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EL LUGAR DEL ANALISTA – Por Dr. Federico Jaime Millonschik

La experiencia analítica se configura en una estructura en la que el lugar del analista está definido por su escucha e intervenciones.

Lugar tan virtual en su ubicación como el que postulara Freud en el Capítulo VII de la “Interpretación de los Sueños” para el aparato psíquico.

Su virtualidad no contradice su consistencia específica sostenida en lograr que el paciente se analice y la clínica psicoanalítica de niños tiene como especificidad que el sujeto en análisis se trata de un niño.  

Un sujeto inmerso, atravesado, precedido y determinado por el lenguaje. Pero su acceso al manejo de todas las posibilidades que éste le ofrece es paulatino y transcurre secundario a un proceso en el que tanto el crecimiento y desarrollos físico, emocional y neuromuscular como el entorno familiar y sociocultural no son una variable menor. El nombre infancia con el que se designa a la niñez, no es azaroso.

“La ocupación preferida y más intensa de un niño es el juego” por lo tanto el juego ocupa un lugar de privilegio en el análisis de niños donde los elementos auditivos y visuales juegan también un importante papel.

El adulto predominantemente cuenta lo que le ocurre en un texto de palabra hablada. El niño con el juego cuenta, pone su drama en escena. En él, al igual que en un sueño, latente y manifiesto se superponen.

Al ser los procesos anímicos en sí y por sí inconscientes, sólo con los signos de cualidad que proporciona la asociación lingüística el pensar se torna consciente y reproducible.

Casi todas las cosas del mundo, pueden ser percibidas, resultar signos y por lo tanto aportar significación. El signo lingüístico es el que más se usa en la comunicación humana y está formado por el significante (la imagen mental que se tiene del sonido del signo) y el significado (el elemento conceptual del mismo).

El juego, al igual que el sueño, es entre otras cosas, la puesta en escena de un proceso psíquico en una serie sucesiva de significantes, que jugados o soñados parecen constituir una relación sintagmática, pero que al querer ponerlo en palabras se advierte entre ellos una relación paradigmática.

Melanie Klein con enorme agudeza clínica abordó el juego como si se tratara de un sueño, dándole la misma categoría. Así nació precisamente la clínica con niños.

En el juego, como en el sueño, la movilidad de las investiduras inconscientes se expresa en la condensación y el desplazamiento.

Roman Jakobson relacionó la condensación con la metáfora y el desplazamiento con la metonimia.

Retomando entonces, en el análisis de niños analista y paciente, inmersos en una situación de entrecruzamiento inevitable de palabras y juego (juego de palabras y palabras en juego) quedan exactamente ubicados en la trama de la transferencia.

Cuando Freud habla de pensamientos oníricos dice que el sueño sustituye (verdrängen) al subjuntivo desplazándolo por el presente del indicativo, al tiempo que su contenido representacional no se piensa, se muda en imágenes sensibles a las que se les da crédito y categoría de vivencia. 

 Verdrängung fue traducido como Represión pero textualmente significa esfuerzo necesario para la sustitución y desplazamiento. Metáfora y metonimia.

Freud define en el Capítulo VII la transferencia como un deseo infantil inconsciente desplazado sobre una representación preconsciente (la figura del analista). Una vez más, condensación sustitutiva y desplazamiento; metáfora y metonimia.

 La transferencia y la represión son sentidos opuestos de un mismo camino.    

Transferencia proviene del latín Transfero, pero transfero deriva del griego: metáfora (μεταγορα’, traslación; de μετα, después, y ϕερϖ, llevar).

En este entretejido transferencial, en este ir y venir de la palabra al juego y del juego a la palabra, se urde la trama singular del tratamiento con niños. 

Una trama en la que el juego juega, junto con la palabra, un lugar igualmente significante.

Lo que hay a decir se dice, en palabras o en juego. Al niño le resulta más natural y atractiva esta última forma y tengo la idea que el efecto significante del juego es en un niño más eficaz que las formulaciones verbales. 

Un niño en su análisis juega -el término connota más que lo que denota- poniendo en escena, un drama que procura participar a su analista. Si éste puede dejarse llevar por esta propuesta, encuentra una modalidad expresiva más accesible a su paciente.

El analista asiste participando, juega y se juega en atención libremente flotante, incluido en la puesta en escena que dispuso su paciente. Escena ejemplar de situación transferencial. 

La cita freudiana sobre el análisis infantil señalando que “… será preciso prestar al niño demasiadas palabras y pensamientos, y aún así los estratos más profundos pueden ser impenetrables para la conciencia”  ha llevado a preguntarme por qué o para qué prestarle palabras. Y aún así ¿Para la conciencia de quién?

Es el niño el que “presta” -si se quiere conservar el término- o aporta significantes en juego, con la pretensión y el derecho que le sea respondido en el mismo idioma.

Que el analista juegue no quiere decir que no hable. De hecho el niño mientras juega, habla. De lo que se trata es que el analista hable sin dejar de jugar o que lo que diga esté dicho en el mismo contexto de juego. Esto supone poner en juego aquello que permita develar lo velado que se revela en el texto o en el contexto que un niño en sesión pone en escena. En una escena y con un lenguaje que es propio para cada niño y por ende para cada análisis.

 La consulta de los padres de Lautaro de diez años fue por situaciones de desafío con sus padres, escasa o nula tolerancia a las frustraciones, agresiones físicas hacia su hermana un par de años menor, miedos y temores que en ocasiones le impiden desplazarse autónomamente por la casa haciéndolo blanco de la burla de aquella; dificultad para poder jugar con amigos, un interés por ellos o las cosas, que no va mucho más allá de un entusiasmo inicial, frecuentes momentos de “aburrimiento” que contrastan, por lo casi simultáneos, con otros en los que su actividad es un despliegue de arrollador entusiasmo.

Ya en su sesión propone un juego que consiste en disponer ladrillitos uno junto a otro a ambos lados de la mesa y cada uno por turno por medio de otro ladrillito debe tratar de tirarle, a papirotazos la mayor cantidad de ladrillos posible al contrario, hasta dejarlo sin ninguno.

A medida que progresan la sesión y el juego, mi puntería es mejor que la de él lo que parece no sólo enfurecerlo sino también desalentarlo. Si bien propone revanchas lo hace con más bronca que ganas; juega cada vez con menor entusiasmo y la depresión parece ganarlo, de pronto tira su ladrillo con mucha fuerza y hace caer varios míos.

Lautaro-(Con mucha bronca) “¡Vamos, carajo!”… 

Analista-“ ¡ Síííí!… ¡ Viva la destruccióóóón!…”

L- (Hasta ese momento sombrío y a punto de abandonar el juego) da rienda suelta a una risa a carcajadas que parece aliviarlo.

A)- “¡¿Con que quieres jugar rudo, eh?!”… “ ¡Toma esto !” al tiempo que arrojo  mi proyectil.

A partir de aquí el juego cambia. Comienza un diálogo entre paciente y analista donde Lautaro se burla de mis errores y cada uno festeja ruidosamente sus éxitos.

Lautaro afina su puntería, cierra un ojo, la lengua asoma por un costado de su boca, los deditos blancos por la tensión que preparan el tiro,…

A) Ahora sí que vas a reventarlos! ¡Pobres ladrillitos!…

L)- ¡Ya vas a ver!

A)- Si fuera ladrillo estaría temblando.

Tira y erra.

L)- ¡Noo!..

A medida que la partida avanza y a él le van quedando menos ladrillos cierra los ojos o se los tapa cada vez que yo tengo que tirar.

A)- “¿Con que te tapás los ojos y no querés ver, eh? Jhé, Jhé!

L) –(Riendo) Guacho, te reís como el perro Patán!

A)- ¿Ese que le hace maldades al dueño?

L) – ¡Sí, ése!

A)- Bueno, preparate que ahí va 

L)-¿Qué te creés que tengo miedo?

A)–Eres tú el que lo dice muchacho!

L) –Miedo yo, ¡Ya vas a ver! 

A)– Sí!. Vos no querés ver.

Aunque pierde, propone entusiasmado un nuevo desafío.

Es sabido que la clínica con niños lleva al psicoanalista a hablar, inevitablemente, de y con los padres de su paciente. Dato que no por evidente merece ser menos estudiado.                               

Situación que conlleva una circunstancia transferencial no tan frecuente en el análisis de adultos.

Denominar transferencial esta situación me resulta inevitable, porque sin duda el analista está jugado de alguna manera en el vínculo que los padres de su paciente mantienen con él y con su propio hijo.

Trabajar esta circunstancia requiere de un tiempo y un espacio singular cuyos límites no resultan demasiado precisos.

Cumplimiento de aspectos contractuales, sostén y garantía del tratamiento de los hijos son algunos de los compromisos más evidentes que los padres contraen al poner un hijo en análisis.

Asumen un costo doloroso por el sufrimiento del hijo y por no haber podido ayudarlo ellos mismos, sin ayuda ajena. Advierten que a medida que el niño progresa en su análisis, se modifica el equilibrio que hasta entonces había, circunstancia que a veces provoca ruidos que parecen amenazar siniestros.

El tratamiento de estas cuestiones requiere un encuadre que permita su despliegue y su abordaje sin que el analista del niño se constituya ni en consejero ni en terapeuta de los padres, sino que se mantenga en lo que es.

Lugar del analista del niño que en relación a los padres es tan complejo y de ubicación tan virtual como el que acabamos de abordar.

Lacan señala que cuando uno se refiere al lugar del analista en la transferencia debe pensarlo en un doble sentido ¿Dónde lo sitúa el analizado? ¿y dónde debe estar el analista para responderle convenientemente? y añade que esta relación o esta situación no puede basarse más que sobre el malentendido, dado que no hay  coincidencia entre lo que el analista es para el analizado al inicio del análisis y lo que justamente el análisis de la transferencia permitirá develar.

Esto es la verdadera implicancia de un sujeto que se compromete en esta aventura del análisis, que no conoce.

Y es esta dimensión de lo verdaderamente implicado por la apertura, la posibilidad, la riqueza y el desarrollo futuro del análisis, lo que plantea una pregunta del lado del analista.

¿No es por esto acaso, que él deba ya colocarse en el nivel de estar verdaderamente en el lugar al que deberá llegar en ese término del análisis, que es justamente el análisis de la transferencia?

¿Hay acaso otra posición verdadera para el analista que no sea el análisis de la transferencia?

Decididamente pienso que, al menos por esta razón, el lugar del analista no tendría que cambiar. Por el contrario, ha de sostenerse a fin de evitar que el paciente quede ubicado en un lugar de descuido con riesgo potencial.

Dichos sistemas tratan de ponerle a la neurosis un plazo preciso para su cura.

Aquí es donde el psicoanálisis procurará no condescender. No descender satisfaciendo sistemas para los que la salud mental de las personas es sólo una cifra estadística.

El psicoanálisis ha demostrado que se trata de una experiencia provechosa para quien la atraviesa, porque lo único que en ella importa, es la subjetividad del sujeto en análisis. Su condición de sujeto, no de número. 

Consecuente con esto, el lugar del analista en la clínica de hoy es seguir defendiendo su práctica.

Se nos torna evidente que el lugar del analista es un lugar sostenido por su ética. Ética de la que debe dar cuenta. Por este motivo es que los límites éticos de la experiencia analítica coinciden con los de su praxis.

Dr. Jaime Millonschik

BIBLIOGRAFÍA

FREUD, Sigmund  (1900)     La interpretación de los sueños  en AE Vol V

(1912 a)  Sobre la dinámica de la transferencia en AE Vol  XII

(1918)     De la historia de una neurosis infantil en AE Vol XVII

JACKOBSON, Roman (1952)   Dos aspectos del lenguaje y dos tipos de afasia  en Ensayos de Lingüística General . Barcelona Seix Barral   

LACAN, Jacques (1959) El seminario Libro 7 “La Etica del Psicoanálisis”. Buenos Aires, Paidós.1988

(1960) El seminario   Libro 8 “La Transferencia”. Escuela Freudiana de Buenos Aires

MILLONSCHIK Jaime (1993)Transferencia de los padres con el psicoanalista en el curso de algunos tratamientos de niños. 1ª Jornadas del departamento de niñez y adolescencia. APdeBA. 

(1997) El síntoma y la interpretación 3ª Jornadas del departamento de niñez y adolescencia. ApdeBA.

(1999) El ombligo del sueño cien años después. XXI Simposium y Congreso Interno.

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