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Puentes de amor y tangos – Dirección: Rachel Revart (Raquel Tesone) – Por Mariana Wassner

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Confieso que no soy tanguera pero escuchar Trenzas, tango que mi padre solía cantar muy desafinadamente, me conmovió. 

“Puentes…”  nos invita a pensar en historias de amores truncos, olvidados, cansados, esperanzados, y en su entrelazamiento con las femineidades, tan diversas como los amores.

Giovanna es una mujer madura, con una relación de “acompañante” de su marido y es maltratada por él.  Tienen una hija, “como corresponde”, encarnada magistralmente por Julieta Svetliza, quien es testigo de estas escenas. Giovanna conoce a Robert y su mundo estable comienza a tambalear.  Bien interpretada por Estela Urcola, no se anima a preguntarse por su propio deseo. ¿Puede desear una mujer? ¿Es el amor incondicional y para siempre? Robert, interpretado por Julián Matías Bruno, quien actúa, canta y baila magníficamente, la invita a salir del encierro, en principio, sin más promesas  que brindarle su amor, el placer y el cuidado. Se plantea, entonces, una suerte de debate interno: el deber ser, moral, prescriptivo de Giovanna, y el deseo y la sensualidad, encarnado por Rachel Revart (Raquel Tesone), quien además de bailar, mira, envuelve y transmite la potencia de un deseo que puja por salir. El placer y la sensualidad se ponen en marcha a través de los magníficos tangos que bailan al compás del deseo de Giovanna (Revart) y Robert (Bruno). 

Esta pieza intenta rescatar, no sin sentido del humor, la relación entre los mandatos sociales y la posibilidad de ser libre, y nos deja pensando en un punto que profundiza:  ¿la felicidad es también un mandato social? El placer, ¿es privativo de los jóvenes? 

La maternidad como deber moral comienza a cuestionarse en la protagonista de esta historia y las contradicciones generan culpa porque bien podríamos preguntarnos qué construcción subjetiva puede hacer su hija conviviendo con este modelo de sumisión.

La musicalización en vivo a cargo de Ezequiel Amadruda es maravillosa y acompaña esta obra y su erótica. 

Es que en  tiempos vertiginosos,  parece que lo efímero es la figura, pero esta puja, si se devela, se revela y emerge, comienza a ser un fondo que abre nuevos horizontes….en cualquier momento de la vida, a cualquier edad, casi por azar, casi una contingencia,  bailando tangos.

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