
“Ternura” es la palabra estrella de Las Adoro. José y Herminia, dos hermanos de ochenta años, actúan, han actuado toda la vida y lo siguen haciendo, amando y deseando la actuación. Sin caer en el estereotipo de viejos, actúan de lo que actúan dentro de la actuación y de pronto viven -y nosotros vivimos junto a ellos- la magia de ser otros. Con nostalgia, se transforman en los personajes que han actuado a lo largo de su vida, con referencias a obras de teatro argentinas.
Las Adoro son inseparables. Y se aman. Se conocen tanto que podrían no hablar y aún así entenderse, comunicarse a través de la telepatía. Pero ahí estamos nosotros y para nosotros hablan; las miradas en la oscuridad del adorado público de las Adoro, que las adora en silencio o entre risas, las enciende. Y a veces nos hablan directo a nosotros, nos narran lo que les pasa, cada una en su momento, nos confiesan sus intimidades, incluso las cosas que la otra no sabe. Están solas y se hacen compañía, se aman, se adoran, se conocen de toda la vida, casi que son la misma persona. “A veces es como si José fuese yo misma”, nos confiesa Herminia.
Detrás de ellas, miles de bellísimos ropajes. Por momentos, los usan para actuar sus emotivas escenas que, sin embargo, logran romper con facilidad y humor, sin darles un carácter cerrado y fijo a lo que actúan. Herminia corrige cosas de la actuación de José, José actúa de los profesores de su escuela y expresa así el dolor de sus malos docentes. En una de las cosas que nos cuenta José, nos habla de su primer contacto con la actuación, en su pueblo, y de que estuvo en secreto con el chico que trabajaba en el teatro.

Atravesada por el paso del tiempo y la vejez, Herminia recuerda una obra en la que actuaron de viejas y reflexiona: “actuar de viejas fue como un ensayo de lo que vino más tarde…”. Y eso es exactamente lo que vemos: una actuación que nos guiña el ojo, con las particularidades propias de dos vidas; una oda al teatro, una obra sobre el amor.
Con el humor como elemento central, la ruptura de expectativas le da a la obra un gran dinamismo, al tiempo que se permite ahondar en climas acompañados por músicas con pianos envolventes y el canto de las Adoro. Ellas buscan siempre actuar, es lo que más aman en la vida y, al final, todo el tiempo las vemos actuar: su actuación final es la obra que estamos viendo. “Actuar es nunca estar solos”, reflexiona Herminia antes de irse con José detrás del telón rojo, hacia ese lugar oscuro que no tiene nombre y no conocemos y, sin embargo, es el lugar hacia el que todos nos dirigimos.
Nunca me pasó de ir a una obra de teatro independiente y que, una hora antes de que empiece, la fila ya esté armada. Las Adoro es un éxito: agotada hasta diciembre, cada función termina con la sala llena aplaudiendo de pie. Una obra de la que solo tengo para decir: yo, a las Adoro, las adoro. Y las adoramos todos. Es imposible no amarlas.
Lunes 19hs y 21:30hs en El galpón de Guevara (Guevara 326)
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