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UN JUDÍO COMÚN Y CORRIENTE Por Sergio Cocú

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NI TAN COMÚN, NI TAN CORRIENTE

Por Sergio Cocú

Todos los pueblos responden –en mayor o menor medida- al arquetipo que los define en el imaginario colectivo.

Los rasgos constitutivos de la cultura judía permiten, sin necesidad de mucha perspicacia, presumir desde el título de la obra cuáles serán los elementos en torno a los cuales girará su argumento.

Así es: en esta obra se habla de culpa, abunda la ironía, florece el humor en medio de las circunstancias más oscuras, se evoca el dolor como redención, se infiere el apego al saber y a las artes y se manifiestan  los singulares vínculos con las figuras de la madre y el padre judíos.

Sin embargo, aunque  de antemano se sepa todo esto, la riqueza  reflexiva que se desprende del guión hace que cada lugar común sea una puerta de entrada a nuevos paisajes sobre el judaísmo y una conexión a emociones universales.

La historia que se cuenta parece simple: Emanuel Goldfarb,  un periodista alemán-judío que reside en Hamburgo, recibe en su contestador telefónico la invitación de un profesor de Historia de un colegio secundario para brindar una charla. El propósito del profesor es que sus alumnos profundicen en el estudio del nazismo y el Holocausto, a partir de  la visión de un judío (comparto la reflexión puesta en boca del protagonista sobre lo innecesario de anteponer a “judío” palabras tales como “ciudadano”, “individuo”, etc., para intentar suavizar la “mala palabra” que algunos creen y temen pronunciar)

El periodista decide inmediatamente rechazar tal invitación, para lo cual se dispone a enviar una carta al profesor formalizando los  argumentos de su declinación.

El guión en sí no es otra cosa que la justificación que Goldfarb construye  para este rechazo.

En medio de su encendido discurrir, que es una suerte de monólogo interior que trasladará a su carta, el protagonista se topa con una pregunta cuyo carácter retórico parece advertir de antemano: ¿Qué es ser judío?

En su ensayo “Las redes del odio”, Marcos Aguinis trata de responder a la misma pregunta, sin encontrar una respuesta definitiva:

“…Durante mucho tiempo se los identificaba con su religión. Pero no les basta convertirse a otra para dejar de ser judíos. Las conversiones forzosas realizadas en España resultaron en que se los calificase ‘cristianos nuevos’…”

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“…El nazismo consideraba judío a cualquier cristiano que hubiese tenido un remoto antepasado judío; para los nazis no importaba la religión, desde luego, sino la raza. Pero, ¿son una raza? ¿Qué es una raza? …Las presuntas razas se entremezclan y generan formas intermedias. Como asegura el genetista de Oxford Brian Sykes en su libro  The seven daughters of Eve, ‘no existe base genética de ningún tipo para una clasificación étnica o racial’…”

“…SI no son una raza ni una fe, ¿que son? Hace siglos se los empezó a llamar ‘una Nación’. Pero esa palabra no tenía entonces el significado actual…”

“…A partir del siglo XVIII se comenzó a usar otra palabra, ‘pueblo’, menos ambiciosa. Pero,  ¿qué es ‘pueblo’? La palabra suena a un estadio menos preciso que el de Nación…”

“…Algunos estudiosos, mareados por las dificultades, optaron por afirmar que los judíos constituían una cultura. Volvemos a las preguntas: ¿qué es una cultura? ¿Por qué esta palabra sería mejor que las otras?”

Como se ve, los  párrafos de Aguinis bien podrían contribuir a la desoladora confusión del protagonista, quien exhibe en su biblioteca un cuadrito con los rostros de sus cuatro judíos más admirados: Marx, Einstein, Jesucristo y Freud.

A propósito de Freud, resulta pertinente citar la carta con la que el médico vienés responde al pedido de apoyo del movimiento sionista, en 1938:

“Les agradezco su recibimiento a Gran Bretaña. Pero me gustaría pedirles que no me traten como  un guía de Israel. Desearía ser considerado solamente como un modesto hombre de ciencia y de ninguna otra manera. Aunque soy un buen judío que nunca renegó del judaísmo, no puedo olvidar no obstante mi actitud totalmente negativa hacia todas las religiones, incluso el judaísmo, lo cual me diferencia de mis congéneres judíos y me hace inepto para el rol que usted quiere atribuirme.”

Tal vez Goldfarb no sospechaba que el mismísimo padre del psicoanálisis ya había experimentado el mismo febril afán de transitar su vida como un judío común y corriente.

UN JUDÍO COMÚN Y CORRIENTE

Actuación: Gerardo Romano

 Texto: Charles Lewinsky

Traducción: Lázaro Droznes

Música original: Martín Bianchedi

Escenografía y vestuario: Marcelo Valiente

Producción ejecutiva: Pablo Silva y Francisco Hails

Dirección: Manuel González Gil

CHACAREREAN TEATRE

Nicaragua 5565 

CABA – Buenos Aires – Argentina

Tel: 4775-9010

Web: http://www.chacarereanteatre.com.ar

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