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LAPONIA – Dirección: Néstor Valente – Por Dra. Raquel Tesone y Hugo Ferrari

Laponia es el producto de una combinación que no puede fallar jamás. Cuatro actores de primer nivel con una variada experiencia en teatro y en comedias más renombradas, estamos hablando de palabras mayores: Paula Ransenberg, Jorge Suárez, Laura Oliva y Héctor Diaz, de la mano director Nelson Valente, director prestigioso e impecable en todas sus puestas en escena y en la dirección de actores (actualmente en cartel “Los perros”, y con un gran éxito de “El loco y la camisa” y “Jauría” por nombrar sus últimas obras). Si a este ensamble teatral, le sumamos un libro divertido, sumamente inteligente y con un humor muy refinado que crea una complicidad con el público argentino en cuanto a los gags sobre nuestra cultura. Y cuenta con todos los ingredientes de una combinatoria exquisita exprimiendo al máximo los recursos teatrales de los actores en conjunción con una muy adecuada escenografía e iluminación del Teatro Picadero. 

La dramaturgia es de Cristina Clemente y Marc Angelet y tuvo una muy aclamada repercusión en el público de Barcelona en el año 2019. La obra aborda un tema de debate muy agudo sobre la educación y el poder que tienen los padres para decirles a sus hijos tanto la verdades como las mentiras, de una manera muy entretenida pero al mismo tiempo, con gran sagacidad en los diálogos, digna de analizar y ser presentada en congresos de psicoanálisis de niños en la construcción de las creencias que se sostienen en las parejas parentales y cómo afectan la infancia. 

Una familia argentina compuesta por Mónica (Laura Oliva), su marido Gérman (Héctor Díaz) y Martin (el hijo de 5 años) viaja a Finlandia a celebrar la hermana de Ana (Paula Ransenberg) que está casada con un finés llamado Olavi (Jorge Suárez) y tienen una hija de 4 años quien los confronta con las grandes diferencias culturales con la idiosincracia argentina. Este es el disparador para dar lugar a cuestionamientos profundos y para que los espectadores entremos en una suerte de identificación con los valores que construyen en parte nuestra argentinidad, y la connivencia con las mentiras en tanto, hay verdades que por dolorosas o incómodas, no deseamos enfrentar. 

¿La imaginación y la magia se funda en la mentira o es radical de la condición humana engendrar ilusiones prescindiendo de la realidad? ¿Qué eligen los padres transmitir a sus hijos para el armado de los valores? ¿En qué medida la cultura argentina entroniza la figura del “chanta” en el lugar del ideal desvalorizando a quienes quieren decir sus verdades? Y por consecuencia, ¿cómo el uso de las mentiras naturalizadas socialmente, impactan como un fuerte choque cultural en otro tipo de educación como la finlandesa? ¿Los hijos no están preparados para saber la verdad o son los padres que no pueden afrontarlas? ¿Es lo mismo omitir que mentir? ¿Se puede decir todo o siempre funciona algo del orden de la represión (precio que se paga, al decir de Freud, por vivir en una sociedad civilizada). Por otro lado, ¿sabemos la verdad sobre la muerte o sobre la vida o acerca de la sexualidad? Todos estos temas a la hora de la transmisión parental al infante requiere de cierta elaboración personal y siempre será inevitablemente subjetiva, no sólo por la historia particular de cada padre y madre, sino además, por la cultura en la que estamos insertos. Piera Aulagnier decía que en cada sorbo de leche se le ofrece al infans un sorbo de cultura, lo mismo que a través del lenguaje. La palabra “infans” significa” el que no habla y tampoco los hijos tienen presencia en la obra, aunque se hable de ellos, y esta parece ser una forma de mostrar cómo el cachorro humano es pensado, hablado e imaginarizado por el Inconsciente de los seres que tienen a cargo nuestra crianza (y cómo luego, necesitamos de los psicoanalistas para repensarnos desde nosotros mismos). 

Es destacable la posibilidad de hacernos reír y a la vez, dejar a los espectadores con interrogantes para que cada uno pueda pensar en las mentiras y en las verdades que nos dijeron, que decimos hasta sin registrarlo demasiado, y en los secretos familiares que finalmente, salen a la luz cuando una familia se abre a un intercambio tan profundo. 

Mónica es quien tiene el ancho de espada en este juego de truco, quiero retruco y quiero vale cuatro y representa a aquellos padres que en busca de la magia y de imaginar un mundo mejor, en su mundo de mentira, y contra todos los que abogan por la verdad, logra que el resto de la familia hable desde su propia verdad y que aún en las diferencias, haya un punto de encuentro en lo humano y en la magia de la naturaleza. 

Podríamos decir que Laponia, nos transporta a un país lleno de esperanzas donde el frío se convierte en la calidez de un hogar y la verdadera magia reside en la maravillosa labor de artistas que invitan a repensarnos en este juego actoral y nos conmueven hasta sacudirnos en lo más profundo de nuestro ser.

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