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SU SILENCIO GRITA… ¡GHOSTING! – Por Raquel Tesone

Inspirado en Cécile de la película de la plataforma de Netflix: El estafador de Tinder dirigida por Felicity Morris

No daba una señal de vida, a Ella le hacía ruido su silencio y la corroía por dentro. No  llegaba ni un mísero mensaje de texto, y no sabía por qué, sólo creía que algo peligroso estaba pasando. Esos días se hicieron muy largos. Ella intentaba comprender el motivo de su desaparición. Después de haber compartido en muy poco tiempo momentos de tanta magnitud pasional, parecía paradójica esta reacción. Sus temores eran proporcionales a sus deseos de volver a verlo. Pensaba que él estaba en un punto crucial: o me voy, o me quedo con lo que deseo, y si me quedo, me tengo que hacer cargo de la propuesta de matrimonio y Ella ya había ido a ver departamentos que compartía para elegir juntos a través del video del celular, porque él era millonario y viajaba de manera frecuente.

Hacía tiempo que Ella esperaba un verdadero encuentro y lo que no contempló es que el torrente emocional que parecía envolverlos podía desencadenar una corriente que la arrastraría hacia lugares insospechados. 

Su silencio la reenviaba a una tortuosa espera solitaria. Para evitar el desasosiego en el que estaba cayendo, se puso a escribir una historia. Al final del relato, descubrió que todo lo que lo que escribía era para rellenar el vacío que dejó su silencio. Sus dedos tecleaban impelidos por la necesidad de darle un sentido a esa historia que parecía salir de Hollywood o de los cuentos que le contaban en su más tierna infancia. Y así fue como inventó una historia que se iba tejiendo con la recopilación de flashes, fotos, videos y mensajes con este desconocido que había aparecido en una aplicación de citas en su celular, en la que tenía muchos likes y a la que usaba como un juego para sentirse deseada. Hasta que un día pareció ese hombre de sus sueños apareció en la foto del Tinder, y tal como apareció, de un día al otro, desapareció.

Su relato se convirtió en película. Su película. Y eso fue gracias al encuentro con otra mujer, una directora de cine que deseaba escucharla y le puso una cámara delante, y sólo la dejó hablar.

Ella contaba su estado de enamoramiento inicial como un cuento de hadas que comparaba con La bella y la bestia. En esta parte de su historia, no pensaba que sobrevendría un silencio que significaría una distancia definitiva. No quería pensar que esa encuentro con quien le había dicho y había hecho todo lo que soñaba, se podía reducir a un simple “No” con mayúscula. No más. No quiero. No sé quien sos. No has existido en mi vida. Y mucho menos a un “no” de ella. No lo elijo. No me merezco esto. No lo espero… Ella lo esperaba siempre que él se iba de viaje. Su entrega y su conexión con él (o con la imagen de él en esa aplicación) era un gran sí. No parecía haber freno a su exceso de entrega y el silencio de él le dejaba un vacío que no podía llenar.

Ella nunca pudo rebelarse a las tradiciones y mandatos que le imponía la idea de ser mujer y este hombre que le hablaba de amor, de pronto, le desromantiza su relato y se extingue en no dichos que contradecían sus promesas.

Comenzó a sentir un gran desamparo. Intentaba colmar con las palabras que vomita a la cámara todo el trauma que representaba esa ausencia de alguien que creyó sentir tan presente. Ni siquiera podría decirse que se sentía abandonada, aunque tenía derecho a sentirse así pero el abandono se siente cuando se pierde a alguien, y no cuando se advierte que nunca existió como tal. Aunque ella se repetía, para no volverse loca, que lo que había vivido no era un sueño, y se decía: nos tuvimos el uno al otro, nos brindamos sin pensar… Lo que Ella no advertía es que esa desaparición podría eventualmente ser la oportunidad de probarse a sí misma que Ella existía más allá de él y de cualquier otro ser. La desaparición era  prueba que la podría conducir a encontrar el amor por sí misma. Después de todo, se dijo para su consuelo, de toda experiencia uno puede aprender sin arrepentirse de nada, porque vivió algo que la impregnaba del aroma de la playa en su cuerpo.  

Poco a poco dejó de esperar una señal. Recuperó su existencia y pudo comprender por qué él la eligió como su presa y lo cruzó en su camino. 

Este hombre incitó el despertar de la Bella durmiente que esperaba al príncipe azul pero su silencio rompió el hechizo, habló y gritó, y le hizo ver que lo que realmente vivió como una ensoñación fue una verdadera pesadilla. 

Ella pudo sentir que existía pese a su ausencia, y no esperarlo más, la liberó de un peso. Esto ocurrió después de sentir que se hundió en un pozo muy profundo y mirando a la cámara, sus lágrimas empezaron a brotar de sus ojos y su alma agradecía a cada lágrima que le permitía soltar su pena para poder desprenderse  gota a gota de quien le vendió una historia de amor a cambio de vaciarle su cuenta bancaria y su corazón. 

Sin embargo, la romantización del amor puede más que su dolor. Ella termina diciendo que seguirá buscando a su príncipe en el Tinder.

 ¿Cómo no dejarse traicionar si uno se traiciona a sí mismo en vías de cumplir con los dictados del imaginario cultural que signan el ser mujer? ¿Cómo amar a otro amando ser una mujer que no espere que alguien la ame para amarse? 

Preguntas que sólo podría hacerse si se sintiera Ella la protagonista de su propia película sin dejar en manos de ningún otro el papel principal ni mucho menos el guión.

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