ARTE/EL INCONSCIENTE/FILOSOFÍA/INICIO/LITERATURA/NOTAS PERIODÍSTICAS/SOCIEDAD Y CULTURA

Mundial 2026: Cuando un partido deja de jugarse en la cancha – Por Dra Raquel Tesone / Rachel Revart

Hay partidos que no terminan cuando el árbitro marca el final.

Un partido lleva a Malvinas. Malvinas lleva a la bandera. La bandera lleva al deseo. El deseo lleva a Messi. Messi lleva a Bangladesh. Bangladesh lleva al lenguaje.

Continúan en una plaza de Madrid colmada de argentinos, en una calle de Río de Janeiro pintada de celeste y blanco, en un niño de Bangladesh abrazado a una camiseta de Messi, en un español que, aún deseando que su selección gane, confiesa que le gustaría ver a Messi levantar una última Copa.

¿Qué hace que un acontecimiento deportivo produzca efectos tan lejanos de su punto de origen? 

¿Qué ocurre cuando un deseo, un fantasma, una identificación o una prohibición salen del sujeto y comienzan a circular entre otros sujetos, grupos, culturas e instituciones?

Un partido lleva a Malvinas. Malvinas lleva a la bandera. Una bandera que se prohíbe y por eso adquiere más fuerza; es que esa bandera cargada de historia y símbolos que despierta al deseo. El deseo lleva a Messi. Messi lleva a Bangladesh. Bangladesh lleva al lenguaje.

Y todo este entramado se despliega generando consecuencias en la cancha. Un encare de un inglés denostando a Messi, una mirada de Messi antes de una jugada, cuatro ingleses de casi dos metros cayendo porque Messi tiene la pelota como pegada al pie, Messi que cae, antes de que caigan como expulsados esos jugadores de casi dos metros de alto. Messi que vuelve a levantar para hacer un pase imprevisto a Enzo que mete el gol al arquero inglés,

No alcanza con hablar de fútbol.

Pero allí aparece algo más que el talento individual.

La creatividad de un equipo no surge solamente de la inspiración de una figura excepcional. También nace de un trabajo colectivo sostenido: de jugadores que leen el juego, que se psicoanalizan, que elaboran sus experiencias y que construyen junto a su entrenador una lectura compartida de los momentos de adversidad.

En ese sentido, el trabajo de Scaloni y de este grupo argentino muestra algo profundamente ligado a una tradición de nuestra cultura: la capacidad de pensar el vínculo, de revisar lo ocurrido, de aprender de la experiencia y de transformar lo vivido en nuevas posibilidades.

El inconsciente grupal no actúa solamente como repetición. También puede producir creación.

Un equipo que construyó una inteligencia colectiva puede improvisar sin desorganizarse. Puede apartarse del plan sin perder la cohesión. Puede encontrar una respuesta nueva cuando el obstáculo aparece.

Quizá allí reside una de las formas más interesantes del deseo colectivo: no en saber de antemano qué ocurrirá, sino en poder crear una respuesta cuando el futuro todavía no está escrito.

Tampoco alcanza con hablar de identidad nacional.

Algo circula.

Una jugada, una mirada, una bandera prohibida que se exhibe igual, una canción, una emoción compartida, un recuerdo histórico. Todo ello entra en una trama de deseos, identificaciones, fantasmas, prohibiciones y resonancias que exceden a los protagonistas del partido.

En Argentina existe una expresión: “tirar una piedra al río”.

La imagen parece simple. Sin embargo, nadie puede prever con exactitud qué ocurrirá después. La piedra puede rebotar, hundirse, desviarse por la corriente, ser afectada por el viento, por la lluvia, por la forma del cauce o por las piedras que encuentre en su recorrido.

El acontecimiento ya no pertenece solamente a quien lanzó la piedra.

Algo semejante ocurre con ciertos hechos colectivos.

Una palabra dicha en una cancha, una decisión política, una prohibición que se transgrede a riesgo de una sanción, el gesto de un jugador, una imagen que conmueve al mundo… comienzan a producir efectos que no pueden explicarse mediante una causalidad lineal.

No es el azar solamente.

Tampoco una intención consciente.

Es la circulación de algo que, al atravesar sujetos, grupos, culturas e historias, se transforma y produce nuevas transformaciones.

Quizá por eso el fútbol apasiona incluso a quienes no son futboleros.

Porque, de vez en cuando, deja de ser únicamente un deporte.

Se convierte en un escenario privilegiado para observar cómo circula el deseo.

Quizá un partido nunca se juega solamente en una cancha. Tal vez también se juega en la memoria de los pueblos, en los deseos que circulan entre desconocidos y en ese ricochet invisible que hace que un acontecimiento siga produciendo efectos mucho después de que la pelota dejó de rodar. 

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.