las personas que padecen este sufrimiento y además, es un gran homenaje a Mónica que se eternizará en el alma de quienes la vean al igual dejando una huella indeleble de su integridad a la hora de enfrentar su muerte con tanta vida y tanto arte. Gracias de todo corazón por esta entrevista.

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